Cristopher Meléndez: “El plan era que yo emigrara a Estados Unidos con mi padre”  

El central le reveló a DIEZ que estuvo a punto de marcharse del país y abandonar su sueños de ser futbolista. Además el tiempo que sufrió en sus primeros días en Tegucigalpa.

Por Edgar Witty

De ser un completo desconocido, a brillar con su luz propia. El joven defensor de Motagua, Cristopher Meléndez pasó del anonimato a la gloria en la última batalla de la Liga Nacional convirtiéndose en protagonista en la semifinal y final del Torneo Clausura 2019.

Su oportunidad llegó en un momento especial. A lo largo del campeonato no había tenido participación, pero una lesión de Marcelo Santos le abrió camino para mostrarse en consagrarse en solamente tres encuentros.

Pero cómo se traduce el caminar de un joven que comenzó a forjarse en canchas de tierra, una familia sin vida de lujo y un puñado de sueño entre miles de futbolistas que mantuvo vivas sus esperanzas de algún día cumplir sus objetivos de pisar la Primera División y coronarse campeón con tan solo 21 años. La cuarta en su palmarés (primera disputada).

La historia del hondureño, comenzó con pequeños cimientos en la comunidad garífuna de Corozal, en donde hizo sus pininos bajo el mando de su abuelo y entrenador Santos Quioto, hasta pasar por Las Mercedes antes de dar un salto a las águilas en Tegucigalpa.

Ver: Yustin Arboleda con un pie fuera de Marathón, según Luis Guifarro

Después de tres años en las reservas finalmente vio luz y por primera vez fue incluido para una instancia importante del torneo que le valió para conquistar el bicampeonato.

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Meléndez posa para el lente de DIEZ en la cancha donde hizo sus primeros pasos como futbolista. Foto Edgar Witty

Sin embargo, su éxito actual está tatuado de anécdotas imborrables y pasajes de tristeza, en la cual tuvo que ser fuerte. Según le reveló a DIEZ, estuvo a punto de emigrar a los Estados Unidos, la situación económica no era fácil, además de pasajes en donde quiso tirar la toalla, pero un campeonato le cambió el rumbo.

¿Cómo traduces el cierre de tu primera final con el Motagua?
Terminó siendo una campaña que no fue nada fácil, pero no era cómo empezamos, sino el resultado final, gracias a Dios terminó de la mejor manera.

¿Cómo te ganaste la confianza de Diego Vázquez en la última instancia tomando en cuenta que no jugaste durante todo el torneo?
Fue algo inesperado, ante las lesiones de los compañeros me fui abriendo camino, tuve aprovechar.

¿Ese momento cuando te dicen que ibas al primer equipo cómo fue?
En un momento se me acercó el asistente técnico Ninrod Medina y me dijo que apretara los huevos, que no desperdiciara esta oportunidad. Lleno de nervios, no podía dormir durante toda la semana, estaba muy tenso, era algo inexplicable que me costó asimilarlo.
No había jugado durante todo el campeonato. Solo reservas, pero hice las cosas bien, el profesor me dijo que cosas grandes vendrían.

¿A qué le apuntas ahora que ya tuviste una probadita en una final?
Quiero apostarle a la titularidad. Cada puesto se pelea de la mejor manera, en cada entreno. Mi deseo es consolidarme y apuntarle a la Selección de Honduras.

¿Cómo viviste ese primer encuentro ante Marathón en la semifinal de ida?
Lleno de nervios, pero mis compañeros me dijeron que el primer balón que tocara iba a ser fundamental y así fue, me divertí e hice las cosas de la mejor manera con responsabilidad.

¿Qué hay de la final ante Olimpia?
Para mí fue como una revancha porque fue el equipo contra el cual debuté, solo jugué 24 minutos en ese entonces. El fútbol te dio revancha y vaya oportunidad para ganarla contra el vecino.

Hoy con 21 años no te le rajas a nadie…
La verdad que no me la rajo a nadie, se trabaja para estas cosas y a seguir adelante.

¿Es tu cuarta medalla no?
Sí, las anteriores las vi desde las graderías, esta es la primera que gano en el campo.

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El defensor Cristopher Meléndez junto a su madre, Carmen Suazo cargando la medalla de campeón con el Motagua. Foto Edgar Witty

¿Qué hará Cristopher con el premio (económico)?
Invertirlo con la familia, veremos qué proyecto se hace, queremos terminar de arreglar la casa, es algo que hace años queremos con mi padre y mi hermano.

SUS COMIENZOS Y SUEÑOS
Háblame de ese momento cuando llegas a Tegucigalpa con 18 años….
Fue algo maravilloso, yo no lo creía porque estaba viendo a todos los jugadores que solo por televisión observaba. Solía pasar solo, pero siempre hay un jugador que le saca una sonrisa a todos (Wilmer Crisanto), él es quien une al grupo.

¿A dónde comenzó todo con Meléndez?
Inicié en Corozal, mi primer entrenador fue mi abuelo Santos Quioto, él me enseñó cosas básicas. Luego pasé al equipo los Palacios (La Mercedes) hasta dar el salto a Motagua. Cuando llegué estuve a préstamo por dos años, me observaron y terminé firmando.

Hace unos años atrás jugabas en una cancha de tierra, mírate ahora...
Uno que surge del pueblo sabe lo que es esto, pero uno se acostumbra. Después de todo en la Liga Nacional hay canchas que no están en óptimas condiciones.

¿En qué momento pasaste de defensor central a lateral?
Sucede que en un entrenamiento me probaron en esa posición, les gustó cómo jugué de lateral y allí me quedé.

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Así luce el campo de la comunidad garífuna de Corozal, lugar donde también salieron jugadores las últimas jóvenes promesas como Maylor Núñez (Olimpia), Klifox Bernárdez (Motagua) y Gerson Chávez (Real España).

¿Aún te dicen “Muma”?
Ahora solo me dicen el “Búho”. Lo de “Muma” es por Víctor Bernárdez, siempre he tenido esa agresividad que me caracteriza.

Dime Cris… hace unos años tu papá y hermano menor emigraron a los Estados Unidos. ¿Por qué te quedaste?
La verdad que el plan era que fuese yo, pero ya tenía un año en Tegucigalpa, en ese mismo momento quedé campeón con las reservas. Finalmente, mi padre lo pensó mucho y me dijo que me quedara, se terminó marchando con mi hermano.

¿Hubo momentos de llanto? La verdad que sí, había momentos en que no quería saber nada de fútbol cuando no tenía minutos, yo le llamaba llorando a mi mamá que no aguantaba seguir en Tegucigalpa. Ella me aconsejó esperar ya que no vendría a hacer nada al pueblo, pero en esos momentos tu madre se vuelve un pilar para salir de esas cosas.

¿Quién corría con tus gastos en Tegucigalpa?
La verdad que desde que firmé con el equipo, ellos me daban un sueldo mensual. Yo vivía en la sede.

¿Es evidente que hoy no ganas tanto como otros jugadores referentes no?
Claro que no, uno viene comenzando, a uno le cuesta, pero con lo que gano no estoy tan bien, ni mal como otros quieren. Sé que a medida de cómo se darán las cosas la directiva responderá.

¿Cuál es tu mayor sueño ahora?
En estos seis meses que me quedan anhelo consagrarme en el equipo, espero que este año sea el mío, primero Dios todo me salga bien. Al final no entiendo el porqué no había sido tomado en cuenta en ninguna selección, ahora Fabián Coito me abrió espacio en la Sub-23. Espero aprovecharlo de la mejor manera.

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