BLOG: Melissa Pastrana y la confusión de Diego Vázquez

El jefe de redacción de Diario La Prensa, Nelson García, y su opinión sobre el Motagua-Olimpia.

Nelson García

El inicio de la final fue una sorpresa agradable. Motagua y Olimpia ya nos tenían acostumbrados a partidos aburridos y con muchas patadas. Pero, este resultó todo lo contrario: cuatro goles, abundantes emociones y mucha intensidad con el objetivo de someter al rival en base a fútbol.

Y es aquí, en la pureza del juego, donde Motagua pudo amarrar el título en el primer partido.

¿Por qué? Motagua siempre le ha ganado a Olimpia desde lo mental, desde la fortaleza con que pelea cada pelota, desde el convencimiento que en el súper clásico tiene un plus que inhibe y achica a su rival.

Pero, el domingo se encontró en un escenario distinto y no supo cómo actuar. Porque este Motagua es más en lo futbolístico que Olimpia. Algo que nunca había vivido. Sus hombres tienen más experiencia, más cohesión con movimientos automatizados gracias a los cinco años de convivencia y una gran presencia ofensiva con dos delanteros grandotes que intimidan a cualquier defensa.

Por eso, con el 0-1 de Olimpia, se tranquilizó, puso la pelota al suelo, se adueñó del partido, empezó a combinar y a generar llegadas que desembocaron en dos pelotas quietas que Pereira transformó en gol.

Con el 2-1 ya en la pizarra, Motagua pudo sentenciar. Tuvo dos jugadas de dos contra tres en las que Peña no pudo dejar a Moreira y a Kevin cara a cara con el gol.

Pero, llegó el segundo tiempo y con él su falta de atrevimiento. Muchas veces, su entrenador, en el descanso, recompone su sistema o estrategia, o hace cambios que le dan vuelta a la historia.

Lamentablemente, para el Azul, en esta ocasión, Diego se encontró con un Motagua superior pero tuvo miedo de pasarle por arriba al vecino o le faltó valentía para lograr un triunfo memorable. Así que entregó el balón, esperó a Olimpia 20 metros más atrás y se aferró a la idea de estirar la ventaja en un contragolpe. Craso error, porque 11 contra 11, línea por línea, este Motagua es más que Olimpia.

Deybi Flores, Jorge Álvarez, Alejandro Reyes y Leandro Sosa no tienen, en estos momentos, la jerarquía para imponer su fútbol ante una mediacancha tan experimentada como la de Motagua.

Y a pesar de las ventajas que dio, Olimpia no creó tanto peligro.

Pero llegó el infortunio de Pereira combinado con la inexplicable decisión de Vázquez de mantener en la cancha a Juan Pablo Montes, quien anduvo en una pierna por más de 15 minutos, y entre los tres regalaron el 2 a 2.

Así se escribió la historia. Y Diego, increíblemente, quiso justificar su falta de audacia atacando a Melissa Pastrana, que se equivocó puntualmente solo en una jugada y que al final fue intrascendente porque Rougier le tapó el penal a Bengtson.

El trabajo de Diego fue y es impecable, pero le falta autocrítica y orientación de parte de sus asesores, que no le ayudaron a que se olvidara de Melissa, a quien fustigó antes y después del partido.

Por suerte para él aún tiene 90 minutos para plantear un partido en el que debe asumir la responsabilidad histórica de someter a un Olimpia inexperto en base a un bloque compacto que puede llegar a su pico más alto este domingo a las 6:00 de la tarde. Equipo, tiene. Pero debe quitarle el breque.

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