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"Pancho Ra" se merece otra oportunidad

Guatemala puede ser una opción para un jugador que vive de los goles. Y mientras los recuerdos van y vienen, un regreso soñado se gesta...
Honduras, 04.11.09 - Actualizado: 05.11.09 12:36pm - Edwin Cerrato: edwin.cerrato@diez.hn

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A la sombra de una casa de bloques frente al hogar de Pancho Ra, Melvin, el hermano menor, evidencia la típica quietud del muchachito introvertido que habla sólo lo necesario, pero que entiende las cosas normales de la vida.

A pesar de sólo contar con 14 años, Melvin pronuncia una frase llena de pesar y repleta de nostalgia. “Pensé que iba a salir a jugar al extranjero y se iba a quedar por muchos años, pero no fue así”.

Melvin es un chiquillo callado, que se lleva como uña y carne con Pancho Ra desde que éste regresó a la isla y que hoy disfruta la compañía de su hermano en paro involuntario.

“Me hubiera gustado verlo jugar en la Selección que clasificó ahora al mundial, pero no se pudo y ahora hay que esperar a ver si vuelve a jugar”, explica en cuatro o cinco respuestas, al tratar de sacarle plática porque se nota que es un jovencito tímido.

En esas conversaciones de periodista y entrevistado, Pancho Ra no ha querido hablar mucho de su situación económica, aunque es más que evidente que si bien no es la mejor, tampoco tiene problemas para dedicarse a trabajar.

“Del pasado no quiero ni hablar, prefiero centrarme en el futuro porque lo que tenía que aprovechar de eso, ya lo hice y ahora prefiero pensar en el futuro”, indicó una y otra vez cuando el tema entró en las conversaciones rutinarias.

Caminando por la calle de La Marina, varias señoras saludan a Panchito, otros señores lo llaman Ra. Y en eso, una anciana postrada en una acera y sin piernas, le dice: “Ya días que no viene a saludarme”. Pancho Ra se acerca y comienza a hablar con ella bajo ese ambiente de camaradería que sólo permite la amistad de muchos años.

Sí SE DEJA ASESORAR
Frente a lo que fue la sede de un sindicato en los primeros años del siglo pasado, una casa antigua con colores vivos llama la atención por su estilo colonial.

Pancho conoce a los que habitan en todas las casas, una tras otra, las que ocupan casi una tercera parte de la cuadra que lleva al muelle y en sentido contrario a la casa del goleador.

Hay un señor bajito, trigueño y sin camisa en la casa de esquina y Pancho aprovecha para confirmar que fue su entrenador en las ligas menores. Se llama Alex Ledezma y es sastre de profesión y muy ameno para entrar en conversación.

“Yo lo vi jugando desde pequeño cuando andaba descalzo y puedo recordar que a esa edad se notaba que tenía condiciones para ser considerado un buen jugador. Era delgado, pero muy escurridizo”, dice don Alex, que en ese momento sostiene una cinta métrica en su cuello.

Prosigue: “No sé porqué se ha descuidado y no ha podido volver a jugar, pero creo que con un trabajo de unos meses puede volver a jugar en cualquier equipo porque condiciones tiene... y de sobra”.

Después lanza el consejo sabio para el que fuera su pupilo, “si él se deja asesorar por alguien que lo aprecie, creo que puede aprovechar los últimos años de carrera que le quedan”.

Pancho se ha quedado escuchando los criterios de su primer DT y por lo que se percibe, se nota a lo lejos que el ánimo y el optimismo crecen en su interior. Los ojos le brillan y sonríe entre estelas de rubor y alegría.

LA PESCA DE 12 HORAS
Más adelante, un señor trigueño, curtido por el paso del tiempo bajo el sol, confiesa que lo conoce muy bien porque fue su padrastro.

Se llama José Geovanny Banegas y con cierto orgullo recuerda: “Lo crié desde que tenía 6 años y recuerdo que sólo le gustaba jugar descalzo. Cuando fue creciendo trabajó conmigo a la par y era muy bueno en la pesca”.

“Era ese tipo de pesca de 12 horas, con cordel y no con red como lo hacen ahora. Cuando nos iba bien, nos ganábamos hasta 150 lempiras diarios cada uno”, dijo antes de expresar su más ferviente deseo de los últimos meses: “Espero que vuelva a jugar porque se lo merece. No tiene vicios y eso se debe valorar”.

Minutos después, Pancho y José rememoraban las uñas que había dejado Panchito en la escuela y la compra del primer par de tacos.

“Eran unos Caprissa, pero recuerdo que cuando íbamos perdiendo mejor me los quitaba porque no me sentía cómodo”, dijo el delantero amapalino con una sonrisa de oreja a oreja junto al que en un tiempo fuera su padrastro.

A medida caminábamos por esas solitarias calles de Amapala, el Pancho Ra saludaba a uno y otro lado, a todos los que siguieron su carrera, desde el día aquel en el que tuvo que partir en busca de un futuro de éxitos, equipos, dinero y selecciones.

PUEDE VOLVER
Algo que sí se puede confirmar es que Chico, Pancho o Ra, como le conocen en la isla, es una celebridad y la gente lo respeta y lo quiere. De camino al muelle, en una casa de madera, un padre y su hijo aguardan el paso del tiempo para cumplir con algunos menesteres.

Fausto Tróchez, padre, es condescendiente con Ra, como le dice y cree que “lo que le ha sucedido es algo normal en los futbolistas, a veces tienen altos y bajos.

Lo vi crecer como persona y como futbolista y puedo asegurar que no tiene vicios, entonces lo de él es algo que le puede suceder a cualquiera y esperamos que pueda tener otra oportunidad en la Liga, porque se la merece”.

Luego afirmó: “él sabe que yo siempre he sido Olimpia, pero cuando él ha jugado en otros equipos, lo he apoyado porque sabemos que se lo merece y porque es un orgullo para Amapala y para Honduras”.

El hijo de don Fausto y del mismo nombre es de pocas palabras, pero no ha dejado de reconocer que “es un gran jugador y nos quedamos sorprendidos al verlo trabajando aquí, pero la verdad es que esperamos que para el siguiente torneo tenga otra oportunidad de jugar”.

GRAN JUGADOR
A un lado del muelle, Aníbal Silva trabaja en una de las pangas que transporta personas de la isla a Coyolito y viceversa. Aníbal recordó los días en que compartían objetivo de equipo en El Tigre. “Para nosotros siempre ha sido un buen ejemplo.

Cuando jugábamos, siempre le admirábamos sus condiciones y con el paso del tiempo, su decisión de jugar y llegar a esos equipos grandes de la Liga”.

Mientras acomoda el sombrero que utiliza para protegerse del sol, Aníbal no deja de expresar uno de sus mayores anhelos en beneficio del que fue su compañero de equipo: “Espero que vuelva a jugar en la Liga porque es un gran elemento. Se merece un cierre digno de su carrera por ser un jugador sano y sin vicios. Ojalá que le puedan dar otra oportunidad”.

En ese momento, recuerdo las palabras de Melvin su hermano menor y que preferí dejar para el final de esta serie. “Yo lo que creo es que él no aprovechó su mejor momento”, dijo en cierto momento y después cerró, “pero quiero verlo jugando en la Liga otra vez”.

Y mientras el Pancho camina de espaldas a la aduana y con paso lento, me atrevo a asegurar que en la mente planifica fechas de trabajo en solitario en la isla, luego algún permiso que puede solicitar a un equipo para entrenar…

Y la última posibilidad que surgió desde Guatemala, justo después de que conocieran por medio de Diez, la situación de un goleador en paro, con hartas ganas de volver y revivir su oficio de romperredes.

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Todos los amapalinos esperan que Pancho Ra retome un lugar en la Liga. Mujeres, hombres y niños lo respetan.
Todos los amapalinos esperan que Pancho Ra retome un lugar en la Liga. Mujeres, hombres y niños lo respetan.

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