No Todo es Futbol
2016-09-19
Muy poco se sabe del fútbol de Medio Oriente, más que Egipto, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y algunos otros países, pero más que todo por sus selecciones no por lo que sucede en sus ligas de fútbol.
Esta vez, es todo lo contrario, pues un futbolista brasileño, de nombre Edmar Figueira, ha contado su pasado en el fútbol de Siria con el Al-Shorta a los muchachos de Pasión Fútbol.
El futbolista, que también tuvo un breve paso por el fútbol de Costa Rica con el Cartaginés, tras salir de Siria, se instaló de nuevo en su país natal para jugar con el SP Sao Paulo del Campeonato Gaúcho.
Figueira arrancó su carrera en esta vida del fútbol cuando tenía 18 años, el jugador comenzó en el Matsubara de la Primera División del Campeonato Paranaense. Luego emigró a Suiza donde el Grasshopper de Suiza le abrió sus puertas por un año. después tuvo pasos por el Banants de Armenia, Cartaginés de Costa Rica, Pune FC de India, Feirense de Portugal, Ceahlăul de Rumania y Oberneuland de Alemania.
Eso sí, no son muchos los jugadores sudamericanos que han tenido la oportunidad de jugar allí y Figueira, por gracia de Dios salió vivo de un país sumergido en las guerras y ha vivido para contarlo.
LA ENTREVISA:
¿Cómo se dio tu llegada al fútbol sirio?
Estaba jugando en FC Oberneuland en Alemania y un amigo que jugaba allí me presentó un agente brasileño/sirio que me hizo una buena propuesta del Al-Shorta de Damasco (capital de Siria), club al que arribé. Me fui solamente para jugar la Champions League de Asia (AFC Cup), porque el campeonato nacional ya no podían jugar más extranjeros por medidas de seguridad.
Era un lugar totalmente desconocido, ¿con qué situación te encontraste?
En los partidos del campeonato nacional ya no había gente en el estadio por miedo de los atentados, y nosotros los juegos internacionales los disputábamos en Jordania, entrenando en los campos de juego en Beirut, en Líbano, la mayor parte del tiempo. El aeropuerto de Damasco ya estaba restringido, entonces íbamos en bus por la frontera de Damasco hasta Beirut, allí nos quedábamos y hacíamos los vuelos para los partidos afuera, Kuwait, Jordania, etc. Mientras que el tiempo que pasamos en Damasco entrenábamos en una Área Militar muy encerrados y, claro, incómodos con los estruendos de los bombazos de un barrio al otro. Vivíamos en un hotel en el centro, el Blue Towers Hotel.
¿Cómo era la gente en el día a día?
Es como en todas partes, hay gente buena y mala, pero a pesar de todas las dificultades, la gran mayoría era muy amigable.
¿Y tu convivencia con el tema de la religión y el idioma?
El tema de la religión es muy delicado allá, pero yo nunca tuve problema por ser cristiano. Ellos tienen sus horarios de oraciones que, hasta en los entrenamientos, dependiendo del momento del día, se juntaban en la cancha y quedaban de rodillas en el campo orando antes de empezar. Son muy estrictos. En cuanto al idioma, todos los directivos hablaban inglés y muchos de los jugadores también, entonces estaba tranquilo porque hablo inglés fluido, aunque algunas palabras en árabe aprendí.
¿Qué fue lo más curioso que te pasó?
Cosas raras me pasaron miles. Si tuviera que contarte todo no me alcanzaría un día (risas). Sin dudas, lo más impresionante fue en Damasco. Cuando llegó el director me dijo que no le tenga miedo al ruido de las bombas que eran todas lejos de nosotros. Pero al dia siguiente me desperté y un carro bomba explotó matando a 200 personas a solo cinco cuadras de nuestro hotel y al lado de nuestro centro de entrenamiento. ¡Tremendo!.
Después de esa situación, ¿no pensaste en dejar el equipo?
Sí, obviamente pensé en irme. Pero después con los viajes y los partidos te vas olvidando, continúas haciendo lo que te gusta.
¿Qué nivel de competencia había?
La Selección Nacional de Siria era prácticamente mi equipo, y con todos los problemas que había en el país hicieron unas buenas eliminatorias. Creo que era una inspiración para los jugadores, tanto sufrimiento que estaba viviendo su patria. Mi equipo, era una de las mejores instituciones y llegamos hasta semifinales de la Champions League Asiática (del 2015).
En el último Mundial Sub 17 se dio la participación de Siria por primera vez en la historia. ¿Cómo trabajan las divisiones formativas y qué motivación tienen allí por el fútbol?
La motivación es muy grande, pero la estructura que tenían se dañó casi por completo. El equipo principal de la selección sobrevive pero no se puede planear a largo plazo. En cualquier momento todo puede cambiar. En las inferiores van llevándola como pueden, entrenando con lo poco que tienen y sin saber qué pasará. Sin embargo, hay muy buenos jugadores allá, tienen un gran porte físico y buena técnica.
Después de haber vivido... ¿qué te generaron los atentados de los últimos días?
Es muy complicado hablar de este tema. Me entristece mucho cuando pasan cosas como esta, le debe suceder a la mayoría. Nos deja muy aprensivos y temerosos, pero hay que continuar.
¿Sigues en contacto con tus excompañeros?
Sí, aún tengo contacto con algunos que juegan en la Selección. Les pregunto cómo está su familia y luego solo nos ponemos a hablar de fútbol, es lo que nos gusta.
Con tu experiencia en otros países, ¿cuál es la comparación que puedes hacer con otras culturas?
Son tantos países a los que fui que acostumbro a hacer la división por continentes. Europa, por ejemplo, es muy hermoso y la calidad de vida es espectacular. Las personas son muy educadas e inteligentes, además la comida es buena y las estructuras de los clubes son sensacionales. En los países árabes que están en Asia siempre hace demasiado calor. La comida no es tan mala pero es muy diferente, siempre muy picante, y es complicado acostumbrarse para algunos. En cuanto a los directivos y agentes es muy difícil trabajar, son personas duras. Para hacer negocios en el mundo del fútbol con los musulmanes tienes que estar muy atento. Mientras que en países como India, el deporte está creciendo, pero aún tienen mucho que hacer en cuestión de organización, profesionalismo y estructura; dinero no les falta y esto atrajo a muchas estrellas como Zico, Robertos Carlos, Nicolas Anelka, Elano o Lucio. En América Central, ya es bien fácil de acostumbrarse. El clima, la comida y el idioma, ya es mucho más familiar. En mi caso tuve que aprender mejor el español, pero no hubo problema.
¿Qué reflexión te deja el hecho de haber conocido esta diversidad de culturas gracias al fútbol?
En todas partes, lo que más me alegra son las personas y amigos que hice, independientemente del país o religión. Pasé mucho frío para entrenar, tuve mucha dificultad con la alimentación por las diferentes comidas y también en el comienzo para comunicarme, por el idioma. Pero el fútbol siempre ha hablado más alto y unido muchas culturas y etnias. Creo que el deporte, en general, tiene un valor muy grande en la sociedad mundial y espero que las personas no continúen aprovechándose de eso para el beneficio propio como se ve actualmente con tanta corrupción, casos de doping y todo lo demás.