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Penoso: El fútbol de Honduras se volvió más salvaje y cavernícola

Ir a ver partidos de la liga hondureña no sólo se ha vuelto peligroso, sino también vergonzoso. Imperan los insultos y agresiones.

2019-05-18

'Al futbolista hondureño le falta cultura', dijo en 2005 el famoso entrenador Guus Hiddink cuando se le consultó durante el Mundial Sub 20 en Holanda sobre el fútbol catracho. Una verdad que duele y a la que hay añadirle otros actores.

En Honduras no sólo a muchos futbolistas les falta esa educación para saber comportarse, para saber reaccionar de forma apropiadada ante situaciones de presión, sobre cómo tratar a su rival, cómo reclamarle a un árbitro, a un periodista, a los aficionados y hasta cómo respetar las directrices de su entrenador. En este 'costal' hay que meter a muchos directivos, que se suponen tienen una educación superior, y también a muchos técnicos.

Lo que se vivió durante esta semana con el cruce de semifinal entre Marathón y Motagua merece que la Liga Nacional y la Federación de Honduras lo revisen sin color de equipo y que aplique sanciones ejemplares para que no sigan manchando nuestro fútbol, para que no sigan promoviendo la violencia y mostrándonos ante el mundo como un fútbol que lo que menos tiene es algo de profesional.

Quedó demostrado que el fútbol de Honduras se maneja al antojo y conveniencia de quien sea, el fair play que tanto presumen, se lo pasan por donde sea y no les importa exponer la vida de ninguna persona.

NOS COMPORTAMOS COMO SALVAJES

Y no sólo tiene que ver con lo sucedido en el estadio Nacional ni en el Yankel Rosenthal, esto trae una larga cola y que cada vez se pone peor. No hay respeto a las autoridades ni a nada, nos comportamos como salvajes no sólo en los estadios, sino en cualquier lugar. Lo que se ve en las canchas, gradas o en las afueras de un escenario deportivo, es la misma cara de un país lleno de frustración y que vive a la defensiva.

Nos gusta tanto la Champions o las ligas como la de Inglaterra, España e Italia, pero no nos gusta aprender lo bueno de esos países desarrollados. Aquí escondemos pelotas, los porteros se tiran al suelo para perder tiempo, nadie respeta un asiento aunque esté numerado, los entrenador se lanzan insultos, pone azucar en los asientos del contrario por pura cábala y ahora hasta atentan contra la vida de jugadores metiendo químicos en los camerinos, como denunció Motagua a Marathón.

Ir a los mundiales juveniles y mayores nos debería de dejar enseñanzas no sólo en el fútbol, sino también en cuanto a organización, administración deportiva, innovación, seguridad, pero parece que los directivos que se pasean por esos grandes eventos, no ven más allá de sus narices.