Fredy Nuila: "Fenafuth, las selecciones menores también importan"

El periodista de Diario Diez analiza el actuar de la Selección Sub-20 de Honduras en el Mundial de Polonia.

FREDY NUILA

El papel desarrollado por la Sub-20 de Honduras en el Mundial de Polonia 2019 es solo el reflejo de la podredumbre que hay en los cimientos del fútbol hondureño.

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No representar ni de broma el grado de rentabilidad que la Mayor, es la razón por la cual la Fenafuth ha dejado a la 'mano de Dios' el semillero del fútbol hondureño.

El vergonzoso papel de la Selección Sub-20 de Honduras en el Mundial de la categoría en Polonia es solo el fiel reflejo de que la improvisación solo conduce a un destino: el fracaso.

Ya no son tiempos para que, a manera de ahorrarse unos pesos, la Federación catracha siga dándole a sus empleados la dirección técnica de las distintas selecciones menores. Ese es un error.

Las clasificaciones a nivel Sub-17 y Sub-20, y hasta algún buen papel allá por 2013 a nivel infantil, tienen que ver única y exclusivamente con el talento que jamás en la vida se debe dudar que hay en el país.

No es por planificación o por tener a las personas adecuadas formando a las futuras generaciones que esto se ha dado.

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Darwin Diego fue uno de los jugadores que no rindió en los compromisos que estuvo en el Mundial.

Y ojo, esto no es una crítica fulminante y a lo tonto en contra de José Valladares, Carlos Tábora y sus antecesores (Giménez, Guifarro, Escalante, Umanzor, etc), ya que seguramente si a uno de nosotros nos ofrecen una oportunidad de estas -con cartón de entrenador en mano, claro- de una la tomamos. Tampoco desconfío de las aptitudes que tienen.

Pero es que ver a una línea defensiva sin coordinación alguna, carente de personalidad y abrumada por las deficiencias tácticas que se tienen que ir corrigiendo justamente a esta edad (menos de 20 años) nos dan la pauta de no tener a las personas adecuadas haciendo el trabajo.

Del mediocampo ni que hablar. Joseph Rosales y Cristian Cálix hicieron, en sus escasas intervenciones en el torneo, lo justo para creer que debieron ser titulares. Al menos los 19 goles encajados, sin anotar uno solo, me dan la pauta de que no estoy errado en relación a lo que quienes jugaron más que ellos podían dar.

No podemos seguir abofeteando a estos chicos... marcándolos de por vida por presentaciones como la del ya inolvidable 30 de mayo de 2019. El ser los intérpretes de la idea del seleccionador en la cancha les da alguna responsabilidad, eso sí, pero por supuesto que no toda.

Ver a Everson López, volante de Motagua, propinar una patada descalificadora a un rival y salir llorando con impotencia le rompe el corazón a cualquiera, al menos a mí me causó pesar porque este joven, con futuro seguramente, no es el culpable absoluto de ello.

Es necesario, o mejor dicho urgente, que traigan mano extranjera para comenzar a convencer al jugador hondureño de que estudiar es vital para comprender con facilidad una instrucción y materializarla en movimientos más sistematizados y propios del 'deporte rey' que se juega hoy en día y evoluciona a ritmo meteórico.

El fútbol ha cambiado, señores. Ya no es con 'garra catracha' que se hace respetar fuera de nuestras fronteras. Es con capacidad, que la hay seguro, pero que no la estamos poniendo en poder de gente con la mentalidad de darle un giro de 180 grados a las perspectivas de vida de estos jóvenes.

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Mariano Álvarez actuó poco en este Mundial en Polonia.

Ahi está Fabián Coito, jefe de los destino de la Selección Nacional rumbo al Mundial de Qatar 2022. Con demasiada experiencia para asesorar y suficiente conocimiento de currículos de técnicos capaces de darle un giro a esta historia.

Mientras la Fenafuth no capacite adecuadamente a nuestros entrenadores, que vuelvo y repito, es ineludible que existen muchos con facultades, tendremos que seguir viendo para afuera. Al menos es lo que se me ocurre.

Autoridades, si no quieren que pensemos que estamos a las puertas de un nuevo 'secuestro' del fútbol de Honduras, hagan algo visible. Algo que en realidad nos dé a entender que les importa un poco lo que ha sucedido.

No pueden nuestros niños seguir jugando en tierra. La Sub-20 evidenció hasta eso. Reflejo que jugar en un buen césped les era ajeno.

Sigamos pensando en la autosostenibilidad y 'negocio' que simboliza la Mayor, eso está perfectamente sobreentendido y es aceptable, pero no dejemos morir desde temprano las esperanzas de estos muchachos...

Recuerden que cuidando la calidad de la semilla se evita una mala cosecha, o en palabras más simples: escasas clasificaciones a Copas del Mundo adultas o, en caso de ir, 'papelones' como los que hemos venido haciendo.

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