La Selección
2010-08-30
El clima era de funeral. Un aguacero descomunal a las nueve de la noche, viento, lluvia y frío descargaban sobre Spa y, claro, sobre el campamento donde Ferrari recogía los bártulos.
Al pasar por allí, miradas hundidas, hombros encogidos como diciendo qué más se puede hacer y palabras con deje pesimista. Casi todos en el equipo rojo, dirección, empleados, patrocinadores e ingenieros. Todos, menos Fernando Alonso, a quien ayer saludaban como un líder en la prensa italiana.
En vez de fustigarle por su salida de pista o por la configuración del coche para el agua que no llegó, los periódicos destacaban su inconformismo. «Yo sí me veo campeón», aseguró.
La realidad, sin embargo, por mucha voluntad que ponga el español, no se puede esconder. También se refleja en numerosos titulares el «adiós al Mundial».
Susto Stefano Domenicali, el jefe de la tribu, tipo habitualmente sosegado, ni frío ni calor, pura mente matemática que invoca las llamadas a la calma, se dejó llevar por el shock de la retirada de Alonso en Spa: «Hemos perdido más puntos de los que debíamos. En Alemania estuvimos más cerca de los demás, pero parece que hemos retrocedido un poco este fin de semana».
La cruda realidad es que los números cantan. Algún resorte no funciona como debiera en la legendaria escudería italiana y tampoco Fernando Alonso los ha sacado de su mal fario.
El piloto asturiano lleva ya un año con la ley de Murphy a cuestas. Todo lo que pueda salir mal, saldrá. O la tostada cae siempre del lado de la mantequilla. Hace casi dos años, desde el gran premio de Brasil de 2008, que el equipo italiano no logra una 'pole'.
No ha conseguido ninguna esta temporada, claro está, y sus números tampoco son para tirar cohetes a tenor de su categoría: dos victorias (de Alonso, en Bahrein y Alemania) y dos vueltas rápidas.
A Domenicali no había forma de sacarle de su oscuridad transitoria. Ni siquiera cuando se le recordaba que Monza debe ser un circuito propicio para los coches rojos, muy rápidos este año en velocidad punta.
Y el trazado italiano es toda una sucesión de rectas: «Espero con todo mi ánimo que se cumpla el vaticinio de que los Red Bull no serán tan fuertes en Monza, pero en verdad no lo creo. Tienen un gran coche, así que todo puede formar parte de una táctica». El patrón de Ferrari recordó, como quien se agarra a un clavo ardiendo, el inesperado desenlace de 2007, el año de Alonso y Hamilton en
McLaren que desembocó en el título para Kimi Raikkonen: «Teníamos 17 puntos de desventaja y fuimos campeones. Seguiremos presionando».
Hay esperanza Es la idea de Fernando Alonso, que repite una y otra vez, dentro y fuera de las ruedas de prensa, que el nuevo sistema de puntuación (25 al ganador, 18 al segundo, 15 al tercero) cambia todo de un domingo a otro.
Y todo esto, si la FIA finalmente no termina metiendo mano a Ferrari por la carrera de Alemania. Juzga el próximo día 8 de septiembre las presuntas órdenes de equipo, aquel «Fernando va más rápido que tú, ¿has comprendido el mensaje?»; el adelantamiento de Alonso a Massa y la victoria del español. Si le quitan los veinticinco puntos, el sueño se acabó.