Edwin Rodríguez, el niño de Quimistán con una historia llena de sacrificios y dolor: Su anhelo es revelado por sus padres

DIEZ visitó el hogar de Edwin Rodríguez en Quimistán, Santa Bárbara, y vivió desde adentro la humildad que caracteriza a su familia.

Gustavo Roca

Edwin Rodríguez es una de las joyitas más preciadas del fútbol hondureño en la actualidad. El mediocampista del Olimpia, de 21 años, sobresale cada vez que sale a la cancha a defender la camiseta de los albos y de las selecciones hondureñas. A su temprana edad ya tiene el mote de figura, pero a él eso no le hacer perder la humildad, cuya característica es puramente familiar.

Sus regates, su brillantez en el juego y sus golazos han hecho vibrar a todo el amante del fútbol en Honduras, pero atrás de él hay una historia de deseo propio que tienen que conocer. Edwin luchó por su sueño, salió a los 15 años de su hogar para buscar lo que más anheló desde que era apenas un niño que dormía con unos tacos que su papá le había comprado

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La familia es su soporte, es lo que más ama, y es que a decir verdad todo ese cariño es recíproco, pues en ese humilde hogar que se formó como una persona de bien, no hay quien no hable maravillas del niño que lo soñó y hoy, por obra de Dios lo está cumpliendo, como bien dice doña Reyna, su madre.

Edwin Rodríguez recientemente clasificó con la Sub-23 de Honduras a los Juegos Olímpicos de Tokio. FOTOS: Neptalí Romero.

-La visita de DIEZ al hogar de Edwin Rodríguez -

Diario DIEZ visitó su hogar en la comunidad de Quimistán, Santa Bárbara, y conoció desde adentro cómo Edwin Rodríguez forjó su recorrido que hasta el momento es corto, pero que va encaminado a ser muy exitoso. Sus padres contaron vivencias de cuando el olimpista era un niño y la travesía para poder ir hasta San Pedro Sula a entrenarse cuando estuvo en Marathón y posteriormente en Olimpia.

De mamá y papá heredó la humildad que lo caracteriza y son el sostén en la carrera del camiseta '15' del Olimpia. Su familia atendió de maravilla al equipo de DIEZ y después de un corto saludo con don Edwin, luego de salir a encontrar al equipo periodístico de este medio para dirigirlo hacia su hogar, el hombre, muy orgulloso, comenzó a hablar sobre el juego que estaba previo a la entrevista (ante el América por la Concacaf). "La humildad a él, no le digo que le sobra, pero la ha mantenido. Edwin no es de los que alardea cuando le dan un halago, él es muy sencillo, muy humilde", arrancó diciendo.

- Raíces muy humildes -

Don Edwin, quien fue un árbitro federado y que dirigió en Liga Mayor y Segunda División, comienza a relatar, a bordo de una mototaxi y con ropa de trabajo, cómo comenzó a descifrar lo que a su hijo le gustaba. "Lo de él es natural, no se le dijo -dedíquese al futbol-, a los tres años nos dimos cuenta que a él no le gustaban los triciclos, sino que la pelota. Era dedicado al estudio, a su familia. Siempre fue bien humilde".

Mientras manejaba su mototaxi y con parte del equipo de DIEZ en el vehículo, seguía contando. "Para mí es un sueño verlo en el Olimpia. Sentimos un orgullo como familia, más allá le trasladamos esto al pueblo de Quimistán y a Honduras. Siempre estuve seguro que si él daba un paso de las ligas amateurs a ligas profesionales, le iba a dar mucho a Honduras y lo está demostrando, nos está dando esa satisfacción y lo soñamos. Tengo cuatro hijos, tres hembras y él es el único varón".

El papá de Edwin Rodríguez recibió al equipo de DIEZ en su mototaxi, un vehículo muy común en Quimistán.

Al momento que se secaba el sudor de su frente ante el acoso del calor, don Edwin Rodríguez asegura que su familia por completo se volcó a apoyar a su hijo. "Por naturaleza soy españolista porque mi mamá era máquina, esto porque por allá en los años 70's hubo un primo de ella que jugó en el Real España, se llamó Jacobo Castillo. Por parte de la mamá eran marathones y una hija que era motagüense, ahora ya se sabe, se ponen la camiseta del Olimpia".

"Fui parte del arbitraje, dirigí en segunda división. Hay circunstancias que no le permiten a uno avanzar, pero logré lo que me propuse. Me retiré a los 50 años. Hoy el arbitraje está y da más oportunidades. Cuando él estaba pequeño lo andaba conmigo cuando yo era árbitro, lo anduve por La Lima, Villanueva, Santa Bárbara, Copán y otras ciudad, esto porque ese era su sueño. Lo llevaba a ver a la selección también porque ese era el deleite de él, conocer a grandes figuras como Amado Guevara, Tyson Núñez, Carlos Pavón, Primi Maradiaga. Era una escuela para él", remoraba.

Una vez llegando al acogedor hogar donde el muchacho del Olimpia creció, salió la madre del futbolista a recibirnos con una tremenda sonrisa y un apretón de mano, dándonos la bienvenida. La sencillez de la familia Rodríguez-Castillo es palpable. Nuestro fotógrafo, antes de comenzar a 'disparar' con su lente, le sugirió a doña Reyna cambiarse de atuendo y maquillarse, si así lo deseaba, la respuesta fue: "No, no se preocupe, yo así soy, no me gusta aparentar cosas que no". Humildad en su máximo esplendor.

De acuerdo a lo que cuenta, Edwin Rodríguez siempre fue un niño muy aplicado y nunca descuidó los estudios, esto a pesar de tener entre ceja y ceja su sueño de ser futbolista profesional. Edwin tenía claro que primero eran las tareas y después lo demás.

Edwin Rodríguez y una foto que habla mucho de él. En una clausura de su hermana con unos tacos puestos.

"Cuando Edwin salía del colegio, venía a la casa a hacer tareas y después se iba para San Pedro Sula a entrenar, no se iba para la calle, hacía sus tareas pero siempre con la pelota ahí. Miraba partidos todo el día, no le aburría eso. No miraba al Chavo, no miraba al Chapulín, solo partidos, entonces, le fuimos entendiendo qué es lo que quería, no descuidaba los estudios. Cuando hacía las tareas, ponía una silla y con una pelotita pasaba cabeceándola con la pared y metía la pelota en la silla, celebraba, parecía que estaba loco -risas- porque él estaba encerrado en eso, era lo que quería y lo fuimos entendiendo y apoyando", reseñó el padre.

Una de las anécdotas que don Edwin cuenta es cuando le compraron un par de tacos y no dejaba que se lo quitaran. El pequeño los andaba de arriba a abajo, de hecho, hasta los llevó puestos a una clausura de una de sus tres hermanas. Lo tenía clarito.

"Mis amigos me decían -mirá, a ese cipote le va a gustar el fútbol-, entonces le compramos una pelota chiquita y un par de tacos, no se los quitaba. Una vez fuimos a una clausura de una de sus hermanas y él andaba con sus tacos, dormía con esos tacos. Peloteaba a cada rato, era su pasión, se crió en una canchita de por aquí jugando todos los días", contó.

- Desean verlo en Europa -

Cada palabra que el papá del olimpista dice sobre él es de puro orgullo. Le tiembla la barbilla cuando habla de la emoción, se le infla el pecho, pero siempre manteniendo la humildad, algo que tal parece es de familia, porque eso se percibe de este núcleo familiar. Humildad y sinceridad.

Don Edwin Rodríguez explica con muchos detalles el inicio de la carrera de su hijo.

Al ser consultados a los padres que a dónde les gustaría verlo en un futuro, no titubean, además, la madre del jugador, doña Reyna de Rodríguez, revela el más íntimo secreto del talentoso volante.

"Europa es lo más indicado, pienso que es el sueño de todo jugador, pero antes de eso, pienso que él se enfoca en el equipo donde pertenece. Él piensa primero en Olimpia. Si hay capacidad, se van a fijar en él. Me gustaría verlo en la primera división de España. Es una de las mejores ligas del mundo, pero vendrán buenas oportunidades", dice el padre.

Luego revela la madre. "Los anhelos de él son grandes, él ha sido Real Madrid y él desea jugar ahí. Eso es lo que desea, llegar hasta allá. Yo le digo a Dios que le ayude y está en sus manos".

- El amor y el temor a Dios, inculcados por su madre -

Doña Reyna es una fiel creyente. La mamá de Edwin contó cómo era el jugador de niño. "El nacimiento de mi hijo fue precioso, fue el último, luego creció, es muy tranquilo, siempre le gustó la pelota, no la soltaba, en el estudio fue excelente, yo fui maestra de él porque soy profesora. Él salió en el cuadro de honor en la escuela. Tuvo becas de excelencia académica. Cuando llegó a sexto grado los maestros me decían que Edwin tenía talento para el fútbol".

A doña Reyna Castillo, madre de Edwin Rodríguez, se le ponen sus ojos vidriosos siempre que recuerda a su hijo.

Ella ora todos los días por su muchacho y puso la vida de él en manos de Dios. Aduce que antes de ir a hacer prueba al Marathón, le pidió dirección al Señor. "Yo le decía a Dios -señor, si es tu voluntad que mi hijo vaya a un equipo, revélamelo tú- y un día tuve un sueño que lo veo jugar en Polonia, y solo dije -señor, será que vas a llevármelo a cosas grandes a mi hijo- y ese sueño me llevó a decirle a mi esposo que lo metiéramos a un equipo. La primera camiseta que tuvo fue una del Marathón, porque nosotros éramos marathones, luego vino un cuñado y le regaló la camiseta del Olimpia y desde entonces fue su amor puro con la camiseta".

"Él en la televisión Edwin miraba fútbol de todos lados, no solo de Liga Nacional, esa era la vida de mi hijo. Haciendo tareas y viendo partidos", manifiesta.

Sin embargo, no todo ha sido color de rosa en la carrera de Edwin Rodríguez. Un momento gris que vivió el jugador y su familia fue cuando quedó al margen del Mundial Sub-20 de Polonia en 2019. Una lesión de clavícula lo sacó de la competición.

"Cuando yo veo en los periódicos que está el Mundial de Polonia, le pregunté al señor si me lo iba a llevar al Mundial, dudé de lo que me había revelado. Yo le dije a mi hijo, -papá, no se preocupe, todo el control lo tiene Dios. Todas las cosas nos ayudan para bien y él lo va a llevar a donde él quiere, siga adelante, no todo está perdido, no todo está perdido en la vida-, incluso, cuando él estaba en la clínica, yo sabía que él no iba a Polonia, no le decía nada, solo me reservaba aquello, miraba y sabía que no estaba bien y le decía que estuviera tranquilo. Le mando mensajes bíblicos siempre, decretando la palabra en él", cuenta doña Reyna.

El papa de Edwin Rodríguez junto al periodista de DIEZ, Gustavo Roca, y el camarógrafo Jefry Ayala.

Luego suelta. "Se sintió mal por no haber ido al Mundial. Dios le dio fortaleza y sabiendo que las cosas pasan por algo".

Algo que generó debate fue cuando se les consultó que a quién Edwin había sacado la calidad. La mamá dijo: "Cuando yo estudiaba en la normal, el profesor de educación física me decía -le doy 10 puntos si me hace 101 ticas- y me ponía y las hacía, yo fui jugadora de futbol cuando fui estudiante. En un partido nos enfrentamos a unas jugadores que eran más altas que nosotros, nos asustaban, y metí 10 goles".

Don Edwin sonreía y confirmaba eso. "Es cierto, era muy buena cuando jugaba fútbol. Está bien, la calidad lo sacó a ella, pero la resistencia fue a mí. Al menos, algo es algo".

- Aguardan sus visitas -

La vida del futbolista no es fácil. La de Edwin Rodríguez bien lo dice. Salió a buscar su sueño con 15 años. Se mudó de Quimistán a Tegucigalpa y desde ese entonces las visitas son escasas, por ende, la familia añora esos días de vacaciones del jugador porque saben que llega. A la madre se le quiebra la voz siempre que habla de la ausencia de su hijo en casa, pero está consciente que él lo hizo buscando su sueño.

"Claro que lo extraño, uno quisiera tenerlo con uno pero sabemos que esa es la pasión de él, porque de 15 años se me fue mi muchacho. Uno quisiera tenerlo aquí, pero no puedo, eso fue lo que le gustó. Cuando lo fuimos a dejar a Tegus yo tenía en mi corazón que él dijera que no porque se iba a quedar solo pero me dijo -mamá, esto es lo que a mí me gusta y me quedo- y ahí lo dejamos, de 15 años, y Dios ha sido quien me lo ha cuidado. Todos los días de mi vida oro por él, que me lo cuide en todo lugar, solo le pide a Dios que encuentre personas que lo guíen a bien", declaró.

La familia de Edwin Rodríguez está siempre apoyando a su estrella, no lo dejan solo en ningún momento.

"Cuando viene es emocionante. Hace poco vino, antes de irse para México, apareció de la nada, de sorpresa, estábamos en un grupo familiar y mi hija me dice -es Edwin-. Cuando llega lo abrazamos, lo besamos, es algo bonito tener a mi hijo porque es poco el tiempo que está con nosotros y lo disfrutamos", dice con suma alegría la mujer que le dio la vida al olimpista.

Para finalizar, la orgullosa mamá cuenta que su hijo no pierde la humildad y es algo por lo cual sobresale en la comunidad. "Él cuando viene nada más está en casa. Él va a hacer mandados, no ha perdido el piso gracias a Dios. Eso me decía la muchacha de la pulpería, que es bien humilde porque él sale como si nada, va a comprar tranquilo".

Sobre las críticas, cerró diciendo. "Yo les digo a mis hijas que no contesten nada, que sea Dios quien lo defienda. Las críticas las ignoro, él le ha dado el respaldo a mi muchacho en todo tiempo".

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