Liga Hondubet

Conozca a Stiven Jiménez, una dramática historia de vida

El delantero colombiano revela lo que le tocó sufrir al no consolidar su carrea en el fútbol de Honduras.

2012-09-30

Declarado amante de la salsa, de los libros de poesía y el fútbol, el delantero de Platense Stiven Jiménez nos confesó además su pasión por el baile, la familia y el Deportivo Cali.

Este colombiano de 22 años, a quien en su tierra apodan el “Loco”, es graduado en técnico en electricidad, pero desde siempre supo que su carrera sería como futbolista. Luego de su paso por selecciones juveniles, alternó en dos equipos de primera división de su país: Quindío y Cortuluá, además de tener un breve paso en la liga de Ascenso cafetalera.

El fútbol colombiano no le presentó razones para quedarse, por lo que el 1 de julio de 2010 llegó a Honduras, a través de Carlos Restrepo y Jair Llantén, quienes lo recomendaron al Necaxa, dirigido entonces por Jorge Jiménez.

Después de dos semanas las cosas no se concretaron, así que viajó a La Ceiba, allí Bryan Beckeles se hizo cargo de él durante 15 días, mientras se mantenía entrenando bajo las órdenes de Carlos Martínez, al final tampoco se quedó.

Sin boleto de avión de regreso a Colombia, Jiménez quedó a la mano de Dios hasta que Duván Ramírez lo llamó para que se probara en el Victoria.

“Allí logré quedarme. Recuerdo que uno de los directivos me hizo una llamada y me citó en un restaurante de comida rápida, no conocía, pero le dije que yo llegaba. Así fue y me quedé por un año”.
UN MAL RECUERDO

La estadía de Stiven Jiménez en la Jaiba fue agridulce, ya que si bien contó con la confianza, primero de Jorge Pineda y luego de Nahún Espinoza, una lesión y luego un mala jugada del destino lo dejaron al margen del equipo.

El 15 de mayo de 2011 lo arrestaron junto a Óscar “Pescado” Bonilla, acusándoles de conducirse en estado de ebriedad.

“Regresábamos de un cumpleaños, la policía nos detuvo y al ver que éramos jugadores nos pidieron dinero, se les dio, pero querían más. No les dimos y eso les molestó”, comentó Jiménez, quien prefiere dejar eso en el olvido.

Relegado a las reservas, el sudamericano enfrentó también otra dura realidad: la falta de dinero. “Comía semitas y tomaba refresco para pasar el hambre. Era tan duro que me le escondía a la señora del apartamento porque no tenía cómo pagarle”, nos cuenta con valentía.

Raúl Sambulá fue quien lo salvó de esa situación, llevándoselo a la Real Sociedad en segunda división.

“En Tocoa estuve dos temporadas y viví una gran experiencia, comencé a conocer bien el fútbol hondureño, me convertí en goleador del club, pero cuando ascendió no llegamos a un arreglo. Tampoco dejé las puertas cerradas, pero preferí buscar otro aire y llegué a Platense, acá me siento bien”.

Ahora este joven encontró en Puerto Cortés un lugar donde sentirse cómodo tanto personal como futbolísticamente, eso sí, continúa extrañando las empanadas y buñuelos que su madre Martha Esguerra hace allá en Cali.