Nos matan el fútbol de Honduras: “Papi, tengo miedo”; “Papi, me quiero ir, por favor”

La violencia en los estadios ha enlutado a Honduras por la muerte de muchas personas en los enfrentamientos de las barras.

Nahún Aguilar

“Papi, por qué esos aficionados están peleando si esto solo es un partido de fútbol”. Era su primera vez en el estadio Olímpico, era su primera vez en un clásico, muy emocionado me había pedido que lo llevara. Sin embargo, el juego ni siquiera había comenzando cuando mi hijo de 8 años me suplicó; “papi, tengo miedo, mejor vámonos”.

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Partido Marathón vs Olimpia, temperatura de unos 36 grados, faltaban unos 15 minutos para el inicio del clásico y las barras de ambos equipos ya habían comenzando a lanzarse de todo en las gradas y en las propias narices de la policía. En las afueras ya se escuchaba también enfrentamientos con los agentes y yo ya presentía que venían los gases lacrimógenos.

Nos arriesgamos, nos quedamos viendo el juego desde una esquina, con temor, con zozobra y rogando que no pasara nada. Nos salimos 10 minutos antes que terminara el encuentro, pusimos la radio en el carro y los periodistas comenzaban a reportar los disturbios, gente corriendo, niños llorando, padres buscando proteger a su familia, jugadores lamentando ese comportamiento mientras eran entrevistados. Gracias a Dios esa vez no hubo muertos…

Dos jornadas después se vino lo peor, clásico Olimpia vs Motagua, una hora antes de uno de los partidos más esperados, la fiesta del fútbol se convirtió en luto, en llanto, en impotencia, en rabia. Los delincuentes vestidos de fanáticos atacaron el bus de Motagua cuando iba rumbo al estadio, hirieron jugadores, mataron cuatro personas y mancharon de sangre otra vez el nombre de Honduras por todo el mundo.

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Este padre de familia protege a su hijo de los gases lacrimógenos lanzados por la Policía para esparcir a los miembros de las barras.



Y mientras afuera sonaban los disparos, se escuchaban las sirenas de policías y ambulancias, en la cancha del Nacional un niño se tapaba el rostro con su chumpa, llorando inconsolablemente en brazos de su padre, pidiéndole: “Papi me quiero ir, por favor”, una escena imposible de olvidar, un momento que debería tocarles aunque sea un poco el corazón a estos inadaptados que cada vez más nos alejan de los estadios.

Pero no todo esto se puede quedar en lamentos o en la misma verborrea de siempre, con políticos aprovechados, con directivos que solo les importa que no les castiguen el estadio o que los vayan a multar y con periodistas fanáticos, que basan sus opiniones en el color de la camiseta que llevan puestas o los intereses que los obligan a no decir las cosas como son.

Las barras se deben de terminar, le hacen más mal que bien a nuestro fútbol desde hace mucho, no hay nada más que esperar, no hay porqué esperar más muertes, esto necesita de decisiones radicales y no actuar con paños tibios. La Policía debe meter preso a cada vándalo que llegue a provocar disturbios a los estadios y aplicarle todo el peso de la ley.

NO MÁS CONTEMPLACIONES CONTRA LOS ASESINOS DEL FÚTBOL.

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