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El fútbol en Egipto es algo más que una pasión

Para la mayoría es una forma de vida y de pensamiento, una pasión que arde igualmente en las gradas.

2012-02-02

Javier Martín, redactor jefe de la agencia de noticias internacionales EFE, fue 12 años corresponsal de este medio en El Cairo. A continuación relata lo que significa vivir en Egitpo. Es una forma de conocer la vida y pensamientos de su gente después de los trágicos incidentes que acabaron con la vida de más de 74 aficionados durante un partido de fútbol.

'Recién aterrizado en El Cairo, aferrado aún a un precario árabe, cualquiera que pretenda afincarse en Egipto debe tomar una importante decisión. A la primera que monte en uno de sus desvencijados y eclécticos taxis y chapurree varias frases seguidas en áspero dialecto capitalino, deberá contestar a tres preguntas: nacionalidad, estado civil y equipo de fútbol egipcio preferido.

Y no es una cuestión baladí. Definirte como hincha de uno de los dos grandes equipos que durante años han monopolizado el balompié puede hacer que tu viaje por las atestadas y caóticas calles de la capital termine paladeando un azucarado café con un nuevo amigo o que te bajen en la siguiente esquina y te tripliquen el precio de la carrera. Y es que el fútbol en Egipto es algo más que una pasión. Es una forma de vida y de pensamiento.

Durante años, la rivalidad -nunca exenta de violencia- se limitó a las dos grandes escuadras capitalinas. El Zamalek, considerado el equipo de la burguesía acomodada y el Ahli (Nacional), asociado durante décadas a los barrios proletarios. Fundado en 1911 por un abogado de origen belga llamado Merzbach, su primer nombre, Kasr al-Nil, hacía referencia a la orilla del Nilo en la que los primeros egipcios comenzaron a pegar patadas a un balón.

DICTADURA Y PASIÓN

Cuenta la leyenda que la pionera versión del fútbol más allá de las fronteras de China fue a orillas del Nilo y que la disputaban los obreros que trabajaban en las pirámides cuando ganaban algún tipo de permiso.

El Zamalek creció a lo largo del siglo XX en la isla del mismo nombre que acogía las grandes villas de la corte del rey Faruk, de quien algunos aseguran que era uno de los mayores fans del equipo blanco.

Pronto entró en dura competencia con el Ahli, considerado uno de los equipos más antiguos de África y el que más títulos atesora en este continente. Una rivalidad que ha llegado a obligar a la federación egipcia a contratar árbitros extranjeros para dirimir sus siempre duros partidos.

En la primera década de este siglo, uno de los derbis cairotas acabó a los dos minutos de haber arrancado.

En ese tiempo, el árbitro, llegado de un país europeo, tuvo tiempo suficiente para expulsar a una decena de jugadores entre los dos equipos.

Una pasión que arde igualmente en las gradas. Durante los años de la dictadura de Mubarak, el fuerte dispositivo policial evitaba la violencia. Alineados en las gradas, miles de policías y efectivos de los grupos antidisturbios formaban un muro que separaba a las dos aficiones.

Un dispositivo que los servicios secretos trasladaban a las cafeterías. Allí, la pasión de los egipcios por el fútbol compite con su adicción al narguile o shisha (pipa de agua), el té negro intenso y el backgammon o taula. Pero, cuando el balón rueda, todo se detiene.

Es una cuestión de política y vida. Así lo cuenta Al Khamissi: 'Intenté que 'el taxista' se hiciera del Ahli, como yo, pero me dijo que el Zamalek iba cada vez peor y que necesitaba que estuviera a su lado; no como el Ahly que estaba en la cumbre y no necesitaba que nadie le animara'.

-El Zamalek es como Egipto. Por eso tenemos que estar a su lado, para detener su retroceso.

-¿Y cómo podemos ayudarle nosotros?, le pregunté.

-Podemos ayudar a Egipto preparando a nuestros hijos para la guerra.

SIN FÚTBOL

La Asociación de Fútbol retrasó la 16ª jornada de la Liga, que debía disputarse la semana pasada, para evitar los enfrentamientos y las manifestaciones contra los militares coincidiendo con el aniversario de las primeras protestas contra la caída de Mubarak, el 25 de enero. Los temores a que se produjera una acción violenta coincidiendo con algún encuentro se habían incrementado. Los cruces de amenazas en Internet entre los grupos de ultras habían subido de tono y decir que el ambiente entre los dos equipos era de rivalidad era quedarse muy corto.
La policía es vista con resentimiento por la población, que la considera el brazo ejecutor de la política represiva de Mubarak. Es, sin duda, el caso más grave, pero no el primero en el que, temerosa de los grupos violentos, no se presenta a un partido, se presenta en un número inferior al necesario o evita intervenir en los disturbios. 'Si fueses a un estadio y vieses cómo la policía a caballo azota a los ultras sin razón, entenderías la naturaleza de la relación.

Es el resultado de una brutalidad constante sobre ellos. Odian a la policía, e iniciarían una pelea en cualquier ocasión que se presentase', advirtió Ahmed Gafaar, sobrino de Farouk Gafaar, una leyenda del Zamalek, y fundador de un grupo ultra de apoyo al equipo. La amenaza se hizo ayer realidad.