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Di María quiere llegar campeón al Madrid

'Estoy feliz de jugar en el Real Madrid. Siempre soñé con pasar a una Liga más competitiva como la española', dijo

2010-06-30

Ángel Di María vivió su primer día como madridista alejado de la exposición mediática y rodeado por su gente más cercana.

Horas después de que el Madrid anunciara su incorporación, el rosarino se blindó en la intimidad de una urbanización ubicada en las afueras de Pretoria, en la zona de Rietvalleirand, custodiada por altos muros de cemento y con sus tres accesos supervisados por agentes de seguridad de una empresa de vigilancia.

Allí, en una ciudad dentro de otra ciudad, Di María celebró su fichaje acompañado de familiares y amigos. En ese marco de camaradería, cuando aún estaba en el aire el aroma del asado que disfrutaron los jugadores el lunes por la noche, le confió a varios compañeros de selección: 'Estoy feliz de jugar en el Real Madrid. Siempre soñé con pasar a una Liga más competitiva como la española'.

Una vez acabó de recibir el saludo de todo el que se fue enterando de la buena nueva vía internet, Di María soltó: 'Sería el sueño ideal ir al Real Madrid después de haber ganado la Copa del Mundo con Argentina. Ojalá pueda'.

El propio futbolista, amable pero esquivo con la prensa durante los días previos al fichaje, se ilusionó al ver con sus ojos la confirmación del traspaso en la web del Madrid.

La casa de alquiler de los Di María se encuentra junto a la de otras 50 familias argentinas. A unos 20 minutos en coche tiene como vecinos a los Demichelis, los Agüero, los Rodríguez, a Claudia Villafañe -ex de Maradona- y su hija Dalma, entre otras caras conocidas.

CONFESIÓN

Ni la tarde gris y fría boicoteó la alegría del jugador. Tímido y reservado, manejó su llegada al Madrid en el más grande de los secretos. Sólo unos pocos sabían del avance de las negociaciones, entre ellos Higuaín, quien ya le endulzó los oídos contándole lo que es el Madrid. En su jornada familiar, Di María recordó cuando su madre Diana le llevaba en bicicleta a los entrenamientos en el club Torito, o cuando ayudaba en los repartos a Miguel, su padre y carbonero de profesión.

Ya entrada la noche, volvió a zambullirse en su camino mundialista. Su nuevo corazón blanco se volvió a poner un poco de celeste.