El Motagua cumple sueño a los hermanitos Villalta

Kevin y Edwin soñaban con conocer al plantel de Motagua; el primero, que es el mayor, lloró al tener de frente al goleador Rubilio Castillo.

Julio Cruz

Detrás de una cancha de fútbol hay muchas historias que uno no las sabe. En cada punto del país hay niños que sueñan con conocer a sus ídolos o llegar a jugar fútbol de manera profesional. Cerca de Tegucigalpa, en Santa Lucía, conocimos a los hermanos Kevin y Edwin Villalta, de 12 y 9 años.

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Estos menores de escasos recursos viven solo con su madre Ingrid. Su progenitora tiene problemas de visión, mientras que Kevin, el mayor, tiene un impedimento de dicción y le cuesta hablar. Arribamos a su casa, un hogar de madera y láminas donde debemos mencionar que el terreno no es de ellos, pues es prestado y un señor los ha dejado vivir allí desde hace cinco años. La pobreza es notoria y les toca dormir a los tres en una sola cama aunque no es problema porque lo hacen con la mujer que aman.

Ambos son muy inteligentes y por obra de Dios estudian. Uno de sus tantos sueños en la vida es conocer al plantel de Motagua y ayer Diez los llevó al estadio Nacional para que pudieran cumplirlo y la emoción de ellos fue mucha. Al momento de su ingreso al Nacional se podía ver la alegría en sus rostros, muy ansiosos esperaron a cada futbolista y al técnico argentino Diego Vázquez: al llegar, hubo éxtasis y hasta lágrimas.

Kevin, el mayor de los dos, abrazó a Rubilio Castillo, su ídolo, y brotó lágrimas por tanta emoción. El ariete trató de calmarlo y de darle palabras que nunca olvidará. “Es bonito que estos niños lo tengan de ídolo a uno y que gracias a Dios podamos conocerlos, ellos tienen esa dicha porque yo de pequeño no pude conocer a los que eran mis ídolos; sé que grandes cosas vienen para estos niños y que Dios trae un propósito, esto nos motiva a luchar por el equipo y estos niños”, dijo Rubilio. Por su parte Kevin, con todo y su problema al momento de hablar, esbozó: “Muchas gracias a Rubilio, me siento muy feliz”.

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Alguien que los apoya y mucho es Eduardo Solano, un catracho que trabaja como periodista en Estados Unidos y que siempre que viene a Honduras les aporta un granito de arena con comida o ropa. El “Guayo”, como muchos lo conocen, espera que algún día las autoridades ayuden a esta familia: “A mí me gustaría mandarles un mensaje a las autoridades y que hagan un esfuerzo para cambiarle la vida a estas personas, las condiciones que tienen ellos no la merecen”.

Y es que como Edwin y Kevin hay muchos casos, la intención es que esta alegría no solo quede en conocer a los jugadores de Motagua; el mayor objetivo es que en un futuro no muy lejano tengan una casa y mejores condiciones de vida por medio del fútbol o de algo que llene de alegría a estos niños de corazón azul.

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