Este sábado llegó a saludar a viejos amigos en la selección de Costa Rica como Gabelo Conejo y el propio Wanchope a quien él vio cómo su padre lo llevaba en brazos al estadio cuando era un niño.
Camisa roja, una calzoneta negra y tenis rojos simbolizan su vida como el exjugador que fue.
Ya está acostumbrado, porque es algo que lo identificó en su paso en clubes como Marathón de Honduras donde dejó una huella por sus grandes dotes de arquero. Además tenía registrado un carácter muy fuerte.
Su batalla contra el cáncer de huesos comenzó hace ocho años y según explica él mismo, “me queda poco tiempo de vida. Los médicos me acaban de decir que periódicamente iré perdiendo un 30 por ciento de vida. Ellos están haciendo experimentos y todo, pero ya no hay esperanzas”, le dice a sus viejos amigos allí junto a él, quienes se quedan en shok al ver la tremenda capacidad que tiene para lidiar con su problema.
Wanchope se queda mudo por un momento y le dice que compartirá su historia con los muchachos para ayudarle...
Sin embargo, Cubillo no quiere dar lástima y le dice que su único deseo es haber visto los colores de su selección en esta Copa Centroamericana.
“No te preocupes, solo quería venir a saludarlos y quizá sea por última vez”, señala con sinceridad al mismo tiempo que sus ojos se enrojecen.
Cubillo se despide de Wanchope y Conejo, quienes le desean lo mejor en medio de la angustia que lleva por dentro.