El juego en el estadio Municipal Ceibeño se terminó jugando en una cancha empapada de agua y más parecía una piscina donde lo menos que se podía jugar era fútbol.
En el primer tiempo el estado del terreno estaba aceptable pese a que no era el mejor, luego la lluvia comenzó a ser más intensa hasta que inundó la cancha demostrando el pésimo estado de su drenaje.
Los últimos 25 del partido los jugadores de ambos equipos terminaron levantando la pelota y lanzándolo lo más lejos posibles ya que en ninguna parte el esférico podía rodar normalmente.
Al final del partido, Erick Gallegos, asistente técnico, reclamó por qué el árbitro Raúl Castro debió suspender el partido: 'No estábamos jugando fútbol, el árbitro debió detener el encuentro, no sé por qué no lo hizo si cualquiera se puede lesionar', afirmó.