Este primer semestre del 2026 decidió no jugar a pesar de tener ofertas y tras casi 20 años de carrera profesional, el talentoso mediocampista hondureño Mario Martínez comienza a escribir un nuevo capítulo en su vida, medita el retiro.
Debutó en 2006 con Real España y construyó una trayectoria que lo llevó a disputar ligas en Europa, Sudamérica, Norteamérica y África, convirtiéndose en uno de los volantes creativos más constantes de su generación.
Mario Roberto Martínez Hernández defendió otras camisetas históricas, además de pasos por equipos como RSC Anderlecht, Barcelona SC, ENPPI Club y clubes de la MLS, entre otros. En total, jugó en cinco ligas distintas, acumulando centenares de partidos oficiales a nivel de clubes y anotando decenas de goles a lo largo de su carrera, muchos de ellos en instancias decisivas.
Con la Selección de Honduras también dejó huella: fue parte del proceso olímpico rumbo a Juegos Olímpicos de Londres 2012 y posteriormente integró la nómina mundialista en Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014, cumpliendo el sueño que todo niño futbolista anhela.
Además, participó en múltiples procesos eliminatorios y torneos regionales, consolidándose como uno de los “10” más reconocidos del fútbol hondureño reciente.
Hoy, ya con 36 años, Martínez ha decidido priorizar a su familia y establecerse en San Pedro Sula, mientras se prepara académicamente con licencias de entrenador y estudios en Gerencia Deportiva. Pero dejó abierta la posibilidad de volver a jugar si llega una oferta que le llene las expectativas.
En esta entrevista exclusiva con DIEZ, el exvolante habla con franqueza sobre el sacrificio familiar que implica su carrera, su frustración por no tener un “último baile” en Real España, su análisis del presente aurinegro tras la goleada sufrida ante Los Angeles FC por 6-1, y su visión sobre el fútbol moderno.
Con la madurez que dan los años y la experiencia internacional, Mario Martínez no solo repasa sus números y logros, sino también los momentos que lo marcaron fuera del campo. Porque si algo deja claro en esta conversación, es que más allá de los títulos, los goles y las estadísticas, el mayor triunfo para él hoy es poder estar cerca de su familia y seguir ligado al deporte que le dio todo.
ENTREVISTA CON MARIO MARTÍNEZ
— Mario, después de tantos años en el fútbol, ahora inicias una nueva etapa como entrenador. ¿Cómo estás viviendo esta faceta?
Estoy viviendo una nueva etapa, pero siempre ligado al fútbol. Se me dio la oportunidad en la academia Kifaru, que pertenece a la institución Happy New Town. Me hablaron del proyecto y me pareció una gran oportunidad. Además, aquí estudia mi hijo, así que se alinearon muchas cosas. Esperamos, primeramente Dios, aprovechar esta etapa al máximo. Seguimos preparándonos, cursando las licencias C y B. Queremos seguir aprendiendo. Tenemos un gran maestro como Cristian Caballero, de quien podemos adquirir mucho conocimiento. Estamos disfrutando cada momento con los niños y tratando de sacar el máximo provecho.
— ¿Eso significa que los botines ya están colgados definitivamente?
Prácticamente sí. Muchas personas me dicen que aún podría jugar un tiempo más, pero es una decisión personal. Quiero estar más centrado en mi familia y establecerme en San Pedro Sula. No fue fácil para mis hijos cambiar constantemente de escuela y de país. Lo han sufrido. Tuve oportunidades para regresar a Juticalpa FC y también para ir a Tegucigalpa, pero decidí quedarme aquí. Quiero enfocarme en nuevos proyectos personales, dedicar más tiempo a mi familia, ser más padre, más esposo y estar cerca de mis padres. Confío en que Dios respalde y guíe los proyectos que tenemos en mente, y que a nivel personal y familiar nos vaya bien.
— Sacrificaste mucho por ser futbolista. ¿Qué balance haces de tu carrera?
Le agradezco a Dios porque fue una carrera hermosa. Es un don que Él nos regaló: hacer lo que nos gusta y además vivir de ello. Estoy profundamente agradecido con mi familia, que siempre estuvo presente. Pero sí, es una profesión sacrificada. Mis hijos vivieron cambios constantes: estuvimos en Egipto, en Olancho, en Comayagua. No fue fácil para ellos cambiar de país y de escuela. Al final, uno sabe que es parte del camino, porque es lo que nos apasiona y lo que nos da sustento. Ahora queremos establecernos y disfrutar más tiempo en familia.
— ¿Cuáles fueron las palabras que más te marcaron de tus hijos o de tu esposa durante tu carrera?
Hubo un momento en que mi hijo me dijo: “Papá, seguí jugando”, pero al mismo tiempo se ponía triste porque sabía que eso significaba irnos de San Pedro Sula y cambiar otra vez de escuela. Eso me marcó mucho. También me decía: “¿Te tenés que ir a Olancho? ¿Te vas a quedar allá y nosotros aquí?”. Esos viajes eran difíciles para mí. No lo digo por Olancho, porque la gente y el equipo me trataron muy bien, sino por dejar a mi familia. Aprovechaba al máximo los fines de semana, pero el lunes, cuando tenía que irme, mi hijo quedaba triste. Ahora tengo una niña pequeña y no es fácil. Además de futbolista, soy ser humano y siento. Cuando no estás con tu familia, todo se vuelve más complicado. Ellos lloraban. A veces tenía que salir casi escondido de la casa. En las llamadas o videollamadas terminábamos llorando. Son momentos que te marcan y que influyen en tus decisiones.
— Entonces, ¿ya es definitivo que no volverás a jugar?
No puedo decir que sea un no definitivo. Si aparece una oportunidad que valga la pena, podría volver. Mi prioridad es quedarme en San Pedro Sula, cerca de mi familia. Se dio la posibilidad de terminar en Leones, pero no hubo acuerdo. También creo que uno debe valorarse. No se trata de cobrar cifras altas, sino de respeto profesional. Estoy agradecido por el interés, pero si no se puede, hay que buscar nuevos proyectos.
— ¿Qué proyectos tienes ahora?
Estamos apoyando un emprendimiento familiar; mi esposa tiene un salón y la estoy respaldando en ese proyecto. Además, ya iniciamos esta etapa en la academia y estoy estudiando Gerencia Deportiva, porque quiero seguir ligado al fútbol desde otra área. La idea es continuar preparándome y crecer como entrenador y como profesional. Confío en que Dios nos guíe en este nuevo camino.
— Hablar contigo es hablar de Real España. ¿Te quedó pendiente un último torneo o una despedida con el club?
Recibí muchos mensajes sobre un posible “último baile” con Real España. La gente lo pedía, pero no siempre depende de uno. A mí me hubiera gustado cerrar mi carrera ahí, hacer un último torneo o una despedida, porque soy Real España. Sin embargo, las decisiones también pasan por la directiva. Conversamos durante varios meses y no se concretó. No estoy dolido. Soy una persona agradecida con Dios, con mi familia y con Real España, que fue el club que me abrió las puertas y me dio a conocer. Cuando me tocó salir, fue una decisión institucional, como le puede pasar a cualquier jugador. Claro que me hubiera gustado retirarme ahí, pero no se dio. Eso no cambia mi cariño por el club. Sigo apoyando a Real España. Siempre quiero que le vaya bien, que pelee campeonatos y que represente dignamente a Honduras. Cuando uno opina, lo hace pensando en el bien de la institución.
— Como aurinegro, ¿Cómo te cayó ese 6-1 ante LAFC?
Te soy sincero: me dolió. Iba camino al estadio, pero por cuestiones personales no pude llegar. Pensé que Real España iba a competir mejor ante Los Ángeles. Me sorprendió que en los primeros 20 minutos ya estuviera 3-0 o 4-0. Sentí pena, porque esperaba mucho más. Hay maneras de perder, y siento que Real España no perdió de buena forma. En el segundo tiempo se vio algo distinto, pero ya era tarde. Ahora toca cerrar con dignidad y levantarse para que esto no afecte el torneo local.
— ¿Por qué pasó algo así? ¿Fue mentalidad o superioridad del rival?
Este tipo de escenarios pesan. Vi a varios jugadores nerviosos, imprecisos, sin poder dar un pase corto. Cuando jugás con línea de cinco y no hay comunicación, se nota. Pasó un poco de todo.
No fue el Real España que había arrancado el torneo. También hubo decisiones técnicas que generan debate. Si dejás en el banco a tu referente goleador, como Darixon Vuelto, es normal que surjan preguntas. Pero al final son decisiones del entrenador y hay que respetarlas. Lo que uno opina es por el bien del equipo, no para criticar.
— ¿Te ha gustado el proceso del técnico en Real España?
No tengo nada en contra de los extranjeros, pero hay que decir las cosas como son. A un técnico uruguayo, por ejemplo, no se le tendría la misma paciencia si no consigue resultados en un torneo. El equipo arrancó bien y ha tenido momentos positivos, pero ya son casi cuatro torneos. Real España debe mostrar otra cara. Si le preguntás a cualquier españolista si está conforme con el rendimiento, la mayoría dirá que no. Hay que respaldar al entrenador porque es quien dirige el grupo, pero también es momento de competir en serio por el título.
— ¿Qué le falta a los equipos sampedranos para volver a dominar?
Ya son varios años sin títulos para los clubes de San Pedro Sula. Me gustaría ver campeón a Real España o a Marathón, porque la zona norte necesita volver a competir fuerte. El rival a vencer sigue siendo Olimpia, y eso no ha cambiado. La afición quiere títulos, y tiene razón. Real España es un club grande y debe pelear campeonatos. Es momento de que los equipos sampedranos den ese paso al frente.
— ¿Qué es lo mejor que te dejó el fútbol?
Amigos. Eso es lo más valioso. Más allá de lo económico, el fútbol me dejó amistades que hoy siguen vigentes. Hace poco me reuní con varios exjugadores, entre ellos Luciano Emilio, y compartimos anécdotas de todo lo que vivimos. Hablábamos de cómo era el fútbol antes y cómo es ahora. Esos momentos no tienen precio, porque recordás dónde comenzaste, todo lo que te costó y lo que significó la carrera. El fútbol me dio muchas cosas, pero lo más importante fueron las relaciones y la posibilidad de que mi familia esté bien.
— ¿Cómo era antes y cómo es ahora el fútbol?
Hoy hay muchas distracciones, especialmente las redes sociales. El jugador puede hacer lo que quiera en su tiempo libre, pero antes había una vergüenza deportiva distinta. Si perdías un fin de semana, no estabas pensando en redes. A nosotros nos formaron jugadores de experiencia que nos enseñaron a respetar la profesión. Antes, para sentarte en el bus o en el comedor, debías esperar al más veterano. Si no respetabas eso, te lo hacían entender.
Había liderazgo fuerte en el camerino. Los referentes te decían: “No es solo mi trabajo, es la comida de mi familia”. Eso te hacía valorar la carrera. Después de entrenar, jugadores como Carlos Pavón se quedaban practicando centros o tiros libres durante dos o tres horas más. Hoy muchos jóvenes entrenan hora y media y se quieren ir a casa sin trabajar aspectos que deben mejorar. Estoy agradecido con los compañeros que tuve, porque aprendí mucho de ellos.
— ¿Qué es lo que más te decepcionó del fútbol?
Sería mentiroso decir que nunca me quejé; hubo entrenamientos duros y momentos difíciles. Pero lo que más me decepcionaba era no valorar lo que estábamos viviendo. Mi sueño era ser profesional y jugar en la Selección. Cuando lo logré —jugar una Olimpiada y un Mundial— entendí que muchos no disfrutaban ese privilegio como deberían. A veces nos quejábamos sin darnos cuenta de que estábamos cumpliendo el sueño de niños. Incluso yo tuve momentos en los que no valoré todo como debía. Con el tiempo maduré y entendí que estaba haciendo lo que más me gustaba y que debía disfrutarlo.
— ¿Ese cambio de mentalidad llegó con el proceso de Jorge Luis Pinto?
El proceso con el profesor Jorge Luis Pinto no fue fácil. Él tenía una metodología clara y decía que le había dado resultados; no iba a cambiarla. Si no te adaptabas, era tu decisión. Venía de llevar a Costa Rica a un Mundial casi invicto. ¿Qué le ibas a cuestionar? Recuerdo una anécdota: llegué de Egipto a las dos de la mañana para un amistoso contra El Salvador en Washington. A las tres ya estaba en el hotel y el profesor Pinto me estaba esperando. Ese mismo día había partido. En el almuerzo me preguntó cómo me sentía. Le dije que bien, que podía jugar algunos minutos. Me respondió: “Vas a ser titular”. Terminé jugando entre 60 y 70 minutos. Los entrenamientos eran exigentes, de dos o tres horas, y no estábamos acostumbrados a eso. Hubo roces normales, como en cualquier equipo, pero siempre hubo respeto. En concentraciones no faltaba nada: buena alimentación, descanso y profesionalismo. Cuando salís al extranjero te das cuenta de que la intensidad es diferente. Yo siempre me enfoqué en trabajar y estar a disposición. No sé si lo hice perfecto, pero siempre disfruté vestir la camiseta de la Selección.
— ¿Por qué dicen que fuiste el último “10” de Honduras?
No lo sé. Estoy agradecido con Dios y con la gente que valoró mi trabajo en la Selección y en los clubes donde estuve, como Real España y Marathón. Incluso hoy, cuando me encuentro con aficionados de Marathón —y estuve solo dos años— me muestran cariño y respeto. Me tocó estar en procesos de selecciones menores y luego en la mayor. No es coincidencia; algo bien se hizo. Agradezco a quienes me consideran “el último 10”. También a quienes critican, porque el fútbol te expone a todo. Para mí, lo más importante fue disfrutar representar a Honduras, sin importar el número en la camiseta.
— Mencionaste que cometiste errores. ¿Cuál fue el mayor?
Quizá no aprovechar del todo las oportunidades en el extranjero cuando era muy joven. Estuve en Noruega y hubo posibilidades que no supe dimensionar por inmadurez. También en procesos juveniles, como el Sub-20, uno se deja influenciar fácilmente por representantes y decisiones apresuradas. Son errores que pesan, pero que te hacen madurar y reflexionar.
— ¿Sientes que tu carrera pudo ser más exitosa?
Algunos me dicen que sí. Tal vez, si hubiera tomado decisiones diferentes. Pero no me quedo con eso. Dios me regaló una carrera digna, más de lo que soñé: jugar profesionalmente, estar en la Selección, disputar Juegos Olímpicos y un Mundial. No sería justo quejarme.
— ¿Quién decidió tu salida de Real España?
Fue una decisión dirigencial. En ese momento llegó el profesor Carlos y comenzó un proceso nuevo. Salimos varios jugadores de experiencia, entre ellos Leverón. Son decisiones que uno debe respetar. Estoy agradecido con Real España; fue el club que me abrió las puertas y me dio a conocer.
— ¿Tuviste enemigos en el fútbol?
No que yo recuerde. En la cancha puede haber roces normales, pero después del partido todo queda ahí. No soy un jugador conflictivo. Si alguien tuvo algún problema conmigo, nunca fue algo personal ni duradero.
— ¿Hubo algún entrenador que te hiciera la vida difícil?
No imposible, pero sí me costó jugar con Magdaleno Cano en Real España. Sentí que no me tomaba mucho en cuenta. Aun así, seguí trabajando para mí mismo, convencido de que la oportunidad llegaría. Él terminó saliendo y yo continué mi camino.
— ¿Lloraste alguna vez en el fútbol?
No soy de llorar, ni siquiera cuando fui campeón. El título que más me dolió perder fue la final con Olancho ante Olimpia. Sentía que ese equipo de Potros era el que mejor jugaba y me imaginaba llevando la copa a Olancho. Más que el premio económico, me ilusionaba darle esa alegría al pueblo y a la directiva, que siempre invirtió para competir. No lloré, pero me dolió mucho.
— ¿Te vas satisfecho con tu carrera?
Sí. Debuté en 2006 y fueron casi 20 años de carrera. Mi sueño era simplemente jugar profesionalmente, y Dios me dio mucho más. Representé a Honduras en Juegos Olímpicos y en un Mundial. Me voy agradecido y satisfecho.
— ¿Te consideras ídolo o referente de Real España?
Referente, quizá. La palabra ídolo no me gusta, ni siquiera la uso para Messi, a quien considero el mejor de la historia. Para mí, el máximo referente de Real España es Carlos Pavón. Está por encima de todos. Aunque yo tenga cuatro títulos y él tres, eso no me pone a su nivel. Pavón es el referente histórico del club y también de la Selección.
— ¿Cuántas camisetas guardas de tu carrera?
Tengo alrededor de 60. La más especial es la del Mundial con Honduras. También guardo la de Marcelo, la de Matías Suárez cuando jugaba en Anderlecht y varias de compañeros como Maynor Figueroa y Marvin Chávez. Son recuerdos que valoro mucho.
— ¿En cuántas ligas jugaste y cómo las ordenarías?
Estuve en cinco ligas. Para mí, la mejor fue Bélgica. Luego Noruega, por su competitividad actual. Después pondría la MLS, luego Egipto y Ecuador, y finalmente Honduras. Jugué en clubes importantes como Barcelona de Ecuador y ENPPI de Egipto, que compiten internacionalmente. Gracias a Dios, siempre estuve en equipos que peleaban cosas importantes.
— ¿Cómo surge tu interés por la gerencia deportiva?
Estoy estudiando Gerencia Deportiva con un curso internacional. Quiero prepararme y seguir ligado al fútbol, no solo como entrenador de niños, sino también desde la dirección deportiva. También he dialogado con Espíndola sobre la posibilidad de representar jugadores y ayudar a proyectar talentos hondureños al extranjero. Es otra área que me interesa. Uno nunca sabe dónde puede surgir una oportunidad: en Real España, Olancho, Marathón u otro club. Lo importante es prepararse y hacer las cosas bien.
¿Cómo vas con el tema de entrenador?
De a poco, estamos sacando las licencias D y C, no me daba el tiempo porque estaba jugando y ahora tengo más tiempo. Quiero prepararme, sino sigo aquí podría ser en el extranjero. Aquí en la academia Kifaru nos hablaron de irnos a especializar a Europa, ojalá que sea una bonita persona y para los de la academia.
¿Te ves dirigiendo en la Liga Nacional?
Es que nunca se sabe... El tema de dirigir en la Liga, no es un trabajo fijo y no es que sea valorado en Honduras. Tal vez en reservas te pueden tener dos o tres años, el tema de dirigir no es miedo, pero no es fijo y aquí dos o tres partidos ya te pide la afición salir y a un extranjero. Es la realidad de nuestro fútbol, no digo que no lo haré. Me gustaría tomar la experiencia de ser asistente, en reservas, de ayudar a los chicos, de querer seguir viviendo esa sensación.
¿Cómo qué técnico sería tu espejo?
No sé porque cada técnico tiene su método de trabajo, pero de todos los que he tenido me gustó mucho lo que hizo Zanabria, Tato García, Pepe Trevieño, JJ López... Si hay un esquema o plan de juego, me gusta lo que está haciendo ahorita JJ.
¿Qué tipo de técnico querés ser?
Mirá, si llego a ser técnico el que siempre se va a ser el centro de atención es el jugador, algunos entrenadores quieren ser ellos los referentes. Quiero hacer eso, hacer bonitos grupos, llevarme con ellos y dar esa confianza.
¿Con ventaja luego de vivir ese ambiente?
Yo diría que sí, mirá... Cómo se va a sentir un chico que lo dirija Carlos Pavón, Amado Guevara, Rambo de León, está esa ventaja. Ellos vieron lo que se realizó y puede ser que uno puede ganar un poco más de puntos, puedes ser más escuchado por el futbolista.
¿Cómo sería tu idea?
Cada uno tiene su idea de juego, hay partidos que vos no podés venir a jugarle de tú a tú, como al Inter Miami o Tigres. Debes ser inteligente, reforzar tu planteamiento dos semanas antes, fichar para competir en las zonas. Tampoco vengo a regalarme, esa es la mentalidad de uno.
¿Cuándo te ves en un banquillo?
Más adelante veremos que pasa, si Dios nos da la oportunidad y yo quiero sentir esa sensación de estar en un banquillo. Dirigir a un equipo o estar como asistente, lo quiere sentir.
¿Es más fácil dirigir a los niños o a los adultos?
Dirigir a niños es de más paciencia, que tienes que dejarlo disfrutar porque es un niño, formarlo, si le gusta... Uno me dijo que le gustaba béisbol y otro karate. Es de motivarlos, con linda carrera.
¿Técnico referente a nivel internacional?
Para mí, Pep Guardiola. Es un antes y después del fútbol. Tal vez Luis Enrique, Jurgen Klopp, Zinedine Zidane.
Muchos 10 buscaron ser técnicos, no tuvieron esa gran carrera en los banquillos e incluso otros grandes exjugadores ¿Qué piensas de eso?
Yo he escuchado mucho decir que no es lo mismo ser jugador a técnico, tienen razón. Pero hay que prepararse, no es lo mismo ser entrenador, hay que cambiar de chip y que el referente, quien tiene el foco, es el jugador.