Con goles de Robert Lewandowski y Ferran Torres en El Sadar se desató la euforia en el entorno culé. Con esta victoria por 1-2, el FC Barcelona alcanza los 88 puntos, dejando la Liga prácticamente vista para sentencia a falta de muy pocas jornadas para el final.
El conjunto de Hansi Flick sufrió ante un Osasuna rocoso, pero el olfato del delantero polaco decidió el encuentro en el tramo final. Estos tres puntos obligan al Real Madrid a una gesta casi imposible si quiere mantener vivas las esperanzas matemáticas de pelear el campeonato.
La situación para los blancos es crítica. Mañana se enfrentan al Espanyol con la presión de saber que, si pierden, el Barcelona llegará al Clásico de la próxima semana como campeón matemático. Esto obligaría al Madrid a realizar el humillante pasillo en el Camp Nou.
En el vestuario de la Casa Blanca saben que evitar el pasillo depende de su resultado en Cornellá. Sin embargo, aunque ganen mañana, una victoria culé en el Clásico significaría celebrar el título de Liga directamente en la cara de los jugadores madridistas, un golpe letal al orgullo merengue.
La hegemonía del Barcelona esta temporada parece indiscutible. La ciudad condal ya prepara las celebraciones, mientras el madridismo reza por un milagro que, al menos, les libre de ver al eterno rival levantando el trofeo frente a sus propios ojos.