Internacionales
2011-04-13
Astor Henríquez es un hombre guiado por tres pasiones: su familia, Dios y el fútbol. En Girl Sensation, un moderno concepto para niñas y seleccionado para poder tener cómoda a la princesa del hogar, Yolana, conocí al excelente ser humano que es el defensa del Marathón.
¿Desde cuándo entra el fútbol a ser parte de tu vida?
Desde muy pequeño, tenía unos ocho o nueve años. Inicié en las ligas menores del Olimpia por dos años, luego las categorías se disolvieron y cambiaron de nombre “Club Deportivo Honduras” de un señor que quiero mucho, José Cruz Arteaga. él me dio su apoyo.
¿Cuántas selecciones?
Hace mucho me convocaron a una Sub-17, tenía 14 años. Pero decidí que no iba a jugar, no estaba en mi mente. Yo venía de un premundial en Jamaica, decepcionado. Además había una oportunidad para una beca en Estados Unidos, entonces hice los trámites, pero cuando mando el papeleo, ya se habían cerrado las inscripciones.
Qué mal…
Sí, pero fue parte del destino, porque decido ir a jugar con Universidad, tenía sólo 16 años. Ahí había un técnico que estuvo en el inicio del proceso de la Sub-17 y él dio mi aprobación.
¿Cuánto tiempo estuviste?
Estuve seis años, desde los 16 hasta los 22 y de ahí me vengo para Marathón.
Y asumo que fue acá en San Pedro Sula que te enamoraste...
No, me enamoré en Tegucigalpa.
¿Contame cómo fue?
Pues resulta que cuando yo conocí a Lilian, no estaba interesado en una relación, estaba tranquilo y soltero. Un amigo me invita a salir y ella fue. Yo me hacía el loco, ni le daba atención como si no estuviera ahí.
Y entonces, ¿qué te llamó la atención de ella?
A mí me gusta que la mujer tenga pies bonitos, de repente yo veo para abajo y pensé: “Wow, qué bonitos los pies”. Después me fijé en el pelo y me empezó la chispita.
Está interesante la historia...
Empezamos a salir en 2005, tenía 19 años y ya va a cumplir 26. Pero mirá, yo estaba por terminar el torneo con la Universidad y nos hicimos novios en mayo. En eso salió la oportunidad de contrato para Marathón para junio. Ahora imaginate recién novios y tengo que mudarme.
¡Amor de lejos, qué horror…!
Sí, yo estaba con eso, inclusive llorando, pero ella me decía: “has esperado toda tu vida para esto, no te vas a echar para atrás”.
Pero qué comprensiva ella...
Sí, recuerdo cuando nos íbamos a ver al Parque España, ella vivía por ahí y pegaba grandes lloradas porque me venía para San Pedro Sula.
¿Cómo se veían?
El sábado después de los partidos de madrugada salía para Tegucigalpa, llegaba tipo tres o cuatro de la mañana. Pasábamos todo el domingo juntos y si me tocaba entrenar el lunes, entonces de madrugaba me regresaba para San Pedro Sula. Esas despedidas me dejaban un nudo en la garganta. Así estuvimos hasta el 2007.
¡Dos años... Dios mío, felicidades! el amor de lejos, no cualquiera…
Sí, estábamos que no aguantábamos. Aún no habíamos llegado a la iglesia, pero ella sale embarazada, nos casamos entonces el 26 de enero de 2007. Tuvo a Yolana en abril en Tegucigalpa y en agosto ya se vinieron a vivir acá. Y ese mismo agosto fue cuando nos comenzamos a congregar en la iglesia.
¿Cómo así?
Estábamos interesados en buscar de Dios, teníamos esa necesidad en nuestras vidas y fuimos invitados, ya en diciembre de 2007 nos bautizamos en la Iglesia Internacional de Cristo.
¿Cómo encontrás tiempo para asistir a la iglesia?
Los miércoles y domingos, pero a veces se me complica. También entre semana tenemos reuniones de charla, son para matrimonios.
¿Estás enamorado?
Sí, bastante.
¿Qué hace que un matrimonio funcione y otro no?
Pues el amor a Dios, su presencia en el entorno. Si mi relación como esposo está bien con Dios, de ahí fluye todo, igual ella. Dios es la clave. Es tan común hoy en día que me caso y cualquier cosa me divorcio... Y quienes sufren son los niños.
¿Cuántos hermanos tenés?
Dos más: mi hermano mayor estudia medicina y ya casi va a salir de la especialidad y mi hermana menor que tiene 23 años.
¿Viven tus padres?
Sí todavía, pero no están juntos, luego de 30 años de casados deciden separarse. Mi mamá vive ahora en Estados Unidos y mi papá en Tegucigalpa.
¿Y tus hermanos?
Mi hermanita vive con mi papá en Tegucigalpa y mi hermano ya tiene su propio hogar.
Tu segundo nombre y apellido es Sherman Cooper, ¿de dónde sos?
Ja, ja, ja, es que mi mamá es de Roatán y mi papá es de San Marcos de Ocotepeque.
Qué lindo Roatán, ¿vivieron ahí?
Sí, por temporadas estábamos allá. Mis papás fueron medio aventureros y cuando estábamos chiquitos vendieron todo y nos fuimos a Estados Unidos, allá estuve en mi primaria.
¿Cómo hacían con migración?
Ahh... pues teníamos que salir porque sólo nos daban seis meses, entonces era salir y regresar. Nos íbamos por barco carguero a Roatán desde Florida. Conocían a mi mamá, habían unos camarotes y nos daban posada y jalón.
Qué cansado...
Eso no es todo, estando allá mis papás inventan que nos vayamos a Canadá donde teníamos a una tía. Y nos fuimos en bus, como una semana.
¿Y las maletas?
Pues no mucho. No soy muy apegado a lo material, eso creo. Al final no le gustó el clima de Canadá a mi mamá y nos regresamos.
¿Qué significa para vos la muerte?
Reflexión y desde el punto de vista espiritual es ganancia, porque el hecho de recordar la muerte nos ayuda a disfrutar el presente. A veces nos ha pasado que estamos con mi esposa en la cama y le pregunto: ¿qué pasaría si yo me muriera?
Con esas últimas palabras la voz de Astor se quiebra y comienza a llorar, yo le sigo. Tuvimos que esperar unos minutos para continuar, pues en serio la realidad de sus palabras dejaron un eco de mensaje de vida continúa...
Es bueno pensar en la muerte porque así uno valora a quienes tiene a su lado, se da cuenta que la vida es de vivirla día a día. Si no puede pasar y luego te encontrás diciendo: “¿Dónde está mi matrimonio? ¿Disfruté a mis hijos?”. Entonces es el esfuerzo diario de poder apreciar los días teniendo esa reflexión.
Más feliz?
No tengo un parámetro para medir que soy más feliz en un lugar u otro, porque son varias áreas donde me siento así.
¿Tu mayor logro?
Estoy seguro que ha sido poner a Dios en primer lugar en mi vida, de ahí todo lo demás está por añadidura.
¡Wow, eso cuesta mucho…!
Y todavía, pero esa es la batalla diaria. En cada área, estudios, familia, trabajo, etc.
¿Qué tipo de películas disfrutás?
Las comedias románticas y las de drama. La última que fui a ver al cine fue las Aventuras de Sammy, le encantó a Yolana.
¿Sos gustoso a la hora de vestirte?
No, trato de ser lo más sencillo. Tengo lo necesario.
¿Qué tenés en tu mesa de noche?
Fijate que sobre las dos mesas no tenemos nada, o bueno, si, los celulares. En la gaveta sí tenemos la lata de leche de la niña para no ir a la cocina en la madrugada.
¿Sos enojado?
Algo, un poco serio. De entrada no me expreso mucho, ya entrando en confianza sí soy más abierto.
¿Mejor amigo del equipo?
Nicolás Cardozo y con quien he compartido ya muchos años es Mario Berríos, desde la Sub-17... Son más de diez años de conocernos.
¿Atrevimiento más loco en tu vida?
Aparte de irme manejando de madrugada a Tegucigalpa, te puedo contar que una vez no me había puesto desodorante y estaba en el súper y sólo agarré uno y me puse, ja, ja, ja.
¿Qué talento quisieras haber tenido?
La pintura, creo. Siempre he admirado esos cuadros bellos, en Honduras no se reconoce mucho el talento. Hay un montón de artistas callejeros que son subestimados. Deberían de tener más apoyo.
¿Comida favorita?
Espagueti con carne molida.
¿El día más común en Astor?
Me levanto a las 6.00 am, casi siempre entrenamos en la tarde. Mi esposa se baña con la niña. Luego vamos a dejarla al kinder. A veces nos vamos a desayunar juntos, al mediodía el almuerzo. Luego de regreso por la niña. Voy a entrenar en la tarde. Luego a la universidad y ya regreso a casa.
¿Trabaja tu esposa?
Estuvo un tiempo, pero vimos que no era lo que esperábamos, no hay nada mejor que darle en sus primero años la cercanía a la niña. Los viernes a veces no la mando al kinder.
Ja, ja, ja. Esto no lo voy a poner para que no se dé cuenta la maestra…
No, sí ya sabe que no llega porque la dejo conmigo.
¿Ahora qué libro te está acompañando en las concentraciones?
“El caso de la fe”, de un abogado ex ateo que se interesó en confrontar a la gente que juzga a Dios porque piensan que no existe por la maldad del mundo.
¿Cómo hacés con tu pelo o bueno la ausencia del mismo?
Ja, ja, ja, antes me rasuraba yo, pero desde que me di una gran cortada me daba mucho miedo. Ahora voy al barbero a que me pasen la cero o me afeitan.
¿Por qué pelón?
Porque no tengo pelo bonito, es bien colocho. No me gusta.
¿El defecto que más odiás?
No sé si es defecto o virtud, depende del punto de vista. Como dice mi esposa: “Cuando me meto a un rollo, quién me saca”. Soy muy perfeccionista...
¿Te gusta leer?
Sí, mucho. Tengo mucha literatura cristiana, además de motivación personal, también me gustan las novelas de Paulo Coelho, “El manual del guerrero de la luz” es mi favorito. Yo de un libro busco ver qué me sirve, qué enseñanza me puede dejar.
¿Qué te dio por regresar a la universidad?
Siempre me tocó combinar estudio con deporte. Así logré terminar comercio, estudiaba de noche, un año en San Pedro. Yo soy de la idea que el fútbol termina, algo puede pasar y nunca se sabe. Me ha costado bastante, pero ya pronto voy a culminar mi carrera de Derecho.
¿Recibís algún trato especial por parte de la universidad?
Sí se puede, gracias a Dios me he encontrado con catedráticos que entienden mi situación y buscan cómo ayudarme. Me ponen exámenes antes o después, entienden mis compromisos y horarios, la UTH es una gran institución.
Qué feo eso...
Sí para el jugador, quizás sólo en América, en Europa no sé, pero se le ve de una manera bien despectiva. Pero sí se puede, hay chance, todo es de sacrificarse.
Hacerlo se puede, que cuesta eso ya es otra historia…
Claro, más con familia. Vale la pena. Yo le digo a Lilian que el día de mi graduación yo voy a tener unas palabras y ya tengo pensado lo que le diré. Ella me ayuda mucho con trabajos, a estudiar y las clases online. Le diré; “Nos graduamos”…