Chelato Uclés y sus confesiones: El jugador que le dio más 'problemas' y su mejor momento como DT

El experimentado exentrenador nacional ha tenido un gran éxito y fue el primero en llevarnos a un Mundial.

Carlos Castellanos

Los años pasan y en la memoria siguen presente los recuerdos de las grandes glorias que el fútbol hondureño ha tenido. Chelato Uclés, no solo es un padre de familia, sino del fútbol.

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Este deporte es una pasión que se lleva en las venas y don José de la Paz Herrera lo vive en carne propia, es por eso que ha escrito una gran historia en el balompié nacional por lo que lo consideramos el padre del balompié catracho.

"La gente me da afecto, me piden fotografía, autógrafos y las palabras que también me dicen es muy satisfactorio para mí. Ahorita es la época que más reconocimiento estoy recibiendo", dice en una amena plática con Diario DIEZ.

Hoy nos confiesa como inició este sentimiento. "Yo me crié en una familia grande, donde mis tíos, cuatro eran futbolistas de primer nivel. Tres jugaban en el Motagua al mismo tiempo y uno en el Olimpia. ¿Qué más se hablaba en una casa donde se está rodeado de futbolistas?. Yo vivía a la orilla del río y ahí había un campito que le decíamos la sabanita, pero con el Mitch desapereció y ahí se jugaban las grandes potras", recuerda.



Y añade: "Yo antes vivía en un pueblo llamado Soledad, donde no se jugaba al fútbol, pero ellos jugaban con un especie de chupón en la plaza, pero ahí jugaban 20 contra 20, pero eso no era fútbol y ahí solo jugaban los adultos y yo era un niño".

Un breve paso como futbolista...

Lo que no puede olvidar fue quienes fueron los estrategas que lo formaron en el fútbol: "Yo estuve en el Atlético Español y creo que estuvo Juan Andino con nosotros, pero tuve varios, Popo Godoy y Carlos Padilla".



Tras su paso corto en el fútbol, la carrera como estratega fue lo que lo llevó a ser considerado uno de los mejores entrenadores de Honduras. "A mí siempre me gustó la literatura futbolística que incluso guardo revistas de esa época y le fui agarrando. La revista El Gráfico me llevó esa pasión de la forma que lo escribían y me fue entrando ese gusto por leer cosas de fútbol y le tomé el sabor melodioso. Yo andaba en los barrios, miraba entrenamientos en la Isla (barrio de Tegucigalpa), iba al Motagua y Foncho Uclés me invitaba y me fue gustando eso, luego formé equipos de niños y escogía los buenos de los barrios".

Durante su carrera en este deporte, Chelato ha dejado un legado muy grande con la promoción de grandes jugadores a los que recuerda. "Yo dirigí más de mil partidos y cientos de jugadores. El caso de Gilberto Yearwood por ejemplo que fue la primera figura que me tocó ver jugar en un campeonato colegial, llevarlo al Real España y a los 15 años lo hice debutar. Me enorgullece de haber logrado ese éxito. Incluso su viaje a España fue con la Coneja Cardona y le hablé de él y se lo llevó a los 18 años".

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Varios jugadores. En el Olimpia Arnold Cruz, quien llegó como un prospecto, Christian Santamaría, el caso de Wilmer Velásquez que lo recibí de juvenil, pero le encontré el puesto de delantero, él jugaba de extremo izquierdo. En Marathón a Emil Martínez, Pompilio Cacho, el mismo (Mario) Berríos. Cuando llegué al Motagua, Rubén Guifarro jugaba de extremo izquierdo, pero noté la pegada y le dije que jugara de volante y llegó a ser un figurón y en Platense Juan Manuel Cárcamo. En todos los equipos yo siempre llevé nuevos valores, ya que antes no habían reservas".

A pesar que en su carrera ha formado muchos jugadores, no todos en la actualidad siguen mostrando su agradecimiento. "Gilberto Yearwood considero que es el que ha estado más cerca, siempre estuvo pendiente del asunto cuando estuve enfermo, llegó a la clínica y me vino a ver aquí. Ha tenido muchas muestras de apoyo", nos cuenta.

El maestro no siempre trató con jugadores bien portados, pues recuerda que en su carrera hubo uno que con el que le sacó canas verdes: "(Carlos Orlando) Caballero, como era genial en su habilidad, entonces era un poco más difícil de dirigirlo, era bueno, pero nunca lo arremetí, sino que lo supe llevar. No se dejaba conducir tanto, pero siempre lo utilicé y tengo excelente relación con él cuando me lo encuentro. Él tenía una rebeldía, contestaba algunas indicaciones", confiesa.

Su mejor momento en los banquillos

El momento cumbre en su carrera sin duda alguna fue la clasificación al Mundial de España 1982, donde lo recuerda con mucha felicidad. "Indiscutiblemente cuando se debuta contra España (Mundial 82) y se anota el gol. Fue un sueño que se me había cruzado de niño. El milagro se hace con el sorteo, ya que a nosotros no nos tocaba con España, pero hicieron un jueguito en el pizarrón y nosotros tirábamos para el lado de Brasil, pero luego cambiaron y nos tiraron al lado de España y a Nueva Zelanda al otro lado y eso lo comentaron que había pasado algo. Fue un milagro de Dios".



Y añade: "No hay comparación. Eso fue gracias a la vida que me ha dado ese anhelo. Fue el primer Mundial y el mejor papel de toda la Concacaf en su primer Mundial. A México lo golearon en su primero, El Salvador recibió goleada, luego Costa Rica, pero fuimos primero nosotros".

Pero hay un momento donde los sentimientos se encuentran con los recuerdos. "No me gusta verlos porque cada vez que veo los vídeos me dan ganas de llorar. Cuando los veo me aflojo, por eso me gusta verlos solo para que no me vean las lagrimas (su voz se quebranta) y que digan a esta altura y sigue llorando. Es un premio grande y es algo que uno puede decir gracias a la vida que me ha dado tanto", confesó.

Muy feliz por el gesto de considerarlo el padre del fútbol hondureño, Chelato Uclés nos despidió muy contento, con un apretón de manos y una sonrisa que quedará grabada como esa primera clasificación que tuvo en el Mundial de España 1982.

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