Hijo de Chelato Uclés relata sus últimos momentos y la preciada 'herencia' que le dejó

Rudy Urbina, uno de los hijos de Chelato Uclés revela que intentarán hacer un museo de fútbol en honor a su padre en la casa donde vivió largo tiempo.

Rudy Urbina junto a sus hijos y su padre Chelato en una hermosa foto familiar.
Rudy Urbina junto a sus hijos y su padre Chelato en una hermosa foto familiar. *
DIEZ

La familia de Chelato Uclés está triste por su partida, pero las muestras de cariño a nivel nacional e internacional los reconforta y les da fuerza para afrontar este momento difícil.

Rudy Urbina, periodista deportivo e hijo de José de la Paz Herrera, charló con DIEZ en medio del estadio Nacional y con el ataúd de frente donde ya descansa en paz el gran maestro del fútbol hondureño.

Uclés, que falleció a los 80 años a causa de un infarto en el Instituto Hondureño de Seguridad Social de Tegucigalpa, le dejó un regalo muy especial a su hijo Urbina quien también decidió contarnos cómo fueron los últimos momentos de su padre.

Rudy relata que la última vez que lo vio fue el martes en el área de Cuidados Intensivos, le dio la mitad de un oatmeal en la boca porque tenía hambre y cuando se despidió lo hizo con un beso y un abrazo, no creía que fuera su última vez, pero reconoce que estaba al borde de la muerte por lo débil que se encontraba.

Llegó el momento que sabían que algún momento llegaría por la dura batalla que luchaba.

El ultimo año de él no fue el mejor, lo sufrió más de lo que lo disfrutó. Hace un año la vida debió habérselo llevado, pero resistió, la peleó hasta el final, así fue desde chiquito. Es un personaje que nació el 21 de noviembre de 1940, en un olvidado y hermoso pueblo de Soledad, El Paraíso. Creció en una pobreza extrema, pudo usar zapatos hasta los 12 años y migró del campo a la ciudad con una bolsa de ilusiones, se fue labrando su camino, fue a Argentina y regresó, comenzó a tener éxito, viajó por el mundo, tocó el cielo con las manos y le dio lustre a un país que hasta ese momento no lo tenía.

Su ejemplo me llama la atención y me toca porque demuestra que con talento y dedicación se pueden lograr las cosas porque a mi papá de pobreza y necesidad nadie puede decirle nada porque lo sufrió en carne propia, pero supo darle vuelta a la historia y es la gran enseñanza de Chelato Uclés.

Les dijo a ustedes que su último día quería que fuera en el estadio Nacional.

Mi papá era tan modesto que no sé si hubiese querido que su velatorio fuera acá, fue una locura de mi hermano y yo de decir al ver cuál era el mejor escenario y la verdad es que los grandes logros de mi papá fueron en este estadio, fue campeón de Centroamérica acá en 1980, la única vez que Honduras fue campeón Concacaf que hoy equivale a Copa Oro fue acá en el 81, ganó sus títulos de Liga aquí y este estadio significa mucho para él, además en qué lugar pudiéramos tener un distanciamiento responsable y este reunía todos los requisitos para darle la despedida al más grande técnico del país.

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Se le despide con todos los honores.

La verdad que sí. Tengo como 600 mensajes y muchas llamadas que no he podido responder, la batería está agotada, no me molesta el cariño de la gente, luego me tomaré el tiempo de escribirle a cada uno aunque no los conozca.

Le doy gracias a la gente porque el hondureño tiene muchos defectos, pero si hay atributo que le reconozco es que quien te dio alegría gratuita, quien te sacó una sonrisa y te hizo olvidar tus tristezas, aunque sea por un instante, con ese tipo el hondureño es agradecido y con mi papá me lo demuestran porque cuando se enfermó la primera vez me dijo que 'yo sabía que era aun personaje querido, pero a este nivel me sobrepasa, no lo esperaba' y sé fue consciente de eso, el pecado hubiese sido que se fuera del mundo si darse cuenta lo que significaba para el país.

Chelato Uclés ha sido velado en el estadio Nacional de Tegucigalpa.

¿Cómo fueron sus últimos días?

No fueron buenos. El sábado lo llevé adonde un amigo cardiólogo, le hizo un electrocardiograma y me dijo que mi papa estaba al borde de un infarto, lo internamos ese mismo día, lo operamos el lunes a primera hora, resistió la operación, era un roble, pero dos días después su cuerpo dijo no va mas, me cansé de pelear y se fue.

¿Qué comía, cuáles eran sus cuidados?

Llevaba una dieta especial por ser diabético, pero era un hombre estricto, a veces un café o una coca light, comía bien, pero no se sentía bien, habían días que lo sufría.

Tuvo cuatro infartos en dos meses y el de México (hace mes y medio) fue el que inició todo durante la operación que se le hizo de garganta, el sábado anterior tuvo un microinfarto y este del miércoles fue el fulminante.

¿Cuáles fueron sus últimas palabras?

Lo vi un día antes porque por el Covid-19 las visitas están restringidas y sobre todo en el área de Cuidados Intensivos que era donde estaba él, me pidió agua y comida, le compré un osmil porque no podía comer algo pesada, se lo dí en la boca, se comió la mitad y lo único que dijo fue 'gracias', ya se me había pasado el tiempo de visita, le dí un abrazo y un beso.

¿Él hablaba bien después de la operación?

Estaba muy débil la verdad, no tenía las fuerzas necesarias para que le saliera la voz, estaba muy débil porque ese último infarto lo había dejado mal, pero aún así le robó tiempo al tiempo y vida a la vida, resistió hasta donde pudo.

¿Cuál es tu recuerdo que más guardas de él?

Uno fue reciente, me dijo en febrero, antes de irse a México, que me daba su colección de libros y videos porque 'sé que lo vas a apreciar porque en ese sentido te pareces a mi' y eso me llenó de alegría. Ahora queremos ver más adelante si activamos la idea del primer museo del fútbol en Honduras en la casa de él, es un proyecto que platicamos con mi hermano, veremos qué pasa, hablamos con Alberto Chedrani, pero quizá más adelante lo tengamos en la casa donde mi papá vivió toda su vida.

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