Futbolista de día y taxista por la noche para ganarse la vida

Albert Padilla tiene un recorrido importante en el fútbol de Honduras. Su vida ha sido muy dura y recién su madre falleció.

Victor Bustillo

Apenas a los siete años de edad comenzó a entrenar. En primera división lució la camisa del Olimpia, Deportes Savio, Necaxa y Juticalpa. En la Liga de Ascenso tuvo un paso por equipos como el Pumas de San Isidro, Gimnástico y ahora lo hace para el Génesis Huracán.

Su nombre es Albert Padilla, tiene 32 años y su amor por la pelota no tiene comparación. El fútbol es un medio importante para él, pues de ahí saca el dinero necesario para mantenerse y para ayudar a su familia. Claro, un sueldo en un club de segunda división no es el mejor y es por ello que buscó otros ingresos.

El jugador hondureño decidió utilizar su carro y unirse a una empresa de un amigo llamado Hondutaxi. De ahí genera un poco más de "plata" para llevar comida a su casa, donde lo esperan sus hermosos cuatro hijos.

En fotos: Así es la dura vida de Albert, futbolista y taxista que luchó por la vida de su madre

"Yo tuve una lesión, me reventé el menisco de la rodilla derecha, son lesiones complicadas, muy fuertes, yo sólo tenía ya seis meses con Juticalpa (primera división), terminé mi contrato con ellos, gracias a Dios quedé bien, me recuperé con el Doctor Mario Zelaya, él me brindó la mano en todos los aspectos, estoy muy agradecido. Y en eso mi mamá se puso mal de salud, se vino abajo, fue muy rápido. En lo que a mí me operan de la rodilla, a la semana a ella le amputan su pierna izquierda, entonces ya se miraba que estaba bien complicada, estaba decayendo", inicia su relato mientras conduce su humilde auto 2003, en el cual trabaja hasta en horas de la madrugada.

En la familia de Padilla son tres hermanos, el mayor tiene su vida hecha en La Ceiba y el menor es "especial", pues él tiene autismo. Teniendo en cuenta la enfermedad de su mamá tuvo que buscar otras salidas para lograr ayudarla.

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"Mi papa se quedó sin empleo y yo miré que la cosa no marchaba muy bien, entonces tomé la decisión de buscar algo más estable, sentí feo porque es una vida entera jugando al fútbol, entrenando a diario, haciendo lo que más me gustaba, pero también pesaba más mi mamá. 'Ella me decía ve a jugar', gracias a Dios siempre tuve ofertas de segunda división y hasta de clubes de primera", agrega.

"Gracias siempre al fútbol, me encontré con unos amigos que tienen una empresa donde yo trabajo que se llama Hondutaxi y ellos me abrieron las puertas. Ellos me dijeron que si quería trabajar lo hiciera en mi carro, pero me costó bastante, no estaba acostumbrado a andar manejando demasiado, todo el día".

Las horas de trabajo son muy largas para Albert Padilla, que tiene dos turnos a lo largo de la semana. A veces, le tocaba llegar a sus entrenamientos con el Génesis Huracán de la Liga de Ascenso al salir de sus obligaciones como taxista.

"Yo entro a trabajar a las 6:00 de la mañana y estoy hasta las 9:00 de la noche. Hay días que te toca turno de noche que comienza de 9:00 PM a 6:00 de la mañana del siguiente día", confiesa.

"Ahorita entrenaba de 6:00 a 8:00 de la mañana, a las 5:30 AM ya dejaba el turno y me quedaba entrenando ahí mismo", así de dura es la vida de este jugador catracho.

Tarifa normal, lo que cobra un carro con número, es lo que pide en cada una de sus carrera. Nos referimos a 90, 100, 120 o 150 Lempiras, todo depende del destino al que se dirige el cliente.

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"En Segunda división ya no se gana como se hace en primera, el equipo Génesis es de un buen amigo, gracias a Dios tengo la oportunidad de seguir jugando y tener mi trabajo", subrayó.

"Aquí hay días buenos y hay días malos, gracias a Dios el carro es propio, no se da un tarifa como lo dan otros compañeros y mi meta es irme a la casa cuando al menos hago aparte para la gasolina del siguiente día. Gracias a Dios tengo la otra entrada que es del equipo y siempre trato de rebuscarme a parte en otro tipo de cosas", destaca el jugador de la segunda división del país.

Cuando dice esto, se refiere a la famosa venta de carne asada, motivo por el cual se hizo muy conocido.

"Tengo libre un sábado de por medio, ese día yo aprovecho para seguir vendiendo mis carnes y mis chuletas, siempre me va bien. No puedo renegar. La carne la doy a 70 Lempiras y la chuleta a 80. Siempre la vendo toda", apuntó.

DOÑA ENMA...

Hace unas semanas recibió uno de los golpes más duros en sus 32 años de vida. Se trata de Doña Enma Cruz López, que en paz descansa.

"Mi mamá fue diagnosticada con diabetes hace aproximadamente 18 años, según el médico se le desarrolló en el embarazo de mi hermano menor y estuvimos con ella, lastimosamente esa enfermedad llega a un punto que te afecta todo tu organismo, a ella le empezó a afectar todo su cuerpo, su corazón, su vista", contó desde el cementerio donde fue a enterrar a su madre.

"Mi mamá perdió la visión de sus dos ojos, perdió una pierna, un mes y medio antes de fallecer perdió su otra pierna, pero ella nunca perdió sus ganas de vivir, siempre fue una mujer luchadora, ella se seguía aferrando a la vida, a Dios pese a todo. Fue un proceso bien difícil", dijo.

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Con 56 años de edad, la madre de Alberth Padilla perdió la batalla. "A veces siento que decaigo, se me viene un nudo en la garganta, vienen muchos recuerdos bonitos de ella, pero la voluntad de Dios siempre es perfecta".

Albert Padilla recuerda muy bien su última plática con su mamá. "Lo último que me dijo era que tenía frío. Recuerdo que yo jugaba un domingo en Choluteca (con el Génesis), me dijo que le trajera quesadillas, le di un beso en la frente y le dije que la amaba mucho, siempre lo hacía. Llegando a Choluteca y media hora antes del partido, me llaman y me dicen que ya había fallecido".

Ese fin de semana fue el peor de su vida. Perdió a su madre, esa mujer que siempre quiso verlo como futbolista sin importar el club o categoría.

Albert relató ese día de la muerte de doña Enma: "Recuerdo que cuando vi la llamada de mi esposa yo me salí del camerino, fui al campo y la escuché llorar y ahí ya dije 'se me fue mi mami'. Me fui a la parte de atrás del camerino y si lloré, fue un momento duro, no quería que nadie me viera, que nadie se diera cuenta en ese momento, pero en eso pasó Kevin Maradiaga y sólo me abrazó. Solo le dije que no se lo contara a nadie".

Al enterarse de la muerte de su mamá, Padilla no se regresó a Tegucigalpa, sino que se quedó. "Si jugué ese partido. ¿Por qué? Pues a la persona que más le encantaba que yo jugara era a mi mamá, ella fue la que anduvo siempre conmigo en los campos desde niño y yo sé que ella iba a estar feliz sabiendo que yo estaba haciendo lo que más me gustaba. Recuerdo que metí dos goles ese día, se me vinieron las lágrimas y nadie sabía. Al final del partido ya les dije. Estuve con mi mamá todo el tiempo, lastimosamente no estuve el día que ella falleció".

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