Blog de Gaspar Vallecillo en memoria de Diego Maradona: el significado de un ídolo que cambió el fútbol

El entrenador hondureño Gaspar Vallecillo escribió sobre los valores que significó Diego Maradona en vida.

Diego Maradona levantando la Copa del Mundo en México 86´.
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Redacción

La pelota es transmisora de fe, se lo dije a un amigo, la misma mañana antes que muriera el campeón del mundo en el 86. Escribo unas palabras a quien amó este juego hasta la saciedad y lo defendió de sus propios males.

Diego era un elegido, una especie de semidiós, que se paseaba por las canchas y hacía vibrar a las hinchadas. El fútbol fue su hogar, donde más feliz fue, donde se le respetó por su talento y calidad; indiscutiblemente llevó la diez para siempre.

Se fue Diego, ya no hay más mañanas, el fútbol está de luto, el más grande futbolista en jugar a la pelota nos dejó, los homenajes los recibió siempre y tenía el mundo a sus pies. La presión de ser el mejor del mundo, de ganar una guerra por su país, de tener que representarlo todo, Diego fue pueblo, fue más futbolista que persona, más dios, que mortal, más talento que gracia y más rebeldía que cualquier otra cosa.

El más grande, el más futbolero, un jugador que nació en una cancha, el sol luego de tanta tormenta, la pintura más religiosa y el acto de fe más futbolístico. Nunca buscó ser ejemplo de nada, según cuentan, muy amigo de sus amigos, muy hincha de sus convicciones, políticamente incorrecto para algunos, el Diego trascendió al futbolista y se convirtió en un movimiento social en muchos lugares que llegó a conquistar.

Lugares como Napoli. No hay Napoli sin Diego, pero si había Diego sin Napoli. Lo que representó para el sur de Italia no se puede medir en campeonatos de la Serie A, ni en copas internacionales, les dio valor y orgullo de saberse importantes en la sociedad italiana. Pero ya no hay más mañanas, Diego; solo habrá noches eternas donde te recuerden y busquemos estrellas para encontrarte.

La pelota, tu amiga preferida, fue la que más te entendió, la que más te quiso, la que te supo acompañar y te sostuvo. La pelota no se mancha, no, defendiste a muerte la pelota, a pesar de tus errores, que no estamos acá para ser jueces de nada, que nos hemos equivocado también.

A las nuevas generaciones nos quedarán las ganas de saber que se sentía verte jugar en vivo, de emocionarnos con tu gambeta y de la adrenalina de disfrutar de tu juego. Desde hace un tiempo atrás solo escribo, Diego, porque las mañanas ya no las hay…