“Olá”, “eu estou aqui”, se escuchó al fondo la respuesta y tres minutos más tarde se acercaron en una canoa dos jóvenes con sus rostros pintados y camisas alusivas al Mundial de Brasil, demostrando que también vibran con la Copa del Mundo.
Viajamos muchos kilómetros por tierra y agua para conocer cómo se vive la fiesta mundialista en una de las comunidades étnicas del Amazonas.
Después de 10 minutos en la pequeña canoa, tocamos tierra de la tribu de Kambeba o “cabezas chatas”, quienes nos estaban esperando porque el juego Brasil-Camerún estaba por comenzar.
Los Kambeba forman una comunidad de 56 indígenas entre niños, jóvenes y adultos que viven en las 14 casas de madera y quienes nos dieron la bienvenida en su idioma de origen y en portugués.
Es gente muy amable y lo peculiar es ver cómo andan pintados sus rostros. Nos permitieron conocer no solo su pasión futbolera sino que su cultura y tradiciones.
La aldea cuenta con un líder mayor, Waldomiro Cruz, de 95 años, quien por su estado delicado de salud no pudo recibirnos, pero en su ausencia, Francisco Uruma, cacique de la tribu, nos explicaba los grandes desafíos que ellos tienen para preservar su especie.
“No queremos que nuestros niños y jóvenes se queden con las cosas del mundo, como las drogas y el alcohol, queremos que mantengan viva nuestra cultura y tradiciones, ellos son libres de ir a la ciudad y que estudien”, nos dijo.
Después de los ocho años, los niños se consideran jóvenes- adultos y ya pueden tomar sus propias decisiones, mientras que las niñas después de los 14 años ya están listas para ir a otras aldeas y buscar su marido.
Esta pequeña comunidad se abastece de la pesca, casa de animales silvestres y siembra, tanto las mujeres y hombres colaboran para mantener el aseo, cocinar y traer sustento a la comunidad.
Después de interactuar algunos minutos y refrescarse con un delicioso ‘sucoo’ (jugo) fue el momento de pasar al área principal, donde ya estaban instaladas sillas, hamacas y un televisor para disfrutar del juego. Los goles de Neymar y compañía fueron celebrados a lo grande mientras los chicos se divertían jugando al fútbol.
El entretiempo estuvo acompañado por unos deliciosos pescados, para calmar un poco los nervios y rugidos del estómago.
El juego terminó y con ello la aventura por la tribu Kambeba en la aldea Tururukari-Uka. Antes de marcharnos nos mostraron un ritual y baile en su lenguaje nativo Kembaba.
Agradecieron a Honduras por la visita, deseando que regresemos pronto. La selva amazónica te atrapa para siempre.