La historia de "Chilo", el eterno animador de la barra del Vida y Victoria

Chilo recordó su juventud y nos confesó que quiso ser futbolista. Ahora vive de la soldadura y detalla que el Vida es su mayor felicidad.

Edgar Witty

Hay pasiones tatuadas con sentimientos únicos que quedan impregnados en nuestros corazones por décadas. Así se traduce el sentir de José Isidro Cruz Acosta, el fanático fiel y animador del Vida conocido popularmente como “Chilo”.

En La Ceiba es uno de los hombres más queridos. En las calles todos lo reconocen y en el estadio Municipal Ceibeño todos aman su peculiar cántico titulado “Ponele Vida” que engalana los cuatro vientos durante los juegos como local.

Detrás de esa careta de felicidad de José hay mucho por contar. El origen de su peculiar apodo es una de ellas. En su tiempo fue inscrito en el Registro Nacional de las Personas como Isidro (su madre había dicho Isidoro), de allí Chilo, efecto del sello su barrio.

“Viene del barrio, viene de la gente, viene del pueblo. Mi madre me dijo que lo arreglara, pero yo dije -que se quede así-, ya la gente quedó con eso, es una bendición de Dios. Ese es el famoso, José no lo es… ¡qué lindo oye!”, alzó con el semblante de felicidad.

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Por más de una década Cruz ha llevado alegría a los estadios. Hoy tras todo ese pasaje de seguir al Vida remembra en los inicios que lo contagiaron con este club.

“Nosotros somos Vida por papá y mamá, esos son los que nos llevaron ese valor para que fuéramos vida. A nosotros desde pequeños nos dijeron aquí -no quiero meter la política pero Liberal y Vida-“.

Y sobre el origen del famoso cántico revela que “en un momento me llamó Don Hugo (expresidente del Vida) y me dijo que reuniera a un grupo para hacerle una canción al Vida. De ahí comenzó todo con un grupo selectivo de 15 fieles animadores”.

Sin duda Chilo Acosta es un personaje. En su juventud quiso ser futbolista profesional, pero una desafortunada lesión (le quitaron los meniscos de su rodilla) le quitó el sueño. Fuera de los encuentros futbolísticos, lleva una vida normal. No es rico, apenas sobrevive con HNL 4.000 mensuales producto de su trabajo como soldador. En las calles ronda con una peculiar bicicleta bautizada como “Vida”, una insignia oculta del club.

Sus necesidades económicas es lo de menos para él, la sonrisa que dibuja en su rostro contagia a cualquiera. Su felicidad grata se traduce de ver al Vida jugar y ganar.

“Tanto al Vida como al Victoria le he agarrado un amor inexplicable. A veces tengo hambre, pero cuando voy al estadio eso se convierte en mi alimento, soy feliz”.

“Aún así soy feliz, gracias a Dios. Es bueno nunca pensar en la maldad. Les aconsejaría que cerrar lo bueno en su cabeza, lo malo déjalo ir porque esa es la bendición de nosotros para sobrevivir”, cerró.

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