El blog de Georgina Hernández: La violencia en los estadios de Honduras ¡Es tu culpa!

¡Es tu culpa gritan todos por ahí, señalándose uno al otro!

GEORGINA HERNÁNDEZ

¡Es tu culpa, directivo insensato! Dijo otro directivo: ¿Qué tengo que ver yo, con tus tuits burlones, sarcásticos e incendiarios en el peor momento del conflicto? acaso no estas consciente de tu promoción de la cultura de odio al rival. Yo me abstengo de declaraciones polémicas y no apaño declaraciones similares de mis jugadores y cuerpo técnico.

¡Es tu culpa, árbitro tarifado! Dijo el equipo: Porque tu pésimo trabajo nos afecta, y nada más puede existir detrás de tus tarjetas amarillas y rojas o señalamientos penales, que la desidia por mi escudo. No, no, es que es imposible que sea la razón, o la justicia, ya que siempre que sea en contra de mi equipo, es inaceptable tu participación. Yo nunca me equivoco. ¿Cómo podés ser tan errado?

¡Es tu culpa, policía incapaz! Dijo el organizador del evento: Y es que la única táctica que les enseñaron para apaciguar es la represión y el gas como confite en piñata. Qué tengo que ver yo con la incapacidad del cuerpo de seguridad para estudiar el problema de antaño y formular mejor la prevención. Yo solo me conformo con la estrategia planteada y comunico que todo estará bien según lo que ustedes me dicen.

¡Es tu culpa, gobierno cómplice! Dijo el pueblo: Porque no nos provees de mejor capacidad instalada para desarrollar bien el fútbol, porque no nos asignas presupuesto para invertir en un proceso de formación profesional verdadera para los jugadores y cuerpo técnico. ¿Qué tengo que ver yo, si quién sabe ¿cómo llegaron ustedes a mandar?

¡Es tu culpa, federativo inútil! Ciego, sordo, mudo. Nuestro fútbol tiene cáncer, y en tus narices lo tratan con aspirinas. Yo tengo que preocuparme por mí equipo, cada quién con sus problemas. La iniciativa solo puede ser de ustedes, para eso están.

¡Es tu culpa Héctor Vargas! Dijo la prensa: Quién controla tu lengua punzante e irreverente. Acaso soy yo el que le mando a decir tanta barbaridad. Qué no te das cuenta que tu saña aviva el fuego de la confrontación y nos empuja al vaivén de insultos. Yo solo hago mi trabajo.

¡Es tu culpa Martín García! Dijo un contrario: Porque salvándote de la etiqueta de hipócrita, manifestás el desprecio y el ego que te inhabilitan para hacer las paces con tu espejo, pero esa es tu razón insolente. Yo qué tengo que ver, si mi iniciativa romántica por la paz, es todo lo que necesitábamos.

¡Es tu culpa, jugador irracional! Dijo un estratega. Cada patada y juego carente de técnica es desatinado. Qué tengo que ver yo, con que caliente por el roce del encuentro el jugador cometa faltas sancionables que pongan en desventaja al equipo. No sabes que esto nos afecta, no solo te sacan del juego, las gradas siguen tu ejemplo de impotencia vestida de violencia. ¿Qué tengo que ver yo?

¡Es tu culpa hijo! dijo un padre: Qué te he dicho de llevarte con ese grupito de cipotes, la calle nada bueno te deja. Y es que yo, ¿te he dado ese ejemplo? Andas en la calle porque querés, no me vengas con problemas, que no te voy a ir a sacar de ningún lado.

¡Es tu culpa, barra organizada! Dijo la policía: Procuramos que no ingresen artefactos al estadio, pero se las ingenian para usar cualquier cosa de proyectil. Qué tengo que ver yo con que el inmueble esté tan viejo, que las graderías de concreto son casi desmontables, de que los portones son tan seguros como los de un chiquero.

¡Es tu culpa, periodista amarillista! Dijo el polémico: Mis palabras siempre son calmas, qué tengo que ver yo con que saquen de contexto que le dije gordo, sin huevos, maletas, inservibles, hipócritas, con que le recordé a su mamá, o que le dije que sé dónde vive. Son ustedes los que aturden a las audiencias. Yo no genero dramas gustosos.

¡Es tu culpa por fanático! Dijo un colega a otro: Porque se te nota la afición, yo puedo decir que soy objetivo, porque esta vez mi equipo no está en el ojo del huracán, pero tus emociones te ganan. A mí no me sucede eso nunca.

¡Es tu culpa, redes sociales! Dijo un usuario a otro: Por permisivas, todo lo que multiplicás en tus redes agreden la dignidad de otros. Yo nunca subestime a nadie a través de mis cuentas, mucho menos por no estar de acuerdo le ofendí.

¡Es tu culpa, mujer ignorante! qué sabes vos del conflicto, que te atreves a opinar de nosotros, si vos vivís en Marte, jamás has sentido el gas, el miedo de que te aterrice en la cabeza una piedra, la sensación de que en cualquier momento, lo peor puede pasar. Escribir desde la comodidad de tu casa es bien fácil. Nosotros nunca nos limitamos solamente a hablar, además lo sabemos todo.

Tan fácil como cuando éramos niños, eximirnos de culpa, señalando incisivamente a otro.

¡Reflexionemos!
“Dejar de culpar a la gota que derramó el vaso y hacernos responsables de la comodidad con la que nos sentamos a esperar que rebalsara” Es el primer paso, para frenar este cáncer.

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