En Villa Elisa, una localidad de Entre Ríos, Argentina, era normal ver a Rougier en diferentes escenarios. Es que el “flaco” nunca se estaba quieto. “No estaba en mi casa, siempre andaba jugando al fútbol, baloncesto, me gustaban muchos los deportes, pude competir a nivel nacional en atletismo (lanzamiento martillo, jabalina y salto con garrocha). He probado de todo, balonmano, hockey sobre pasto, natación. No sé si era bueno en todos, pero me rebuscaba (risas), relata el guardameta del Motagua. Es todo un “Sportsman”.
Pero confiesa que entre todas esas actividades deportivas, además de ser futbolista lo que más le apasiona es el básquetbol. Jugaba de poste y como wing (ala). Además, tuvo la posibilidad de ser profesional. “Hice algunas pruebas, pero no se dio. Me encanta el basket, el contacto con el balón, la dinámica es constante, tiene adrenalina, pero no cambio por nada el fútbol. No me arrepiento de haber elegido la portería”, nos cuenta mientras su pequeño Ethan corretea por todos lados con los guantes de papá en sus manos.
Su vida en Argentina no solo se trataba del fútbol y de toda esa pasión por el deporte. Rougier también estudió. Ya tiene título como preparador físico, no pudo terminar sus estudios para convertirse en instructor de natación, pero es algo que no descarta. También inició una ingeniería y por su carrera como futbolista tampoco ha cerrado esa brecha. “Me encantan las matemáticas, pero dejé la carrera y seguí con el fútbol. Me arrepiento un poco porque pude hacerlo lento y terminar”, recuerda.

Jonathan Rougier disfruta cada momento libre para compartir con su pequeña famila.
A nivel laboral también tuvo alguna experiencia y fue en un rubro poco común. Trabajó como apicultor (crianza de abejas), pues uno de sus cuñados se dedicaba a ese negocio. Tenía muchas abejas y colmenas.
“En algún momento hablé con mi mujer para hacer algún emprendimiento, pero se quedó en una plática nada más. Aprendí mucho sobre eso, era pesado, pero me gustó”.
EL CONSENTIDO DE MAMÁ
Para Rougier la familia es lo más importante en su vida. Al menos es lo que le enseñaron don Sergio y doña Evangelina, sus amados padres.
Se creció en una familia sólida y con principios. Es el menor de cuatro, pero adelante de él solo hay mujeres: Tres hermanas (Elizabeth, Mara y Jessica).
“Fue linda esa experiencia de vivir entre mujeres, solo entre cosas raras, aunque no me metía tanto porque pasaba poco tiempo en mi casa”, dice. Y sigue contando: “Tenemos una muy linda relación, con la más chica, que me lleva cuatro años y con la mayor también, con la del medio soy el padrino de su nena mayor. Ya más grande me tocó andar espantando novios de la más chica, ja, ja, ja”.
Recientemente sus padres estuvieron en Honduras, incluso tuvieron la oportunidad de verlo ganar el título de campeón con Motagua en diciembre.

El arquero del Motagua posa con la bandera argentina acompañada de las estrellas de la de Honduras.
“Mi papá me dice que ya quieren volver, que los traiga de nuevo. Mi mamá hizo muchas amistades, es muy social”, nos explica el chico, que para mami siempre ha sido el consentido de la casa. Jonathan confiesa que su mamá fue quien la apoyó en su carrera y que su padre no estaba muy convencido, pues la posición de portero la consideraba como ingrata. Al final, la jefa ganó ese duelo.