La Selección

Dani Turcios siempre andaba en pelotas

Dani turcios en su infancia sufría de problemas de alergia en la piel y siempre le gustaba caminar desnudo hasta que ingresó a la escuela a la edad de siete años, asegura su padre don Saúl.

2010-06-16

Dani Turcios empezó a escribir su historia desde muy chico. Incluso hay quienes lo recuerdan como uno de los más relajeros y malcriados de Sonaguera, Colón. Siempre fue muy inquieto y peleón con los demás pequeñitos del pueblo y la pelota, ésa que cargaba como alma gemela, poco a poco pulía el diamante en bruto de una estrella en ciernes.

Don Saúl, su padre, no olvida que su esposa doña Dora tenía una pulpería y Dani “no dejaba en paz a todos los niños que iban a comprar”.

“Recuerdo que la pulpería de Dorita quebró porque Dani le pegaba patadas a los niños y les jalaba el pelo a las niñas”, dijo con una sonrisa nostálgica. Dani siempre recibió el apoyo de su padre para que jugara al fútbol, pero éste jamás se imaginó que iba a ser un gran jugador.

Siempre iba a jugar pelota en el campo con su hermano Saúl, él jugaba descalzo y yo jamás se lo prohibía. Recuerdo que sus primeros tacos se los regalé a los 15 años, cuando jugó en el Sampdoria, el equipo del pueblo”, recordó.

Y después añadió: “Nosotros teníamos reglas en la casa y yo trabajaba en la Standard Company y regresaba a la casa a las seis o siete de la noche. Si ellos no estaban en casa, me molestaba porque tenían todo el día para jugar”.

El mejor amigo de Dani siempre fue su hermano mayor Saúl, quien siempre lo acompañaba a jugar y a chistear en la esquina de la cuadra.

Saúl recuerda muy bien la relación que tenía con su hermano y aseguró que el pequeñín siempre fue una persona especial. “Yo siempre me llevé bien con Dani, claro que teníamos nuestras peleas, pero siempre lo vi algo normal como pasa con todos los hermanos”, advirtió.

De paso rememoró que “nunca olvido que nos gustaba jugar en contra en las potras de las tardes, yo armaba mi equipo y Dani el suyo.

Esas potras eran a muerte y como un clásico”. También recordó que “muchas veces terminamos peleando y mi papá se enojaba y nos castigaba porque decía que no parecíamos hermanos”.


CON ACTITUD
Don Saúl asegura que uno de los días más tristes en la familia fue cuando Dani decidió irse a la capital para jugar al fútbol.

“Ese día todos estábamos muy tristes como si hubiera muerto alguien de nosotros. Dora no dejaba de llorar porque Dani apenas tenía 16 años y estaba solo en la ciudad”, reveló don Saúl. Dani en ese momento no le tuvo miedo a la aventura para buscar su sueño.

“Dani me dijo ‘yo me voy porque no voy a ser un jugador de pueblo y voy a llegar lejos’”, dijo el orgulloso padre.

'ME METÍA EN MUCHOS PROBLEMAS'

El gran amor de Dani es su madre doña Dorita, a quien el Enano le sacó muchas canas por sus travesuras de chiquillo inquieto.

Dani era castigado de todas formas. Doña Dora le pegaba, lo hincaba, no lo dejaban salir por varios días de la casa, pero el Enano no cambiaba para nada.

Doña Dora no olvida que Dani era un niño tremendo y que siempre le hacía escándalos de todo tipo, en la calle y en la casa.

“Recuerdo que una vez me hizo un relajo. Yo tenía visita y él empezó a pegarle a Saúl, su hermano. Los dos se agarraron y yo los mandé a hincar y cuando se fue la visita, me fui al cuarto para pegarles y él sólo me decía: ‘No mami, no me pegués’, no lo olvido”.

Doña Dorita recuerda como si fuera ayer, que recibía bastantes quejas de las madres de todos los niños del pueblo.

“Dani me metía en problemas. A todo mundo molestaba y yo no sabía ni qué hacer porque era demasiado tremendo”, refirió con firmeza.
Empero, el Enano, poco a poco fue creciendo y su carácter fue cambiando. “Lo que nunca le cambió fue el sueño de jugar en primera división”, remarcó.

POR TODO EL MUNDO
Por las paredes de la casa de la familia Turcios-Fúnez aún se podrían escuchar las palabras de Dani: “Mami, yo voy a ser un gran jugador y muy reconocido en todo el mundo. Ya va a ver”, repetía Dani a cada rato.

Y de esa forma doña Dora remarcó que una vez “que estábamos almorzando me dijo: ‘Mami yo voy a ser un gran futbolista muy reconocido en todo el mundo’, y yo le contesté: Dani, ¿te hizo daño la comida?, y me dijo que no, que algún día lo iba a presenciar”.

Eran tales los sueños del pequeñín, que su madre recuerda que una vez su hijo le pidió unos tacos para jugar y ella le dijo que dejara de molestar, entonces “él me dijo, ya va a ver mami, cuando sea jugador, yo voy a tener todos los tacos que quiera y eso lo ha cumplido”.

También le prometió que cuando él llegara a tener dinero, estaba dispuesto a comprarle todos los zapatos que quisiera. Dani ahora le compra todo lo que su madre desea.

“Jamás olvidaré todo lo que me decía Dani y ahora sólo me toca darle gracias a Dios porque se le han cumplido muchos de sus sueños”, decía doña Dora casi al borde de las lágrimas... pero de felicidad.

'ME QUITÓ EL CUPO EN EL EQUIPO'

El primer equipo en el que jugó fue el Sampdoria del pueblo de Sonaguera. Apenas tenía 15 años. Saúl, su hermano mayor, jugaba con él en el equipo y un día recibió una oferta del Aguán Valle de Segunda División.

Saúl recuerda que aceptó y recomendó a Dani para que fuera al equipo.

“Les dije a los directivos del Aguán que tenía un hermano que era mejor que mí y me dijeron que lo llevara a probar”.

Entonces recordó: “Fuimos los dos a la pretemporada para jugar en el equipo y Dani anduvo muy bien y él se quedó en el equipo, me quitó el cupo a mí, que fui el que lo llevó”.

'LOS MAESTROS LE PEGABAN BASTANTE'

Debido a esa inquietud que no le permitía estarse quieto por un segundo, constantemente Dani era castigado por los profesores de la escuela. Júnior, su hermano menor y quien convive mucho tiempo con el mundialista, nos contó que Dani pensaba en otras cosas antes de ser futbolista.

“Mi mamá recuerda que Dani le decía que iba a ser profesor cuando fuera grande para poder desquitarse de todas las macaneadas que le daban porque le pegaba a todos los niños”, dijo Júnior . Y agregó: “Dani odiaba a los maestros porque le pegaban bastante, pero él tenía la culpa”.

UNA VEZ LE DIO UNA ALERGIA LETAL

Dani desde niño ha sufrido de muchas alergias en su cuerpo y la más fuerte la vivió a los ocho años cuando andaba sembrando una milpa de maíz con su papá.

Don Saúl, su padre, recuerda que ésta fue la alergia más fuerte de todas y lo tuvo que llevar al hospital porque era muy grave.

“Ese día en la mañanita lo levanté y le dije ‘vamonos Dani a sembrar’, él tenía sólo ocho años”, recordó don Saúl.

Y siguió expresando: “Yo siempre me voy a arrepentir de haberlo llevado porque me salió caro. De regreso traía el cuerpo lleno de ronchas y venía muy grave” .

'CAMINABA EN PURO GÜEVOS'

Don Saúl recuerda que con Dani, él y doña Dora sufrieron mucho porque no le gustaba vestirse.

“A Dani le hacía daño toda la ropa que le poníamos. Con ese niño sí sufrimos”, reveló don Saúl. Y hasta dijo que “se vistió por primera vez cuando tenía siete años y eso fue porque tenía que ir a la escuela, antes de eso sólo caminaba desnudito en puros güevos”.

La historia no queda ahí porque cuando Dani regresaba de la escuela, lo primero que hacía era quitarse la ropa y andar desnudo todo el día. “Esa lucha fue muy difícil hasta que gracias a Dios, con tratamiento, se le quitaron las alergias en su cuerpo”, concluyó el padre de Dani.

'CON ESTAS PIERNITAS VAS A TOMAR FRESCOS'

Las tardes interminables del fútbol tenían que rendir frutos. Los regaños de su madre doña Dora también eran de nunca acabar. Saúl, su hermano mayor, recordó que entonces “Dani le decía a mi mami, ‘un día de éstos te vas a tomar un fresquito de estas piernitas. Ya verás, voy a ser un futbolista muy reconocido’, y lo logró”.

Con una sonrisa notoria, Saúl recordó así la respuesta de su madre. “Qué me voy a estar tomando frescos con esa esperanza... Dejá de soñar Dani y estudiá mejor”.

Sin embargo, Dani no le regala un refresco a su madre en la actualidad porque prefiere regalarle todo lo que ella quiera, por el gran amor que le profesa.

EL RETRATO

Dani fue el típico niño travieso de los que le sacaban canas verdes a cualquiera. Y todavía en la aldea La Curva, en Sonaguera, Colón, todos recuerdan al picarito de los Turcios que con sus diabluras hizo y deshizo.

En casa, Dani peleaba con sus hermanos. En la calle bromeaba con sus amigos y en la escuela le jalaba el pelo a las niñas y era temido por todos sus compañeritos.

Dani nació en una familia muy humilde y luchadora, y del Enano que siempre iba por las tardes al salir de la escuela a jugar al campo del pueblo, quedan muchos recuerdos.

Doña Dora Fúnez, su madre, recuerda que Dani vivía ilusionado con el hecho de llegar a ser un jugador reconocido en el país.
Con el paso del tiempo lo logró.

“Yo me reía de las cosas que me decía Dani porque siempre me repetía que él me iba a dar de comer jugando fútbol”.

Ella en esos momentos no pensaba que Dani iba a ser parte de la historia de Honduras y de la gran cantidad de jugadores excepcionales que nos llevaron a una segunda cita mundialista. Hoy lo celebra.

SU PASADO

En su infancia fue un niño molestón, berrinchudo y malcriado. En la escuela lo castigaban porque le pegaba a sus compañeros.

MAYOR SACRIFICIO

Cuando jugaba en la Universidad, prefería ir a entrenar que tomarse un refresco. El Enano vivía con lo justo y sin lujos.

SU SUELDO

Su primer salario fue de 4 mil lempiras. Dani sólo tenía 17 años y de su primer pago le regaló una buena parte a su madre.