Michaell Chirinos, el orgullo del barrio Reparto y su visita especial

El jugador de los Lobos Buap estuvo unos días en Honduras y aprovechó para visitar su gente en el barrio que lo vio nacer y crecer. Es un ídolo y ejemplo para los niños.

Carlos Castellanos

Con la felicidad de haber anotado el gol que le dio los tres puntos a Lobos BUAP el fin de semana ante las Chivas del Guadalajara, Michaell Chirinos viajó más de seis horas para llegar a Tegucigalpa y estar presente en el empate 0-0 del clásico capitalino entre Olimpia y Motagua el domingo anterior.

La humildad y la buena amistad que mantiene el futbolista con la prensa no la pierde pese a haber dado un salto en su carrera y más allá del cansancio por el largo viaje desde México a Honduras no dudó en dar el sí para compartir con Diario Diez su vida en el barrio Reparto por Abajo (Tegucigalpa) donde creció y ha vivido por años.

Chirinos tenía las horas contadas para alistarse y tomar el vuelo de regreso a México, su viaje al país era específicamente para recoger a sus padres (Rigoberto Chirinos y Bety Cortez) ya que desea que conozcan el país azteca.

"Siempre es bueno visitar el barrio, la familia que es lo primordial, aquí es donde me crié. Es importante mantener la humildad", menciona Chirinos mientras se sienta en el sofá de la sala.

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Chirinos visitó el barrio que lo vio dar sus primeros pasos en el fútbol.

A lo lejos se escuchan las voces de personas que pasaban frente a su casa de habitación en dicha colonia (Reparto por Abajo), entonces Chirinos comienza a contarnos lo que le recuerda cada vez que viene de México a visitar el barrio donde inició su camino en el fútbol.

"Las potras que hacíamos. Creo que jugar al fútbol en la edad que teníamos todos los jóvenes que vivíamos acá era siempre todos los días 24/7, jugábamos y nos regañaban", recordó.

Con su gorra y camisa negra deportiva, el pequeño "duende" como también se le apoda en el balompié nacional, asegura que en su niñez el fútbol lo era todo, pues vivió las famosas potras callejeras apostadas.

"Adonde invitaban a Michaell Chirinos ahí estaba jugando al fútbol, eso era lo que más quería. Siempre jugaba a la apostada, ya sea por dinero o el que perdía invitaba al fresco, a cortarnos el pelo y ahí había que tirarse a barrer sí o sí", cuenta entre risas.

Con su voz un poco quebrada, Chirinos recuerda cómo fueron su inicios y lo compara al lugar donde está en este momento ya que confiesa que en algún momento quiso dejar el sueño de ser un jugador profesional.

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Una postal de Michaell en su niñez en el barrio Reparto.

"Nunca me imaginé estar donde hoy estoy. Hubo un tiempo que no quería saber nada de fútbol de primera división, solo quería divertirme nada más. Después algunos profesores me ayudaron y al final le agradezco a Denilson Costa que me brindó la oportunidad de jugar en reservas. Ahí anoté 24 goles en el primer torneo, luego el profesor Héctor Vargas me ascendió a primera. Ahora estar en Lobos BUAP es un privilegio, una liga muy exigente, pero la directiva me tiene mucha confianza y eso me ha ayudado a madurar. Estoy orgulloso de pertenecer a este barrio".

Cuando se acercaba la hora del almuerzo (12:00 pm), la temperatura aumentaba en la capital y en ese momento Chirinos nos contaba una de sus anécdotas graciosas y a la vez tristes, pues su pasión por el deporte lo llevaba a destruir sus zapatos.

"Los zapatos me duraban mínimo tres semanas, de ahí no pasaban, los andaba rotos, los mandaba costurar y a las dos horas se me volvían a abrir por jugar fútbol", recuerda sonriendo.

El talentoso ex atacante del Olimpia, hoy de los Lobos BUAP de México, se ha caracterizado por su velocidad y sus maniobras por las bandas en el terreno de juego, mismo que complicaba a todo rival, pero la marca que se le hizo más dura de driblar fueron los estudios.

"Siempre me ha costado lo del estudio, no he sido tan bueno la verdad, pero es que siempre había una hora específica de jugar al fútbol (4:00 a 6:00 pm) y en ese momento me decían que tenía que hacer tareas y era como que me mataban. Yo le decía a mí mamá que me diera una hora nada más y de ahí venía, pero no volvía ja, ja, ja".

SU VISITA A SU ESCUELA

El carisma de Michaell Chirinos en el barrio no ocupa mucha presentación, pues bastó que lo invitáramos a salir de su casa para caminar por la calle y una gran cantidad de estudiantes lo invadieron para pedirle autógrafos y fotografías.

"La gente cuando se da cuenta que estoy por aquí siempre viene a pedirme fotos, autógrafos. Algunos vienen desde muy arriba (otras colonias cercanas), niños que salen del colegio y hay veces que tengo hasta 50 ahí y los atiendo a todos. Esto es lo que me ha ayudado para crecer, ya que me transmiten confianza y ganas de seguir trabajando", asegura de manera muy firme.

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Niños de la escuela Agustín Alonso rodearon a Chirinos cuando entró al centro educativo.

Cuando la marea de estudiantes que lo acorralaban bajó un poco, lo invitamos a visitar la escuela Agustín Alonso donde realizó sus estudios de primara, ubicada a menos de una cuadra de su casa.

Al ingresar a dicho centro educativo, los recuerdos invadieron la mente del jugador, quien comenzó a explicar parte de su experiencia en en centro educativo.

"Siempre los de sexto nos ponían en la parte de arriba", comenzaba diciendo mientras veía la segunda planta del edificio.

Enseguida se dirigió a la canchita de fútbol, donde disputó muchos encuentros. "Cuando estaba en la tarde me venía muy temprano para jugar e iba a clases todo sudada", dijo entre risas.

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A los niños de la Agustín Alonso les enseñó a patear la pelota, era una de plástico muy pequeña.

Y añadía: "Esta cancha me llenaba de mucha alegría. A veces la pedíamos prestada para jugar con pelotitas (plásticas) de cinco lempiras, sin forro. Yo llevaba mínimo ocho o diez años que no tocaba una pelota de estas y ahorita se nota la diferencia (con los balones que juega en la Liga MX). Esas pelotas las ajustábamos entre varios y las cuidábamos. Si se nos iba, la íbamos a traer. Había un vecino acá que siempre que jugábamos abría las puertas para que la pelota entrara (se las agarraba), él mínimo tenía unas cien", dice entre risas.

La experiencia en el centro educativo donde libró muchas batallas fue único, puesto que hace muchos años no había vuelto a pisar dicha instalación, llevaba cerca de ocho años de no entrar y recordó muchas cosas. "Son cosas que no voy a olvidar", dice.

MOMENTO AMARGO EN LA VIDA
La pasión por el fútbol lo llevó a vivir una experiencia dura en su vida, misma que a nadie había contado y hoy abrió su corazón para compartirla con nosotros.
"No lo he dicho nunca pero una vez fui con un colegio a Suecia y Dinamarca, estando allá me dijeron que mi pasaje estaba para el siguiente día y me tocaba quedarme en mi primer viaje. Eran las 6:00 de la mañana y yo salía hasta las 6:00 pm del día siguiente, pero no encontraba para dónde agarrar y el aeropuerto era pequeño y me puse a llorar porque no me sentía bien. Luego me dije que un día iba regresar, pero no a llorar, sino a disfrutar o jugar al fútbol y hoy esas lágrimas se convirtieron en alegría".

Tras esta experiencia, Chirinos tomó como fortaleza y hoy vive uno de los mejores momentos de su carrera. "Siento que él (Dios) me dijo gradúate y yo te doy la oportunidad de jugar al fútbol. Así fue y a los dos días el profesor Denilson Costa me dijo que ya no pertenecía Liga Mayor, sino que vas a reservas y marqué 24 goles, luego en primera fui constante y cumplí 100 partidos y me fui a la Liga mexicana".

SUS PADRES TIENE SU PROPIO CONCEPTO DEL JUGADOR
A sus 72 años de edad, don Rigoberto Chirinos, padre de Michaell, aprovechó la visita que le hicimos a su hijo y nos contó las experiencias que le tocó vivir al criarlo.

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Chirinos recuerda que tenía cerca de 8 años de no ingresar a la escuela donde hizo sus estudios primarios.

"Desde pequeño era un niño que solo se llevaba jugando aquí en el barrio en las canchas y todo eso. A veces yo le decía estudiá, pero se iba a escondidas a jugar. Él ya traía desde pequeño ser jugador, ya que se ponía con los grandes y yo tenía miedo que lo llegaran a golpear, pero no hacía caso y a veces los dejaba tendido por el talento".

Entre risas por los recuerdos, el padre de Chirinos cuenta que. "Yo creo que el sueldo ni me ajustaba porque cada dos semanas venía con los zapato abiertos. A veces me da un poco (cólera) por los gastos y todo, pero vale más que antes eran más baratos los zapatos".

Antes de marcharnos, don Rigoberto aprovechó para dar un consejo a los padres de los niños que sueñan con ser jugadores y a la vez le dio uno al suyo.

"Si me gustaría que a lo padres de los hijos así no les quiten la oportunidad a sus hijos de ser jugadores, pero que estudien, que sean obedientes. Ahora que él es un jugador y que está en el extranjero debe aprovechar porque la carrera es muy corta, que aproveche lo que gana y lo invierta, ya que hay algunos jugadores que terminan mal. Que sea humilde con el barrio y su amigos".

Mientras que su madre, Bety Cortez, un poco más tímida, pero con un gran cariño por su hijo, nos reveló lo travieso que era Chirinos. "Él ha sido un buen hijo, excelente, pero bien inquieto. Son muchas las travesuras".

Y además sus gustos por la comida favorita. "A él lo que más le gusta es el tajo, siempre que viene (México) le encanta y me dice que le tenga".

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Don Rigoberto y doña Betty, los padres de Chirinos.

Hoy que lo ve jugando en el fútbol extranjero, su madre no oculta su alegría. "Al verlo me siento feliz, pero sufro bastante porque cuando se golpea y a uno duele, yo sufro bastante, pero le doy gracias a Dios por esa oportunidad que ha tenido".

En la actualidad Michaell Chirinos figura como uno de los mejores legionarios de Honduras y el propio jugador nos relata cómo es que se ha dado esto. "Soy un jugador profesional. Una vez un profesor me dijo que para estar en el fútbol de hoy se necesita el ida y vuelta y lo estoy logrando. En la liga mexicana me exigen eso. A parte Paco (Francisco Palencia) me está ayudando en otras cosas que siento eran mi debilidad y ahora me estoy esforzando al máximo para quedarme en el extranjero".

Después de tres goles marcados y asistencias en la liga mexicana, Michaell Chirinos se muestra muy feliz y con ganas de seguir logrando cosas mejores. "Me siento cómodo, con ganas de seguir creciendo, esforzándome al máximo, de aportarle mucho a mi vida. Me siento fuerte mental y físicamente y con la sabiduría de triunfar".

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Los padres de Chirinos tienen en la vitrina los trofeos que DIEZ le otorgó como jugador de Olimpia.

Con un par de tatuajes en su cuerpo (brazo izquierdo y cuello), Chirinos asegura que eso no cambia nada al pequeño que jugaba fútbol apostado en la calle. "La gente que me conoce y es cercana a mí sabe que no he cambiado. Hay cosas que tengo que cambiar pero por obligación, partes del fútbol, de la vida o del país, pero los que me rodean saben que soy el hombre alegre, sincero, amable, cariñoso, pero siempre es bueno que le den un baño de humildad".

Graduado de Técnico en Computación y con el pasaporte ya en el extranjero, Michaell Chirinos quiere ganar el título de ser mundialista, un sueño que a muchos jugadores se les ha negado, pero que por su lucha, humildad y gran carisma que tiene, sería el mejor regalo que podría regalarles a los amigos del barrio y familiares que siempre creyeron en su talento.

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