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Shin Fujiyama: “Soy una mejor persona gracias a Honduras y la Maratón ha sido un tanque de oxígeno para nosotros"

Llegó tímido y con miedo a Honduras; hoy inspira a multitudes, mueve miles de corredores y lidera el sueño de construir mil escuelas en el país

2026-05-12

Habla pausado, mezcla algunas palabras en español y sonríe cuando recuerda sus primeros años en Honduras. Pero Shin Fujiyama no necesita discursos perfectos para emocionar a la gente.

Después de más de 115 escuelas construidas, miles de kilómetros recorridos y una lesión que lo obligó a detenerse por primera vez en años, el japonés más querido del país cinco estrellas reflexiona sobre el sueño que le cambió la vida: construir mil escuelas para los niños hondureños.

En una extensa conversación en exclusiva con Diario La Prensa, Shin habló de sus inicios, de la Maratón de La Prensa, de los momentos más duros de su carrera y de cómo Honduras terminó convirtiéndose en su hogar.

¿Cómo han sido estas últimas semanas para ti entre tantos viajes y proyectos?

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Han sido semanas muy intensas. Estuve dos semanas en La Mosquitia visitando escuelas y después viajé a Nueva York para participar en una conferencia. Ahora estoy nuevamente en Honduras trabajando en diferentes proyectos. A veces hago tantas cosas que hasta olvido qué día de la semana es. Me gusta dividir mi tiempo entre trabajo administrativo, producción de contenido y viajes para los proyectos educativos.Hoy ya superan las 115 escuelas construidas.

¿Qué significa eso para Shin?

Cada escuela representa el esfuerzo de muchísimas personas. Hay donantes, patrocinadores, voluntarios, alcaldías y familias enteras ayudando. La gente a veces ve el resultado final y piensa que es sencillo, pero construir en Honduras tiene muchos retos: lluvias, carreteras malas, retrasos y costos inesperados. Nunca una construcción sale exactamente como estaba planeada.

Hace años, cuando casi nadie conocía tu proyecto, Diario La Prensa ¿Qué recuerdas de esos inicios?

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Lo recuerdo perfectamente. Hace más de 15 años, ustedes comenzaron a entrevistarnos cuando apenas construíamos la escuela número 10. En ese tiempo no existían las redes sociales como ahora. Si un medio no creía en tu proyecto, era muy difícil sobrevivir. Ustedes fueron como un tanque de oxígeno para nosotros en los momentos más difíciles.

Hoy eres un referente del “running” en Honduras, pero ¿cómo comenzó realmente tu relación con las carreras?

Shin ha desafiado los límites corriendo, pero su sueño por mejorar las escuelas del país no lo detienen; es un auténtico guerrero.

Yo siempre fui más futbolero. Correr era algo secundario para mí. Todo cambió cuando participé en mi primera media Maratón.

¿Cómo recuerdas esa primera experiencia en la Maratón de La Prensa?

Fue durísima. Mucha gente empieza con 5 o 10 kilómetros, pero yo hice directamente 21 kilómetros. Recuerdo que en el kilómetro 18 había una subida y pensé que no iba a terminar. Me dolían las piernas, los pulmones y todo el cuerpo.

¿Qué fue lo que te impulsó a continuar?

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La gente. Escuchar a miles animándote desde ambos lados de la calle te da una energía increíble. Cuando crucé la meta sentí una emoción que nunca había experimentado en mi vida. Ahí me enamoré del “running”.

¿Imaginaste que correr terminaría cambiando tu vida de esa manera?

Nunca. Pero poco a poco fui mejorando mis tiempos y entrenando más seriamente. El “running” dejó de ser un “hobby” y se convirtió en parte fundamental de mi vida.

¿Qué significa para ti que la edición número 50 de la competencia apoye a la fundación?

Es un honor enorme. Miles de personas van a correr y, aunque no ganen la competencia, todos estarán ayudando a construir escuelas para niños hondureños. Los verdaderos ganadores son ellos.

Hoy el “running” mueve multitudes en Honduras, pero ¿cómo era cuando comenzaste?

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Muy diferente. Cuando corría en El Progreso hace años, casi nadie practicaba “running”. La gente me veía raro y algunos hasta me gritaban cosas pensando que estaba loco. Ahora ver familias completas corriendo y equipos de “running” por todos lados me llena de alegría.

¿Qué tiene de especial correr acompañado por miles de personas?

Hay algo muy bonito en sentir esa energía colectiva. Los seres humanos somos sociales. Cuando corres solo es diferente, pero correr junto a miles de personas te hace sentir parte de algo más grande.Este año no podrás correr como antes.

“Amaré a Japón, pero Honduras es mi hogar. Y sí, quiero morir comiendo baleadas aquí en Honduras, una de las frases mas nostálgicas que nos dejó Shin.

¿Qué pasó con tu rodilla?

Después de tantos retos seguí corriendo aun lesionado. Participé en varios desafíos y también jugué fútbol cuando ya tenía molestias. Eso terminó dañando completamente la rodilla.

¿Has pensado en retirarte?

No. Definitivamente esta ha sido la lesión más fuerte de mi vida, pero todavía tengo muchos sueños y retos pendientes. Esto es solo una pausa.

¿Cómo nació realmente el sueño de construir mil escuelas?

Todo comenzó en una escuela muy humilde de Chamelecón. Había una niña llamada Sofía que me habló de su sueño de estudiar en mejores condiciones. Sin pensarlo, le prometí que construiría una nueva escuela. Después salí y pensé: “¿Qué acabo de hacer?”. No tenía el dinero ni sabía cómo lograrlo.

¿Cómo fue ese primer reto corriendo para recaudar fondos?

Fue terrible. Corría con ropa negra bajo el sol, tenis malos y sin experiencia. Después del segundo día estaba deshidratado y los médicos querían detenerme. Pero logramos terminar y construir la escuela. Ahí entendí que quizá podía hacer cosas más grandes. El primer medio que me dio cobertura fue La Prensa, sin ustedes creo que no fuéramos lo que somos ahora, nos dieron ese respaldo, nos dieron ese oxígeno que ocupamos.

Cuando piensas en el futuro, ¿dónde te imaginas viviendo?

Definitivamente en Honduras. Me gusta mucho Siguatepeque por el clima y el tamaño de la ciudad. También me gustan Valle de Ángeles y Santa Lucía. Después de las mil escuelas quiero descansar un poco.

¿Sientes que Honduras ya es tu hogar?

Sí. Creo que he vivido más tiempo aquí que en cualquier otro país. Siempre voy a amar Japón, pero Honduras es mi hogar. Y sí... yo quiero morir comiendo baleadas.

¿Quién es hoy Shin Fujiyama?

Una mejor persona gracias a Honduras. Este país me enseñó a ser valiente, a luchar y a seguir adelante, aunque las cosas parezcan imposibles.