La Selección
2010-06-11
Los dicen que no podemos pasar. Una niña salpicada de pintura señala otra calle por la que se puede ir.
Le preguntamos qué están haciendo. 'Pintando la calle con dibujos del Mundial', dice.
A menos de diez metros hay una cantina. Hay doce bebedores a la entrada. Uno de ellos se apoya contra el poste.
Dos se acercan. Parecen amistosos. Preguntan de dónde somos. Les decimos que de Honduras. Ponen cara de asombro, pues no saben dónde queda. De hecho dudo que supieran que existía nuestro país.
Varias mujeres se unen. '¿Cómo es la bandera de Honduras?', preguntan. Abro mi chaleco de periodista y les muestro.
'Oh, es linda. ¿Por qué tiene cinco estrellas?', pregunta la niña de la ropa salpicada de pintura.
Alguien sugiere pintar la bandera en la calle de la cuadra. Falta algo de dinero. Se los damos. 'Vuelvan en un rato', dicen.
ARTE CALLEJERO
El Mundial ha despertado la creatividad en los barrios. Antes, las paredes tenían mensajes de 'Abajo la opresión de los blancos', '¡Viva Mandela!' y 'Libertad para los negros'.
Hoy, todo tiene que ver con fútbol. En las calles hay banderas, la copa del mundo y jugadores pintados.Los vecinos -especialmente mujeres y hombres-, se reúnen, mientras los hombres toman cerveza en la cantina.
En los techos de las casas también hay banderitas de todos los países que participan en el Mundial. Las preferidas son las de Brasil y Portugal.
'En los tiempos del apartheid, cuando los blancos nos prohibían todo, las calles hablaban por nosotros', dice Vusi, uno de los dos guías que nos lleva por Soweto, el barrio que derrotó a la tiranía racista.
Los negros pintaban el rostro y las frases de Nelson Mandela, el hombre al que las fuerzas del gobierno buscaba día y noche.Gracias a Mandela es que Sudáfrica podrá organizar el Mundial. También es por él que ya no hay necesidad de las pintas políticas en las paredes.
CUMPLIERON
Regresamos a las seis de la tarde. Era la hora pactada. Los niños vieron el carro y empezaron a sonar el instrumento que está de moda en estos días: la trompeta. Todos quedaron viendo las expresiones de nuestros rostros.
¿Nos iría a gustar lo que acababan de hacer para nosotros?'¿Qué les parece, qué les parece?', preguntaba cada vecino. Lo que no sabían era que además de encantarnos nos había tocado el corazón.'Muchas gracias', dijimos dándole la mano.
'Nunca olvidaremos este detalle tan bonito'.Volvieron a sonar las trompetas. Hubo aplausos. Los borrachines brindaron por 'Ese país tan lindo llamado Honduras'.Y luego, uno de ellos, sonriendo, preguntó: 'A propósito… ¿Dónde queda Honduras?'.