De nuevo con un gol de Alexander Sorloth, como en cada uno de los siete puntos sumados en las tres jornadas jugadas de 2026, el Atlético de Madrid desató una victoria imprescindible contra el Mallorca (3-0) para creer aún en que todo es posible en LaLiga, a la expectativa y a la estela del Barcelona y Real Madrid.
Es el momento de Sorloth. Nunca había sido tanto titular, jamás se había sentido tan importante en el equipo, ni con tanta confianza propia y de su entrenador Diego Simeone, que apuesta por fin de verdad por él.
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Su gol rompió el partido contra el Mallorca. El único capaz de superar a Leo Román en el primer tiempo. El portero se lució primero en tres remates consecutivos. De l propio Sorloth, Giuliano y Barrios, uno detrás de otro sin pausa. Y después sacó una mano prodigiosa a Marcos Llorente. El rechace le cayó a Sorloth, que remachó el 1-0 al 22'.
El origen de todo lo que sucedió fue un saque de banda. Una novedad en el Atlético. En cada lanzamiento desde el lateral, siempre que fuera cercano al área rival, Giuliano Simeone, no sólo por la derecha, sino especialmente por la izquierda, cuando se cruzaba todo el campo específicamente para el saque, lo envío adentro del área, como en el gol.
Entre tantos partidos, entre tanta carga pasada y por delante, el 1-0 relajó al Atlético. No Simeone, que fue pura tensión entonces. Al borde de la línea del campo, incluso adentro, con gestos, movimientos de un lado a otro, cada vez que el Mallorca cruzó el medio campo visitante.
Y eso no le gustaba nada de nada al técnico argentino, que solo rebajaba su energía cuando el balón ya era de su equipo. Entonces pedía calma a sus jugadores, que enfilaron el vestuario con el triunfo mínimo, con la advertencia latente del último choque contra el Alavés o de tantos y tantos otros, siempre presente cuando la diferencia es tan escasa.
No logró la calma el Atlético, no sucumbió el Mallorca, en un partido dentro de la inquietud razonable de una ventaja de un solo gol, ya sin Baena, cambiado por Simeone a la hora del encuentro para incluir a Nico González por el sector izquierdo.
El partido del internacional español siguió por debajo de lo esperado, incluso aún más en una tarde gris, lejos de lo que es y lo que fue a buscar el club madrileño en verano por 42+13 millones.
Es un futbolista para mucho más, por todas las condiciones que tiene, por su visión y por su juego. También está llamado a un protagonismo más decisivo, ajeno durante todo el duelo contra el Mallorca al gol, a la precisión y al pase en los últimos metros.
De su evolución en próximas fechas dependerá también la del Atlético, como sucede con Julián Alvarez, más activo en el primer tiempo, menos en el segundo y todavía irregular.
Un remate de Sorloth y dos tiros de Barrios, ya consumidos 20 minutos del segundo tiempo, no fueron suficientes para resolver el encuentro. Tampoco el Mallorca demostró nada para pensar en el empate, más allá de una falta altísima de Johan Mojica.
Ni una sola exigencia para Oblak, pero siempre en ese riesgo latente, como puso de manifiesto Muriqi con su primer remate, al lado de la portería del esloveno. El primer susto.
No fue a más, porque la siguiente jugada fue el 2-0 del Atlético, en propia puerta de David López, tras una bonita conexión entre Marc Pubill y Marcos Llorente. La celebración de Simeone, enloquecido con el segundo tanto, delató la importancia del gol, del momento y de la victoria, de nuevo dentro de la competencia aparente por LaLiga, agrandada la diferencia en el tramo final con un golazo de Thiago Almada.