Cristian Cálix: "Lo primero que quiero darles a mis padres es una casa"

Cristian Cálix le abrió su corazón a Diez y hasta lloró cuando recordó el primer gol que hizo, por algo muy especial. Sus papás son su mayor inspiración.

Jenny Fernández

Cristian Cálix es originario de Olancho, a los 13 años llegó a las inferiores de Marathón donde se ha formado; hace poco más un año debutó en Primera División, fue campeón y en su primer proceso de Selección se ha colgado la medalla de bronce en los Juegos Centroamericano y del Caribe.

Dejó su natal pueblo Esquilinchuche en busca de una oportunidad. “Un amigo de la familia, Jonathan Rodríguez, fue a Olancho y me vio jugar, él es Marathón a morir y dijo que iba a traerme al equipo a realizar unas pruebas y las pasé”, recuerda esta promesa del cuadro verde, quien antes pasó un año y medio en las inferiores del equipo en la U16.

Cristian coincidió en la época donde estuvieron en su última etapa jugadores como Emil Martínez, Mario Berríos y Mauricio Sabillón. “Fue un privilegio compartir con ellos, traté de aprender y siempre les envidié las cosas buenas que habían logrado, siempre me fijaba en lo que ellos hacían dentro y fuera de la cancha”.

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De a poco Cálix ha ido ganando terreno con los verdes, tiene un campeonato con de Reservas y un título de campeón de Liga, “tengo un gran sentimiento con el equipo porque fue el que me abrió las puertas, me siento cómodo acá y mi familia también está agradecida. Creo que mi papá es Marathón ahora (risas), cuando está en las gradas es full Marathón, estoy agradecido con la afición por el apoyo y respaldo que me han dado también”.

SU FAMILIA

Cristian es ahora un joven de 18 años que recuerda cada momento los valores que le enseñaron en su casa; a ser honesto, humilde y sincero. Doña Alma, su madre, es ama de casa y don Cristobal, su padre, es agricultor de granos básicos, tiene cinco hermanos quienes le ayudan en la siembra de frijoles, maíz y café. “Cuando estaba más pequeño le ayudaba a mi papá, cortaba café, sembraba maíz y frijoles, aunque no me gustaba, pero tenía que hacerlo, estoy agradecido con mis papás, por todo lo que me han enseñado y el apoyo que me han dado”.



Cuando tiene la oportunidad de ir de vacaciones a su pueblo no se quiere venir porque extraña a sus padres, aunque ellos viene seguido a verlo y a estar con él.

Es callado, alegre, sincero y sobre todo muy agradecido y más con su familia, “cada vez que consigo algo, en cuanto a premios o algo así les llamo y les digo; mamá, mando esta parte para usted y está otra para mi papá”.

Cristian anhela algún día tener la oportunidad de salir al extranjero y que le vaya bien para poder ayudarles aún más. “Sueño en darles lo mejor, pero lo primero que les daré será una casa porque como decimos; una vez teniendo su casita, nadie los va a poder sacar de ahí”.



“Estoy 100 por ciento seguro que ellos se sienten orgullosos de mí, ahora que estaba en Barranquilla hablábamos antes de los partidos y en ellos me inspiraba. Mi mamá siempre me dice que trate de ser el mejor, que sea diferente, no solo como futbolista, sino como persona también”.

SU EXPERIENCIA EN EL ESPANYOL

A comienzo de este año y después de disputar su primer campeonato en primera división, tuvo su primera experiencia en el exterior, fue a hacer una prueba con el Espanyol de Barcelona. “Recuerdo que fue mi papá quien me di la noticia de que me habían conseguido una prueba en Europa, lastimosamente llegué 10 días después de la fecha que tenía que presentarme al equipo, solo pude hacer un entrenamiento para que vieran los técnicos y el mercado de piernas se cerró y no pude quedarme”.



Su representante le dijo que el equipo había quedado contento con él y que debía ganar un poco de masa muscular para regresar a realizar otra prueba. “Yo he escuchado que la gente dice que soy muy flaco, que no tengo cuerpo para triunfar, pero no es cierto, yo he demostrado que cuando uno tiene talento puede triunfar, pero también soy consciente que debo ganar un poco de masa muscular”.

LA SUB 21

Esta semana la Selección Sub 21 de Honduras se colgó la medalla de bronce en los Juegos Centroamericanos y del Caribe después de 32 años de sequía, fue el primer proceso de Cristian vistiendo la camiseta de la Selección y aunque no comenzó de titular en los primeros partidos, de a poco fue ganándose la confianza de Carlos Tábora y terminó convirtiéndose en pieza clave anotando uno de los tres goles en el partido contra Haití.

“Formar parte de la Selección es una de las cosas más lindas que le pueden suceder a un futbolista, vestir los colores de su país y tener la oportunidad de cantar el Himno en el estadio es algo que hace que se le engrife la piel a uno. Recuerdo que cuando comenzaba el Himno, trataba de cerrar los ojos para vivir ese momento y cantarlo con el alma”.

Ahora Cristian espera seguir trabajando fuerte en Marathón, consolidarse y así ganarse un llamado a un nuevo proceso de Selección, tiene 18 años de edad y puede ser parte del proceso mundialista de la Selección Sub 20 y Olímpica.



MARATHÓN Y VARGAS

Aunque Cristian debutó en el último torneo que dirigió Manuel Keosseián, ha sido con Héctor Vargas que ha tenido la oportunidad de jugar y donde más ha sobresalido. “Estoy muy agradecido con el profesor Vargas porque me ha dado la oportunidad en el equipo, él vio las ganas que yo tenía, siempre trabajaba al tope y poco a poco me fue tomando en cuenta”.

Una de las apuesta de Marathón con la llegada del argentino era darle mayor participación a los jóvenes que tenía, aunque a Cristian no se le olvida esta anécdota con Vargas. “Una vez que fuimos a jugar a Tela y me sacó a los 10 minutos de haber iniciado el partido, me molesté un poco, pero al día siguiente volví a trabajar al tope”.

SU PRIMER GOL EN LA LIGA

El jovencito se quebró en llanto cuando recordó su primer gol, fue un momento especial para él y su familia. “Tuve la fortuna de que cuando hice mi primer gol mis papás estaban en las gradas del estadio, recuerdo que cuando terminó el partido ellos bajaron para saludarme, cuando los vi estaban llorando de la emoción, recordé en ese momento las palabras que me dijo mi padre un día; que no quería morirse sin antes verme jugar”, cuenta mientras se le ruedan las lágrimas, unas lágrimas que lo llenan de orgullo a él y a su familia.

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