Liga Nacional
2010-08-12
Hay partidos que no necesitan muchas palabras para describirlos y quedan minimizados por las circunstancias. Se debe recurrir a lo simbólico para entenderlos y esa es la mejor manera de enfocar el duelo de ayer entre Marathón y Deportes Savio.
Un encuentro que más allá de poco vertiginoso en la cancha, pasará a la historia como el que sirvió para elevar definitivamente el primer juego de Marathón en su propio campo, porque resulta que en el terreno del equipo se trabó, le costó encontrar la luz y se debió ir a las duchas con un empate 1-1 que al menos sirve para comenzar medio bien la Liga.
Lo simbólico es que el cuadro sampedrano debutó en su cancha, algo que ningún club en Honduras había hecho. Por eso, lo de ayer toma otra dimensión, al menos para cerrar esta fecha, porque a Marathón como equipo aún le falta encontrar su juego, elevar su nivel para festejar.
Los más de 3 mil fieles aficionados verdolagas se fueron a casa con un sabor agridulce, “medio encachimbados” como gritó un seguidor a la salida del estadio, y se le entiende esa desdicha, quería ver ganar a su club en su nueva guarida, por aquello del orgullo, la historia y los recuerdos gratos, pero eso su escuadra lo dejó para otro día, porque le costó empatar, mucho menos podía soñar con un triunfo ante un Savio que supo armarse bien atrás y que casi logra la trastada.
Y estuvieron cerca, pero Fernando Castillo le puso la zurda a una jugada que bastó para tranquilizar los ánimos, aunque con mucha suerte porque fue autogol.
DEL PROTOCOLO HISTÓRICO A LA CANCHA
Savio, como si no supiera despojarse de ciertas fatalidades, no supo rematar el partido cuando Marathón era un descalabro, pero en el primer tiempo se había puesto al frente sin ser superior. Se defendía con orden y sorprendió, a los 27 minutos, con el golazo de Juan Ramón Mejía, quien remató de primera intención al prenderse la pelota de derecha.
Por ráfagas Marathón fue entrando en calor, aceleró en pasajes claves del juego, insinuó algunas acciones en colectivo, medio despertó tras el descanso y el efecto dio resultados, porque a los 51 minutos llegó el gol esperado por tarde, digo, el autogol, porque tras un zurdazo de Fernando Castillo, la pelota rebotó en Jhony Galdámez y con buen atino la acción engañó a Diego Vásquez, quien sólo vio pasar la redonda con rumbo a su portería.
Los aplausos para una acción que cobró vida en el estadio, pero que más adelante se fue apagando, porque del mismo modo, el equipo sampedrano así lo quiso, tuvo algunas aproximaciones claras, pero faltó la punzada final.
En conclusión, hay más razón de festejar por el debut en su estadio que un empate a uno que deja más dudas que alegrías. Es el inicio y quizá lo tosco del juego sigue latente. A los grandes es lo que se les pide: Grandeza.