El cambio obedeció a que en su lugar de nacimiento había poco trabajo. Una serie de sucesos familiares, de los que no habla y que resume en “problemas”, lo llevaron a un hogar por el que agradece en este momento está “a los pies del señor”.
Recuerda que a los 14 años tuvo inconvenientes con su familia y se fue a vivir con Néstor Andrade y Dominique Bodden. Eran sus amigos y ahora son sus padres. “Él fue la persona que me extendió la mano”, confesó.
Ese momento cambió radicalmente su vida. “Gracias a Dios ellos han impulsado mucho mi carrera como futbolista y por su medio yo vine a los pies del señor. Talvez si no los hubiese conocido, no hubiese sabido de Jesucristo”.
Su familia adoptiva es la Dylan Andrade, su compañero en Platense. Ellos también lo han llevado por otros frentes: “Tengo 10 años con mi familia gracias a Dios, en ese tiempo me impulsaron. Terminé en el colegio y este momento no ingresé a la universidad, pero lo haré”.
Por eso no es una casualidad que David sea uno de los hombres más religiosos del plantel. “Somos como cuatro compañeros los que casi siempre oramos y está también el profesor Lanza que es una gran persona, él nos pasa aconsejando cuando ocurre un inconveniente. Usted sabe que en el fútbol se dan calentones”.
Mendoza reconoce que era difícil imaginarse a Platense en estas instancias en el inicio del torneo, pero dos razones poderosas lo han hecho posible: “Creo que este ha sido un 40 % de nosotros y un 60% de Dios. El Señor ha estado presente aquí, ahora hay más temor a Dios que en otros torneos. Nos ha iluminado y nos ha dado la fuerza”.
GUERRERO
El defensa, quien no pudo estar en el primer juego por acumulación de amarillas, confiesa que él se nutre desde el cielo: “Sin Dios yo no sería nada, no sé dónde estaría en este momento porque no es cualquier persona que se levanta así a los 14 años no teniendo su verdadera familia. Estoy agradecido con Dios porque lo que ha hecho en mi vida. Me ha bendecido”, nos contó.
Mendoza es un cristiano prácticamente. Asiste a la iglesia el miércoles, el sábado a un culto de jóvenes y el domingo, “ahora quizás he faltado un poco por el tema de deporte”.
Acepta que sus condiciones técnicas no son abundantes. “Quizás no sea un jugador muy talentoso, pero siento que Dios me ha bendecido con coraje y ganas. Sin Él no sé dónde estaría el día de hoy”, se repite.
No oculta los sueños de campeonato que hay en los selacios: “Queremos la Copa, esto lo ha soñado cada uno de nosotros. Nos enfocamos desde el principio en lo espiritual, que tenemos que pensar en ser campeón”.
Ese sueño se nutre en la mente de un guerrero silencioso que acompaños sus pasos de una fe gigantesca: “Esperamos en Dios que podamos seguir victoriosos”, finalizó.