El baño de masas que se dio Boca la tarde del jueves en el llamado 'Bombonerazo' no fue más que una inyección de energía de parte de su multitudinaria hinchada, que se hace llamar 'la más grande del mundo'.
Leer: El gran gesto de Carlos Tevez con un aficionado de Boca Juniors
Desde tempranas horas del jueves, los fervorosos hinchas boquenses fueron llegando al templo del club de sus amores, y vistiendo de azul y oro, los colores de Boca Juniors, esperaron por horas en las afueras del estadio, a pesar de la fuerte temperatura (32ºC) que acompañó la mañana en Buenos Aires.
'¡Es mi vida! ¡Boca lo es todo para mi! Es el más grande del mundo. El resto no existe. Boca campeón y las 'gallinas' (como los boquenses se dirigen a River) van a llorar mucho más que cuando se fueron a la B', en 2011, dijo a un guardia de seguridad que dejó por una hora su uniforme para vestirse de auriazul.
Las puertas de la Bombonera se abrieron a las 2 de la tarde dos horas antes del inicio del breve entrenamiento, y casi en 45 minutos el templo del modesto barrio de La Boca alcanzó el máximo de ocupación con 45.000 almas delirantes, similar como ocurrió hace dos semanas en el 2-2 de la ida.
'¡La Final la jugamos todos!'. Así Boca Juniors invitó a su hinchada para acompañar al plantel de Guillermo 'el Mellizo' Barros Schelotto, que en apenas 25 minutos hizo fútbol en espacio reducido, mientras cada uno de los jugadores y el DT eran ovacionados al unísono.
No importó que un hincha saltara al campo para saludar a los jugadores, y tras él corrieran la policía y guardias privados para sacarlo a rastras.
Carlos Tevez, el emblema del equipo, salió al rescate del atrevido hincha, lo abrazó, le regaló el buzo con el que se ejercitaba, y la respuesta de aprobación de la Bombonera no se hizo esperar.