En el muelle la gente lo ve pasar con cierta curiosidad, mientras en un negocio cercano suena la canción del Motagua de la Banda One en la que se menciona a Francisco Ramírez, Gustavo Fuentes, Amado Guevara y compañía.
Camina tranquilo y algunas personas que esperan lancha para cruzar a Coyolito, en especial señoras de 30-40 años, consultan quién es ése al que le están tomando fotografías.
Minutos después toma asiento en una de las bancas situadas a un costado de la oficina que sirve como aduana y comienza su relato sincero. José Francisco Ramírez desnuda el entorno que le ha cubierto en el último año alejado del fútbol.
Ahora luce un jean azul, unos tenis Nike Shox y una camisa Nike Total 90. Lleva el pelo corto, cero barba y unos ojos verdes que le adquieren un tono casi gris con el resplandor del sol a la sombra de un pasillo fresco.
Hay varios niños alrededor. Unos amigos que le vieron jugar por todos los estadios del país y un silencio en el que cualquier menor ruido se puede escuchar a lo lejos. Pancho Ra se queda pensativo unos segundos antes de escuchar la primera interrogante.
Pancho, tenés casi un año parado, ¿hay esperanzas de volver a jugar?
La verdad es que siempre he tenido la mentalidad positiva. No he podido jugar últimamente y no pierdo la esperanza de jugar otra vez, con la fe puesta en Dios y la confianza que tengo en mis condiciones. Estoy bien física y emocionalmente, máxime que puedo trabajar sólo para no perder mi forma.
¿Por qué creés que decayó tanto tu carrera en los últimos años?
Uno se pregunta eso y yo creo que además de los altos y bajos que tiene todo futbolista, a mí lo que me perjudicó fue mi fichaje para el Marathón. Creo que la presión de llegar como máximo goleador del torneo y que ese equipo contara con muchos elementos de alto nivel, no pude jugar todo lo que quería.
¿No fue que se te subió la fama a la cabeza?
No, yo siempre he sido de origen humilde. Mi familia es humilde y yo sé cuando uno se vuelve soberbio y arrogante, pero ése no fue mi caso. A mí lo que me hizo daño fue fichar para Marathón.
¿Sólo eso?
Sí, me marché de Platense por querer ganar un poquito más y lo que me gané fue un lugar en la banca. Ahora pienso que hubiera preferido ganar menos y jugar más.
La presión fue mucha. Cuando estuvo Juan de Dios Castillo empecé haciendo goles, pero apenas llegó este señor el uruguayo -Manuel Keosseián-, él traía su gente, algunos uruguayos y ya no pude tener la continuidad que deseaba.
¿No fue indisciplina?
No. No tengo problemas con el cigarrillo, ni con el alcohol ni tampoco con las drogas, creo que fueron los problemas normales, por ejemplo que suceden en los matrimonios, pero yo del pasado sólo me quedo con lo bueno y por ahora prefiero tener la mente puesta en el presente y lo que puede ser el futuro.
Ésta es una etapa complicada la que estoy pasando, pero tengo la confianza que puedo recuperar mi nivel de juego y que puedo jugar unos años más en la Liga, en el próximo año.
¿Se puede decir que no aprovechaste tu buen momento en la Liga?
Sí lo aproveché a medias. Cuando estuve en Motagua y Platense, creo que me fue bien y en el fútbol entregué lo mejor de mí. Al menos logré hacer dos casas, una para mi mamá y otra para mis hijas. No tengo nada que reprocharle al fútbol y espero sacar provecho algunos años más.
Tras media hora de entrevista, Pancho no se ha movido de la banca como si estuviera incómodo. Es más, se ha mostrado relajado, alegre y a veces se ha puesto nostálgico.
El único momento en el que casi se desmorona fue cuando tuvo que hablar de su poca habilidad para administrar mejor sus recursos. En ese momento los ojos se le nublaron y la voz se le entrecortó.
Antes de llegar a ese momento, se le preguntó sobre su quehacer en la Liga.
¿Cómo hacés para pasar el tiempo aquí en la isla?
Bueno, vivo de lo poquito que tengo y para no estar de balde todo el tiempo, a veces me pongo a trabajar en un mototaxi porque el trabajo no deshonra a nadie y sé de donde vengo. Por la tardes, juego en el campo con mis amigos.
¿Te arrepentís de algo que hiciste en tus mejores momentos?
Sí, dice mientras baja la mirada a veces uno no piensa bien y creo que debí haber puesto un negocio aquí en Amapala para velar por el bienestar de mis hijos y mi familia. Pero creo que estoy a tiempo de volver a jugar en Liga Nacional y si se da la oportunidad, ya sé lo que debo hacer.
¿Ves con nostalgia los partidos de la Liga y las selecciones?
Claro que sí. A veces digo que quisiera estar ahí para seguir anotando goles, pero esto es así y ahora estoy en la viva realidad.
Lo que sí puedo asegurar es que no pierdo la esperanza de volver a jugar en la Liga Nacional. Otra cosa que sí quiero decirle a los jugadores actuales es que aprovechen su momento para que no vivan situaciones complicadas por no saber manejar sus carreras.
¿Cómo viviste la clasificación al Mundial?
Fue una celebración enorme. Aquí pusieron pantalla gigante y la gente hizo un carnaval tras el gol…
¿Pensaste que podías estar ahí?
Sí, pensé que podía haber estado en ese equipo y cuando faltaban minutos para el final del partido, se me hizo un nudo en la garganta y se me salieron las lágrimas… Sólo pude celebrar hasta que miré a la gente gritando en las gradas del Cuscatlán. Fue lindo ver cómo la gente celebró y aquí en la isla eso fue una locura.
¿Fue injusta la vida contigo Pancho?
No creo. Uno sabe hasta dónde puede estar o llegar. Uno no es monedita de oro para caerle bien a todo mundo, pero lo más importante es que tengo a mi madre y a mi familia que han estado conmigo en las buenas y en las malas.
¿Pocos jugadores de Amapala han logrado progresar en el fútbol?
Sí, yo sólo recuerdo a Primi Maradiaga, Fabricio Pérez, quien estaba en el Motagua en el 96, cuando yo llegué y Alejandro Gutiérrez, que también estuvo en el equipo por unas temporadas.
¿Crees que tuviste tu oportunidad y la dejaste ir?
No la dejé ir, la aproveché a medias, pero son cosas que tal vez en el momento uno no las analiza bien. Yo lo que sí puedo decir es que por ahora no tengo más que palabras de agradecimiento por todos los momento lindos que he vivido.
¿En este año sin jugar qué es lo que más extrañas?
La afición, el momento de convivir con los amigos en las concentraciones y, por supuesto, ver a los compañeros jugar en todos los estadios del país.
A veces el domingo prefiero ir al campo para ver los nuevos valores que están saliendo en los nuevos equipos.
¿Te arruinó la fama en algún momento?
No, porque siempre he tenido una manera de pensar, soy Francisco Ramírez y sigo siendo Francisco Ramírez. Aquí me dicen Francisco, otros Pancho, otros Ra y siempre he tratado de ser campechano con todo el mundo porque no tengo por qué creerme más que nadie.
¿Qué arruina más a un futbolista, despilfarrar el dinero o la fama?
El dinero. A veces en la vida uno debe tener cierto cuidado para saber manejar el dinero. Hay jugadores que derrochan el dinero en mujeres, alcohol o en drogas…
¿Pasaste por eso?
No. Gracias a Dios no lo he hecho y espero no hacerlo. Tengo 33 años y si puedo jugar unos años espero seguir de la misma forma porque nunca necesité de eso.
¿Qué te provoca más nostalgia, ver los partidos por tv o ver tus fotos colgadas en la pared de la casa?
Las dos cosas. No hay nada más lindo que correr tras una pelota. Hay una canción que dice que sólo quedan fotos y recuerdos. Cuando miro las fotos con las copas, siento ánimos para seguir y aspirar a jugar otra vez en la Liga.
¿Si pudieras cambiar algo del pasado, qué sería?
Quedarme en Platense y no fichar para Marathón. Compraría algunas cosas importantes para el futuro. Ojalá que pueda cumplir con esos sueños que aún tengo en mente, en caso de que se abran puertas, caso contrario pues tengo que salir adelante y trabajar en las cosas que sé hacer.
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