Manchini no quiso aprovchar la motivación con la que llegaba David Suazo después de haber anotado un gol con la Selección Nacional, el técnico italiano se lanzó con Ibra y Crespo en la delantera nerazzurri.
Fue una inmejorable oportunidad para despegarse de la Roma, equipo que empató en Cagliari, pero el Inter se dió el lujo de desaprovecharla y también sacó un punto en el estadio Olímpico, las cosas continuan como si nada hubiese pasado, los mismos cuatro puntos son los que separan a los dos punteros del calcio italiano.
Inter gustó en los primeros veinte minutos, cuando pareció haber recuperado una condición física aceptable y, sin bien operando de contraataque ante una Lazio que hacía el gasto del match, se volvía peligroso a partir de las incursiones de Maicón por el carril derecho.
En efecto, por ese costado llegó el gol de la abertura: Maicón cerró muy bien la pared con Stankovic y se fue hasta el fondo, para meter el centro rasante que Crespo, en anticipo por el primer palo, mandó a guardar con un toque elemental para un goleador de su nivel.
Aún luego de la ventaja, Inter siguió jugando bastante bien, de la mano del buen trabajo de Maniche y Zanetti en la mitad de la cancha. Sin embargo, con el pasar de los minutos Lazio fue cresciendo, ayudada también por los errores de los visitantes, que comenzaron a perder muchos balones y se dejaron acorralar por el local.
Clamoroso, por ejemplo, fue un yerro de Ibrahimovic en la boca de su propia área: el sueco erró el control y le regaló el balón a Dabo, pero por su suerte Julio César contuvo muy bien el remate del francés. De cualquier manera, tampo Lazio era muy eficiente en los últimos 20 metros y su dominio territorial no se tradujo en ocasiones claras de gol sino en una cantidad de tiros de esquina a favor.
Pero en la segunda etapa la presión local aumentó cada vez más, hasta llegar al empate: Ledesma, por nosotros la figura de la cancha, metió el pelotazo exacto para Rocchi, quien picó en el borde del off side, justo en línea con dos defensores, y definió el mano a mano con un derechazo cruzado sobre la salida de Julio César.
Ahí Inter se derrumbó totalmente, a pesar de los cambios de Mancini, que con los ingresos de Jiménez (por Maniche a los 66) , Suazo (por Ibra a los 69) y Vieirá (por Chivu a los 73) trató de mantener el barco a flote.
Pero no había caso: Behrami saltaba jugadores por izquierda como muñecos, mientras que Ledesma y Dabo dominaban en el medio, ganando todos los duelos. Julio César hizo el milagro cuando envió a chocar contra el travesaño un bombazo de Behrami y otra vez fue salvado por el horizontal, cuando un potente remate de Dabo ya lo había superado.
Ese segundo travesaño pareció apagar los ardores de los locales y, en los últimos minutos, ya no pasó más nada, porque obviamente también Inter se conformaba con el empate: no tenía más combustible en las piernas para buscar el triunfo y una actitud menos prudente hasta pudo haber llevado a la derrota.
El hondureño no pudo hacer nada en los 21 minutos que estuvo en el campo, sólo tuvo una oportunidad clara, pero estaba en posición adelantada
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