Liga Nacional

Técnico Héctor Castellón: 'No fui muy 'noviero”, siempre fui muy tímido'

El entrenador nos muestra su lado más íntimo y oculto en esta entretenida entrevista a DIEZ

2015-12-03

Héctor Castellón ha vivido 26 años en México. Se graduó de ingeniero industrial en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras y tiene varios diplomados en diferentes áreas del saber. Es un hombre muy preparado, pero también muy jocoso. Entonces hablamos un poco de fútbol, pero nos centramos en conocer el otro lado del técnico y habló sobre cosas que nadie conoce, por ejemplo, que un directivo de Fenafuth pagó muchas veces su matrícula en la “U”.

Vamos a calentar, cómo si fuera un partido, ¿qué es lo que más disfruta de este momento?
Disfruto todo, desde el punto de vista que nadie nos ha regalado nada y no es pecar de agrandado, pero estar viviendo está instancia, un equipo chiquitito peleando contra estos tiburones.

Del caliche mexicano, ¿cuál es la frase que más se le pegó?
Tengo muy bien cimentadas mis raíces hondureñas, quizás la que más repito es híjole, chingar (se disculpa) y ándale. Son más pegajosas para mí.

¿Los tacos o las baleadas?
Pues los tacos y las baleadas, para qué limitarse, hay que agarrar los dos.

¿Cómo emprendió esa aventura de ser técnico?
Siempre fui muy inquieto para estudiar, empecé mis estudios poco después de la escuela. Cuando llego a Tegucigalpa, me lleva Olimpia a una prueba. Ahí empezó mi historia, sabía que no tenía un futuro en el fútbol, sabía que tenía que estudiar y empecé en la universidad en 1986. Voy a contar que tengo una gratitud con Alfredo Hawit, que en ese entonces era secretario de la UNAH y cuando carecía de recurso, Alfredo me daba la matrícula, es buen momento para agradecerle aquellos 55 lempiras, me apoyó muchas veces. Me ayudaron muchos.

¿No se fue mojado a México?
No, me fui a estudiar, me gané una beca. Tenía dos oportunidades una para ir a la Universidad de Arkansas para estudiar agronomía y la otra en México.

Estamos entre amigos, ¿porqué no creía que viviría del fútbol? ¿Era garrote?
Te la pongo fácil, era “morris” y era machetero, pero tenía mis cositas, por eso llego a Olimpia, después pasé la Universidad y terminé en el Independiente de Siguatepeque, pero siempre en mi mente estaban mis estudios.

¿Y usted como le decían cuando llegó al Olimpia?
Solo Cortés, no sé porqué. Es como en México, solo el “Honduras”, todavía llego y me dicen ¿ajá Honduras cómo estás?.

¿Quién es el Messi de su equipo?
No hay un Messi, hay un equipo que soluciona problemas que le plantean los rivales, ese ha sido el éxito de este grupo.

¿Cuál es su lugar favorito en el mundo?
No conozco muchos, pero siempre me siento bien estando en Muchilena. Veo los árboles que vi cuando era chavito, recuerdo como a las 7:00 pm con mis amigos Nanen y Lando, acostados cada quien en su cayuco, hablando tonteras, que las seguimos platicando, eso lo disfruto mucho.

Rambo, Superman... ¿Con qué personaje de ciencia ficción se identifica?
Con Kalimán, era en la época de chico el personaje de moda. Estaba jugando fútbol y al lado estaba una radio trasmitiendo a Kalimán.

¿Qué edad tenía cuando tuvo su primera novia?
Cuando uno está chavito se enamora de ojos y hace cartas que nunca llegaba a la novia. No fui muy “noviero”, siempre fui muy tímido.

¿Usted recuerda su primera vez?
Yo perdí (la virginidad) en un burdel, valía cinco lempiras. Lo cuento con todo el respeto a los lectores porque me hiciste la pregunta, creo que muchos en esa época nos tocó hacerlo así. Fue una agradable experiencia, lo más fácil era ir, pero lo complicado era conseguir los cinco lempiras, que en aquella época tenía que ir a trabajar de sol a sol cortando arroz y te pagaban 1.50 diarios, entonces la pensabas.

LA FAMILIA
¿De su niñez, en Muchilena, qué recuerda?
Los mejores años de mi vida fueron en Muchilena. Vengo de una familia de escasos recursos, disfuncional porque no había una mamá de estructura. Había una abuelita, una tía y un papá. Un padre fantástico y extraordinario, con mucho problemas alcohólicos, pero con una responsabilidad hacia su hijo que todavía me pega el hecho que no esté conmigo. Fue mi héroe.

¿Qué pasó con su papá?
Me lo llevé a México porque tenía una relación muy estrecha con él, era mi amigo íntimo, era todo. Nos mirábamos y ya sabíamos de que se trataba. Lo tuve en México un año, su sueño era conocer estadios y lo llevé al Azteca, Nemesio Diez, hasta el de Cuernavaca fuimos, era uno de sus gustos. Al año decidió venirse, fue la última vez que lo vi, cuando regresé fue para enterrarlo.
Imaginese a su padre en el estadio viendo al hijo dirigir una final.
Le hubiera dado mucho gusto, mi papá tenía muchas expectativas conmigo por mi forma de ser, pero le dolía mucho que el no tenía los recursos para empujarme, por eso cuando salí de la escuela estuve un tiempo sin estudiar. Mi viejo sufría muchísimo. Cuando me gradué en el colegio estuvo él.

¿Lo ha llorado profe?
Mucho, lo sigo extrañando porque era un guía natural, a pesar de mis años sigo sintiendo que a veces necesita de una guía y el viejo era un sabio, siempre tenía la palabra correcta para cualquier situación.

La verdad, ¿cuántas veces lo cachimbeó la tía Cori?
Era lo que más hacía, pero me le fugaba, me le tiraba al mar y no podía sacar. Tengo muchas anécdotas.

¿Y de esas cachimbeadas cuál es la que más recuerda?
Una vez, por andar jugando le quebré unos huevos y huí porque sabía que las cosas no iban estar bien, me subí a un árbol, llegó la tarde y la noche, me fui con mi papá, al siguiente día a desayunar, parecía bien pero yo veía las cosas un poco raras y de repente me descuidé, se vino por detrás y me pescó, creo que ha sido la paliza más dura. Creo que les decían chilillos, era una rama de tamarindo, esa sí la recuerda. Pero fue una tía extraordinaria.

¿Un padre o un sargento para sus jugadores?
Ni padre ni sargento, soy un compañero del grupo, trato de ser el líder y trato de ser un profesor a la hora de mostrar mis ideas. Cuando tengo que ser sargento lo soy, si tengo que ser alero también y cuando no tengo que estar me aparto.