Óscar Benítez, las manos milagrosas que salvaron la pierna de Garrido

Admite que en su vida jamás había visto una lesión de la magnitud del seleccionado hondureño.

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Jorge H. Cardona

Cuando abres la puerta de su consultorio médico lo primero con lo que uno se topa es con una ristra de camisas de muchos equipos que los futbolistas le han regalado.

Hay playeras de todos los gustos y colores, desde México hasta Venezuela o desde Italia hasta Inglaterra, por supuesto que de la Selección de Honduras es imposible no mostrarla. Desde allí te das cuenta quién es Óscar Benítez y por qué le llaman las "manos milagrosas" de muchos jugadores.

Es el médico que el pasado 17 de noviembre le salvó la pierna a Luis Garrido tras sufrir una terrible lesión de su rodilla derecha en el duelo contra México por la eliminatoria mundialista.

Benítez es un hombre de fútbol, más allá de su profesión como ortopeda; es fanático del Marathón y de los colores de la Selección, muchas veces le ha tocado trabajar hasta de gratis, un amigo de la mayoría de futbolista que buscan que sus manos lo operen.

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Ya todo se ha dicho de lo que pasó con la lesión de Garrido y todo el proceso de recuperación, pero esta vez Benítez nos relata el lado humano, ese que pocos conocen y que le tocó vivir con el seleccionado nacional.

VER: ASÍ SE LESIONÓ LUIS GARRIDO

"Ha sido de mucho estrés, a parte de mucha responsabilidad, pero estamos dando lo mejor, al mismo tiempo, lo estamos apoyando para que su proceso de recuperación sea fácil, familiar, estamos con una atención personalizado como lo he hecho con la mayoría de jugadores desde los procesos de selecciones en los que he estado", dice sentado al lado de la camsa donde el jugador se recupera en el hospital Cemesa.

Esa buena química se la ha ganado desde 1991 cuando comenzó en esto del fútbol. "He mantenido una relación familiar. Los jugadores encuentran en mí alguien de confianza, alguien que les puede ayudar, yo he funcionado con ellos como una guía, sobre todo con los que juegan afuera".

Benítez relata ese momento difícil que vivió cuando vio la lesión de Garrido. "Mi hijo me decía yo no quiero ver eso, luego todo mundo lo miraba una vez pero otra vez ya no, pero yo estaba preocupado más por lo que había pasado, quería explorar hacia donde se había ido la rodilla".

Por eso admite y confiesa que "en el fútbol y a nivel mundial, porque he conocido todas las historias de lesiones, pero nunca tan impactante como esta lesión en el fútbol, nunca lo había visto y soy honesto, lo vi en el fútbol americano, pero no en el soccer, a parte la hiperextensión que hizo hacia adelante fue impresionante y ya sabía de la responsabilidad, por eso hablé con Garrido sobre lo que había pasado".

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Ese día y la noche fueron largas para el doctor. "Llegué tarde y fui a hacer otro tipo de cosas cuando ya se había tomado la decisión de operarse aquí. Comencé a planificar de lo que se venía, luego llamé a la casa comnercial por los injertos, además comencé a estudiar, me fui a la anatomía, agarré mi libro de luxaciones de rodillas y todo esas cosas lo fui planificando, sobre todo las técnicas a usar para un futbolista, porque es diferente a un no atleta. La cosa es que yo quería dejarlo al 100 % y que todas sus estructuras quedaran bien".

Óscar Benítez es de religión católico, pero admite que su esposa es más religiosa en ese sentido, sin embargo, cada vez que hace este tipo de operaciones todo lo pone en manos de Dios. "La parte espiritual es muy importate, si tu no tienes fe y creencia en Dios no haces nada, eso tiene que ver mucho. Soy católico, pero mi esposa es mas religiosa, pero tengo mucha fe y todo lo que voy hacer lo pongo en manos de Dios".

Respeta a quienes le llaman las manos milagrosas por su don. "No, no, nada de eso, Dios no da todo, uno tiene que ayudarse también, además tiene que ver tu honestidad y preparación. Claro, hay gente que he operado y que aún así no me miran bien, hay otros que me felicitan. No quedaré bien con todo mundo, hay ciertas complicaciones que no se pueden evitar. Pero ahora yo invierto en máquina y tecnología y eso es vital".

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Su especialidad es atender lesiones de rodillas, pues recalca que "me especialicé cuatro años en esto, me fui a estudiar fuera del país y a veces eso es la diferencia, pero igual, uno en esto debe seguir estudiando".

Benítez fue parte de los procesos mundialistas de Ramón Maradiaga cuando estuvo con Honduras, además trabajó con Reinaldo Rueda para Sudáfrica 2010, esta vez en la era de Jorge Luis Pinto regresó para apoyarlo, aunque nos confesó una discusión que tuvo con el colombiano apenas el primer día del encuentro.

"Cuando yo entré al campo desde ese primer dia me enfrenté con él: Yo me fui al Olímpico y cuando terminó todo, él se fue a trabajar con los porteros y yo me vine por enmedio del campo y por donde él estaba trabajando, y fue cuando me gritó "médico, que te pasa, yo me voy a meter a tu consultorio, respetá" y todo mundo me quedó viendo, yo me fui a la orilla... Luego yo le dije, profe tiene razón, yo en mi clínica o en la sala de operaciones no tolero, creían que yo le iba a decir algo, al contrario, me puse a la disposición y ahora mantenemos ese apoyo, el profe nos están ayudando en la parte del desarrollo de la medicina deportiva".

Ha operado cualquier cantidad de jugadores, no maneja estadísticas, pero en sus más de 20 años de experiencia reconoció que "hay dos jugadores que me han impresionado: Uno es Garrido, es un tipo muy noble, sociable, se hace querer y su optimismo contagia, y el otro es Amado Guevara".

Llega la hora de atender otros pacientes, en el día mira más de 30, pero antes se encarga de dar instrucciones a los fisioterapeutas para que todo le salga bien a Garrido... Da un ligero respiro porque todo sus proyecciones van saliendo bien... Se da un abrazo con el jugador y le contagia de ese optimos que Garrido mantiene elevado.

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