Luis Garrido y las huellas de una tragedia: “Ya lo olvidé y es pasado”

El volante del Alajuelense y de la Selección de Honduras muestra la cicatriz que le quedó en la rodilla

Kelvin N. Coello

Luis Garrido muestra las huellas marcadas en su rodilla luego de romperse todos los ligamentos aquel 16 de noviembre de 2015 que estuvo a punto de retirarlo de las canchas. Son 13 centímetros de operación, seis meses de rehabilitación y un año afuera de las canchas que le dejó una gran lección.

La última vez que había estado en el estadio Olímpico salió en una ambulancia, con dos médicos al lado, su rodilla prácticamente partida en dos y la pierna dormida porque no sentía el pie de lo terrible que fue la lesión de los cuatro ligamentos.

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Ese día que Honduras enfrentó a México, Garrido cubría la pelota, un empujón de Wilmer Crisanto al mexicana Javier Aquino, le cayó encima quebrándole la rodilla de una forma que lo dejó al borde de ver la muerte. “Pudo morir ese día”, reveló el doctor Óscar Benítez, médico que lo atendió en la cancha del Olímpico.

De no ser por la rápida asistencia que le brindaron los doctores de la selección de México, se hubiese vivido una tragedia. El doctor reveló que por la gravedad de la lesión, al jugador se le pudo obstruir una arteria que va al corazón, lo que pudo ocasionarle un paro cardiaco, pero al estabilizarle la pierna, se le salvó la vida.

Así fue la forma como Luis Garrido se lesionó la rodilla que estuvo a punto de retirarlo del fútbol. Fotos DIEZ

"Ya es parte del pasado gracias a Dios. Ya salió eso de mí y bueno... son cosas del fútbol. Estoy contento por esta segunda oportunidad que me ha dado Dios para jugar al fútbol", cuenta Garrido con una sonrisa en su rostro y pensando en el próximo reto que tendrá por delante ahora en el nuevo proceso que comienza Fabián Coito.

Garrido ha regresado al lugar donde vivió el día más triste de su carrera, con las huellas en su rodilla y mostrando los 13 centímetros de cicatriz que le dejó esa operación que duró siete horas y una lección de vida donde aprendió a no rendirse.

Los médicos de la Selección de México ingresaron al campo y fueron los que auxiliaron a Garrido lo que le salvó la vida.

“Solo quedaron las huellas”, decía al momento que le mostraba a DIEZ la pierna con esa enorme cicatriz de la operación donde se le hizo una reconstrucción que tuvo un costo arriba del millón de lempiras con todo el proceso de recuperación. “Todo es por gracia de Dios”, comentó el futbolista mientras se preparaba para saltar a la cancha.

Han pasado 1221 días desde aquella tragedia hasta el regreso de Garrido al Olímpico y su mente es nueva, la única huella que le dice que su vida en el fútbol le ha dado una segunda oportunidad que ahora disfruta como un niño, es esa cicatriz que ahora es cubierta por un tatuaje que le cubre toda la pierna derecha.

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