Una final Motagua-Olimpia en las manos de Dios y de Melvin Matamoros

Melvin Matamoros creció sin padre y trabajando envolviendo tabacos. Sufrió una tragedia cuando eran niño

El árbitro de la gran final, Melvin Matamoros junto a su familia en la Basílica de Suyapa en la capital pidiendo a Dios sabiduría para impartir justicia. Foto DIEZ
El árbitro de la gran final, Melvin Matamoros junto a su familia en la Basílica de Suyapa en la capital pidiendo a Dios sabiduría para impartir justicia. Foto DIEZ *
Carlos Castellanos

Creció sin su padre, por muchos años trabajó fabricando puros y su sueño era ser futbolista. Este domingo Melvin Matamoros es uno de los mejores árbitros de Honduras y pitará su octava final de Liga Nacional.

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Con un rostro imponente y una penetrante mirada, pero con un corazón temeroso de Dios que no deja lugar a concesiones, Melvin Matamoros ha sido uno de los hombres que le ha dado valor al ingrato trabajo del arbitraje.

Melvin Matamoros en sus tiempos de jovencito participando en actividades en su pueblo.

La vida no le comenzó a sonreír como a muchos, ya que apenas con 15 días de nacido, tuvo que encarar la vida sin cariño y rigor de su padre, quien falleció en un fatídico accidente en una tabacalera y fue su abuelo Francisco Rodríguez quien llenó ese vacío.

Melvin junto a su familia en la Basílica de Suyapa donde llegó a pedirle a Dios, sabiduría para pitar la final.

Melvin es el segundo de los cinco hermanos (tres varones y dos mujeres) que tuvo la familia Matamoros-Ponce. Sin un día pensarlo que su futuro sería dentro de el arbitraje, comenzó sus estudios en la Escuela Francisco Morazán de Morocelí y prosiguió su secundaria en el instituto Ramón Villeda Morales donde sacó Comercio, luego comenzó la carrera de educación Física en la UPNFM, mismas que aún no concluye.

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En su época de jovencito, salió en al escolta de banderas, además fue caballero en la Feria de su pueblo, Morocelí, El Paraíso.

Pero entre entre el estudio y el diario vivir, Melvin Matamoros no soñaba un un silbato, sino que su pasión, como muchos, era jugar al fútbol. Y es que en los pueblos son infaltables las potras en las calles y él lo hacía en la colonia Las Flores de Morocelí, El Paraíso. Pero Matamoros recuerda que en un determinado momento observaba el accionar de los árbitros en los campos de su pueblo, pero por su corta edad sabía que no lo podía hacer.

Sin embargo, fue en una aldea llamada El Suyate donde a los 17 años se le presentó la primera oportunidad de dirigir un partido y curiosamente lo recuerda porque en dicho juego uno de los porteros no estaba y aún así él lo dio por iniciado. Ahora lo recuerda como algo muy jocoso en su historia.

De rodillas solo ante Dios, no ante los futbolistas ni equipos que reclaman todo. El silbante es un fiel católico.

Luego de una niñez llena de diversión, la etapa de la responsabilidad llegó a su vida y comenzó a laborar de bonchero (armar puros) en una fábrica de tabacos donde realizó puros por aproximadamente 11 años, pero tuvo que ponerle un alto a tantos años de trabajo para emprender su camino en el arbitraje.

Después de esa experiencia debió esperar hasta al año 2003 cuando llegó a la Liga Mayor a Morocelí y se armaron 10 equipos, pero al no haber árbitros, su equipo en el que él jugaba lo designó para ser silbante. Luego llegó Emiliano Ramírez a prepararlos por dos meses y desde ese entonces comenzó su carrera como árbitro.

Para el 2007 le tocó viajar a Tegucigalpa para integrarse a la filial de la zona centro, pero siempre vivía en Morocelí y le tocaba viajar todos los días hasta que en el 2009 le tocó hacer su debut oficial en la Liga Nacional en partido entre Motagua y Deporte Savio.

El silbante Melvin Matamoros en su último partido que pitó en Liga Nacional en el repechaje entre Marathón y Real España.

Hoy con una vida ya bien establecida en el arbitraje, Matamoros trabaja para dejar su huella en nuevos silbantes en su municipio y uno de ellos es su hijo Melvin Daniel, quien ya ha comenzado a dar sus primeros pasos.

A 73 kilómetros de distancia de la capital, el árbitro pasa las horas previas para llegar a dirigir la final entre Motagua y Olimpia, un duelo de mucha presión, pero lo maneja con calma.

DATOS DE INTERÉS

El árbitro de Morocelí suma un total de 173 partidos dirigidos en la historia de la Liga Nacional. De los cuales siete han sido juegos de finales.

Melvin Matamoros dirigirá por segunda vez una final entre Olimpia y Motagua. La pasada fue el Clausura 2014-2015.

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