Liga Hondubet
2012-02-22
Con Shirley Perelló la primera vez que coincidimos fue en el partido de las Estrellas que se realizó en el estadio Nacional. Al saludarnos la simpatía fue mutua. Finalmente se concretó la entrevista y esto es lo que sucedió.
Recién estuvo celebrando su cumpleaños, felicidades. ¿Qué se siente llegar a los 26 años?
Yo trato de no pensar en eso, pero ya son 26 años. Soñaba con tener 23 para tener el gafete de árbitro asistente internacional, ya van tres años y no quiero seguir cumpliendo.
La entendiendo. Fijo le dicen el típico “ya vas a tener tantos, ¿y el esposo? ¿y los hijos?”. ¿Qué siente cuando dicen eso?
Me dicen mucho que cuándo voy a tener novio, que si soy ‘marimacha’, que si me gustan los hombres… de todo. Pero en esta carrera es tan difícil encontrar a un hombre que acepte mi profesión. Por ejemplo, en la filial sólo son hombres y pocas mujeres. Cursos, en el campo, siempre hombres alrededor.
¿Es complicado, entonces?
Me dicen que entonces me tengo que casar con un árbitro. No creo que sea precisamente un árbitro, en mi mente está que no. Pero sí tiene que ser alguien relacionado al deporte. Lo veo ilógico que yo que disfruto el deporte me case con alguien que no, porque no me va a apoyar o entender.
Muy de acuerdo con usted...
Mire, si ni mis papás me impiden hacer lo que a mí me gusta, no va a venir otra persona a decirme qué hacer.
¡Amén!
Sí, pero si esa persona llega y se enamora, me dicen, ya no va a seguir con lo que hace. No sé, es complicado. Pienso que todo llega a su tiempo, no me asusta cuando me dicen que me va a dejar el tren. Llegará la persona indicada cuando sea el momento.
¿Enamorada?
Soy detallista, me gusta estar al tanto, cuando se ama debe ser mutuo.
¿Cómo se enamora a Shirley Perelló?
Que tenga muchas metas en la vida, que sea muy seguro, que no se sienta nunca inseguro, que me apoye en lo que hago y que disfrute mi trabajo. Pero sobre todo, que confíe en mí.
¿Algo que quiera?
No, nada específico, cuando el amor llega… llega. Cuando llegue, a disfrutarlo al máximo.
¿Quiere ser mamá?
Claro que sí, me gustaría tener gemelos, la parejita.
¿Cómo sería de mamá?
Con mis dos sobrinos le puedo decir que soy muy cariñosa y sé que los trataré de la mejor manera y les daré todo el amor del mundo.
¿Cómo decide ser árbitro?
Inicié jugando fútbol. Dos años estuve federada en la liga femenina de San Pedro Sula, pero mi papá siempre fue árbitro, sólo que por la edad no llegó a Primera ni Segunda divisiones. Sólo dirigía a nivel local a niños y juveniles. Siempre lo acompañábamos al estadio.
Ahora entiendo...
Me preguntaba si quería dirigir y yo le decía que no. Una vez que anduvimos en el estadio Olímpico estaban haciendo unas pruebas físicas a los árbitros. Dago Osorio estaba ahí, él era instructor y me dijo que si quería entrar al arbitraje, porque me había visto las condiciones físicas. Yo tenía 18 años.
¿No se decidía?
No, luego Amílcar Burgos traía un proceso de árbitros jóvenes, donde nos invitó y así comencé.
¿Dirigiendo a quiénes?
Niños en la filial de Puerto Cortés y luego me pasé a la de San Pedro Sula con mi hermano Kevin que también es árbitro asistente. Ya tenemos tres años de estar acá. Ya en 2008 se me dio la oportunidad de debutar en Primera División.
¿Qué partido?
Real España contra Real Juventud.
¿Se imagina pitando un Mundial Femenino?
Esa es la idea de todo árbitro, estar en un Mundial mayor. Ya lo logré en un Sub-17. Luego de regresar tuve una lesión en mi rodilla, me tuvieron que operar de los meniscos.
¿Y eso?
Más que todo fue congénito por tanto ejercicio. Me había nacido delgado y por tanto ejercicio se fue debilitando. Son ya casi dos años y no he tenido ningún problema.
¿Cómo fue el día que le dijeron que estaría en la pasada final entre Real España y Olimpia?
Estaba en mi trabajo cuando se me avisó que estaba seleccionada para estar en la final, no es de tomarse las cosas a pecho. Les comenté a mis papás, ellos se quedaron sorprendidos por lo pronto que se me estaban dando las cosas.
¡Qué súper por usted!
No me esperaba tan pronto, pero sí creo que el trabajo realizado fuera del país me ayudó bastante. En el arbitraje se dan rachas, temporadas buenas y temporadas malas.
Pensé que no pasaba eso...
Antes de viajar a Guadalajara había tenido unos pequeños errorcitos, no tan importantes, pero sí de falta de concentración, quizás pasando por un mal momento. Por lo que el viaje me permitió tomar fogueo y demostrar un buen desempeño.
Regresa y está en el amistoso ante Serbia, ¿verdad?
Selecciones A. Como dicen los instructores, si uno quiere ganarse otro puesto más, primero se deben hacer bien las cosas en el partido designado.
Los de Serbia estaban bien guapos…
Ja, ja, ja.
No me conteste pues...
Uno sólo se queda callada y observa, ja, ja, ja. Leí en unos diarios que los jugadores de Serbia decían que me había puesto a favor de Honduras, pero para nada. Uno es responsable y hace su trabajo.
¿Pero sí hay nervios?
Al principio, nos concentramos un día antes en un hotel en San Pedro Sula, tratamos de estar lo más tranquilos posible. No estar pensando tanto ni dejarnos presionar por el juego, buscando distraernos y nada de noticias de deportes. únicamente concentrados en el partido que se viene.
¿Y al arrancar?
Quizás un poco cuando uno sale o se cantan los himnos, pero ya al transcurrir el juego se va pasando. Uno se olvida de lo que está afuera y concentrarse sólo en el partido.
Al hombre no le gusta que lo desplace una mujer. Ganarse el respeto ha de ser clave.
En cualquier ámbito hay celos y envidias, como también la gente que se alegra por lo que a otro le pasa. Al menos yo no me he dado cuenta que algún compañero anduviera hablando cosas, de que no me lo merecía.
¿Eso es bueno entonces?
Me llamaban para felicitarme, desearme lo mejor, tanto compañeros como instructores. Ahora el respeto me lo he ido ganando con el trabajo que realizo dentro de la cancha.
¿Cómo se logra?
Uno de mujer en medio de tanto hombre tiene que poner sus leyes como dicen. Es cierto que sabemos dónde estamos y todo, pero con respeto de ambas partes es más fácil.
¿Y para cambiarse?
Desde el inicio lo fui dejando claro. Si no hay dos lugares para cambiarse, no hay problema. Pero si sólo es uno, ellos o yo primero. Es una regla y ya sabemos. Y no da conflicto alguno.
Se pide ver igual a la mujer árbitro que al hombre, pero luego se molestaron por una situación con Kevin Hernández en la final, quien le reclamó como si fuera un hombre. ¿Cómo fue eso?
En ese aspecto yo estaba de asistente 1, detrás de mí iba a estar la banca del Real España. Eso se trabaja antes del partido, saber que ni los gritos de la afición y menos de los jugadores me debían distraer de lo que estoy haciendo. Yo no tuve problema, Kevin Hernández nunca me ofendió ni me insultó, él sólo reclamaba acciones de juego. Era un partido intenso, iban perdiendo 2 por 0, estaban desesperados, eso seguro se iba a dar.
Es un buen punto...
Él sólo reclamaba de fútbol, sí me agarró el brazo una vez y me hizo para atrás, pero yo le dije que me soltara. Seguí en mi juego. A ellos (los jugadores) les molesta que yo los ignore, es lo que más les molesta.
Pero los hombres no son buenos para ignorar, ja, ja, ja.
Esa es la cosa, ya iba a terminar el partido. Iban perdiendo 2 a 0, ¿para qué iba a llamar al árbitro?, ¿para decirle que estaban molestando?, ¿para que le llame la atención o le saque una tarjeta?.. Se sabe que es la misma acción de juego que provoca eso.
¿Hablaron después?
Al final cuando nos dieron la medalla, ya él (Kevin) tranquilo se acercó a platicar. Son cosas que se dan. Pero si uno no sabe manejar eso y se anda peleando o peor, la cosa se pone fea. Eso es fútbol.
¿Por qué no castigan al árbitro cuando comete un error?
La gente dice que no, pero sí nos castigan. Nos dejan sentados.
¿Revisan lo que hacen, entonces?
Nos reúnen, dan la charla, pasan los juegos de lo que hacemos. Hacemos un análisis de las jornadas de lo que hice bien o mal. Y nos llaman la atención.
Yo no sabía que eso pasaba...
Si uno se equivoca es por cualquier cosa, menos por querer favorecer a un equipo. Puede ser porque no está concentrado o anda problemas en la cabeza.
Glamour y arbitraje, ¿pueden ir de la mano?
Claro que sí, en el fútbol y en lo que sea. Si uno es mujer y hace un trabajo que en su mayoría ha sido desempeñado por hombres, pues lo que destaca es la feminidad de la mujer.
¿Maquillaje?
Sí se puede, pero a mí no me gusta usar maquillaje. Sólo para fiestas o bodas, de lo contrario no me gusta usarlo.
No me imagino que llueva y se le corra todo el delineador, ja, ja, ja...
Claro que no sería nada bonito de pasar. ¡Qué desastre!
La presión del jugador ha de ser fea, pero, ¿qué pasa cuando es el aficionado el que grita?
Me ha pasado, en el Morazán cuando tengo a la barra del Real España atrás es horrible, me tiran agua, topogigios (charamuscas), ¿qué puedo hacer yo? No me voy a poner a pelear con el público.
¿Y al inicio?
Costaba acostumbrarme, me decían que fuera a lavar platos... que hija de allá, que vamos allá, que vengamos acá...
¿Y la familia?
Mi papá se ponía a pelear con la gente. Ahora ya no, uno no sabe con qué gente se va a encontrar. Ahora sólo les resta escuchar e ignorar. Yo en la cancha estoy metida en mi partido y ya no me hace.
¿Cómo hace con el trabajo y el arbitraje?
La verdad que gracias a Dios tengo esa gran ventaja, que en la Empresa Nacional Portuaria mis jefes, en el aspecto de facilitarme los permisos, me dan mucho apoyo. La empresa y el sindicato en sí me han dado la mano. Es difícil un trabajo en el que se le apoye a alguien una vida deportiva como en mi caso. Es una gran bendición.
¿Qué le dicen sobre las cosas que Salvador Nasralla expresa de usted en las transmisiones?
Mis compañeros dicen: “Aquí está la primera dama”, ja, ja, ja.
Él (Salvador) siempre está pendiente de usted cuando está en la cancha.
Lo conocí hace tres años en un partido en Tegucigalpa, me dijo que estaba bien para modelo, pero que tenía mucha panza.
¿Panza?
Ja, ja, ja, yo no le dije nada, pero ahora dice que sí, que estoy bien. Creo que él no se acuerda. Ahora que lo vi en el Chologol me piropeó.
¿La ha pretendido en algún momento un jugador?
No, para nada.
¿Ni ha sentido interés?
No, nada. Siempre antes del partido uno intercambia saludos y palabras, pero nada más.
¿Ninguno?
No, por ahora ninguno.
¿Cuántos hermanos son?
Somos seis hermanos, cuatro varones y dos mujeres. Tres juegan fútbol, dos somos árbitros y mi hermana está casada y tiene un bebé.
¿Usted es?
La segunda, mi hermana es la mayor. Luego sigue Sergio, Kevin, Ariel y Michael. Los más chiquitos de 16 y 13 años.
¿Cómo eran de niños?
Siempre nos gustó el fútbol a todos. Nosotros jugábamos en la liga de San Pedro, teníamos un equipo en Cortés. Yo de delantera, mi hermana de portera, mi mamá de volante y mi papá era el entrenador. No es por nada, pero mi mamá tiene 46 años y esa señora corre y juega como cipota. Nunca tuvimos problemas.
¿Cómo así?
Porque siempre andábamos en familia, haciendo lo que nos gustaba, el fútbol. Para ver televisión tampoco, porque nadie se peleaba por ver la novela o ver películas, todos queríamos ver partidos.
¿Qué equipo es usted?
Mis hermanitos, uno es Olimpia, el otro Platense. Mi papá y mamá dicen que no tienen equipo, pero eso sólo ellos sabrán. Ahora, cuando es Real Madrid contra Barcelona, ahí sí que hay desastre entre todos peleando.
¿Y usted que equipo es de la Liga Nacional?
No tengo equipo, la verdad. Me dicen en la casa que por ser del Puerto debería apoyar al Platense.
¿Qué pasa si descienden?
Espero que no, porque en el Puerto es lo único que tenemos a la hora de ver partidos de Primera, ir al estadio y poderse distraer. Al no tener equipo de Primera División, no sería lo mismo.
Si usted pudiera, ¿qué haría para mejorar la situación del equipo?
Concienciar a los jugadores, que no sólo son ellos. Que hay un pueblo que siempre los ha apoyado y está ahí para ellos. Tengo una compañera en la oficina que sufre siempre por el equipo. Hay gente que no merece eso.