La Unión Deportiva Logroñés, de Segunda RFEF, eliminó de la Copa del Rey al Girona, al ganarle en una tanda de penaltis en la que jugó como portero el lateral izquierdo Pol Arnau, hijo del fallecido exguardameta Francesc Arnau, por la lesión del titular, Kike Royo.
La indolencia del Girona en muchos minutos marcó un encuentro en el que los locales creyeron desde el principio que podían competir y al final se agarraron a la épica. Porque su rival terminó el partido con 10 jugadores, después de que su portero, Kike Royo, se lesionara en un encontronazo con Stuani; el Logroñés había hecho ya todos sus cambios y colocó de portero a Pol Aranau, un joven defensa hijo del que fuera portero del Barcelona, entre otros.

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Una de las polémicas que se dio en el partido del Athletic vs Real Madrid fue una caída dentro del área de Rodrygo.
El chaval demostró haber aprendido de su padre, solventó con acierto el poco peligro que le llegó y en los penaltis paró un lanzamiento, a Abel Ruiz, que, unido a un error Stuani, llevó el éxtasis a la grada y la decepción a un Girona que no se adaptó al partido en ningún momento y al final lo pagó.
El Logroñés, con varios jugadores de su filial en la alineación, apostó la eliminatoria al orden defensivo y la garra y eso le sirvió para aguantar toda la primera mitad a un Girona más contemplativo, que esperaba su momento.
El equipo catalán, también con algunos jugadores “descolocados” en el once tardó mucho en aposentarse sobre el césped de Las Gaunas y más en darse cuenta de que enfrente no tenía a una comparsa, por mucho que fuese un equipo de la cuarta categoría del fútbol español.
El Girona se confió aun más cuando Stuani tuvo la primera ocasión del partido para su equipo, en el 23, con un remate que repelió el poste.
Sin embargo, esa acción fue totalmente aislada y la primera mitad se consumió entre el empuje de un conjunto de Primera más fuerte pero sin remate; y las ganas de un Logroñés que siempre que pudo intentó irse arriba, pero sin hacer locuras y, sobre todo, sin perder el orden.

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Las mejores acciones de ataque fueron, por eso, para el equipo riojano, que ya en el minuto 13 había tenido una buena llegada, aunque Nájera no logró disparar bien; algo que sí hizo en el 33, con un tiro que cruzó demasiado, por centímetros.
La segunda mitad comenzó con una variante táctica de los locales a la que el Girona tampoco respondió; el Logroñés presionó más arriba, para tratar de desorganizar la salida de balón del equipo catalán y lo logró para desesperación de su técnico.
Míchel siguió viendo fríos a sus jugadores y trató espolearles desde la banda, primero, y luego metió más ambición en el campo con los cambios.

Pero tampoco encontró respuesta de sus jugadores, que siguieron sin tirar a puerta, confiados en que en algún momento encontrarían el “hueco” para marcar, aunque lo que en realidad ocurrió es que el Logroñés se sintió más cómodo e, incluso, tuvo una buena ocasión en un balón robado por Facchín, que se precipitó en el último disparo.
El Girona seguía sin encontrar un patrón de juego que le llevara a dominar por completo el choque y, aunque cada vez imponía más su físico, tampoco disparaba a puerta. Pudo marcar, eso sí, en un saque de esquina que se paseó frente al portero riojano sin encontrar rematador en el minuto 78.
Pero tampoco hizo mucho más, aunque casi al final del tiempo reglamentario trató de presionar en el área riojana, consciente de que el Logroñés estaba “fundido”; pero los catalanes no tuvieron tiempo de culminar ese empuje y quedaron abocados a la prórroga, todo un “borrón” en un choque tan desigual.
En el tiempo añadido, a pesar de que el Logroñés estaba con un hombre menos y de que tenía un portero de circunstancias, tampoco pasó muchos apuros.
Incomprensiblemente, el Girona apenas tiró a puerta, y tampoco “probó” al inexperto Arnau; al contrario, el joven portero se llevó tres balones fáciles y no pasó más apuros, gracias a que estuvo bien resguardado por sus compañeros, que, incluso pudieron marcar en dos buenas ocasiones de Pau y Madrazo.
Así llegaron los penaltis y el Girona terminó de culminar un auténtico borrón con dos errores que le dejan fuera de la Copa. Pol Arnau fue el héroe inesperado del equipo riojano.

Pol Arnau cree que su padre le dio energía y que estará orgulloso de él
El joven defensa Pol Arnau sigue, horas después, emocionado por su papel de héroe en la eliminatoria de Copa del Rey en la que la Unión Deportiva Logroñés eliminó al Girona al parar un penalti, en el que cree que tuvo la ayuda de su padre, portero de Primera División fallecido en 2021, y, “allí donde esté, se sentirá orgulloso”.
Arnau ha vivido este jueves una mañana muy diferente a las habituales para él, ya que se ha entrenado como siempre en la ciudad deportiva de su club, donde alterna la presencia en el primer equipo, que milita en la Segunda RFEF, y el filial de Tercera, con el que tiene ficha.
Sin embargo, mientras se ejercitaba, ha visto una “nube” de cámaras centradas en sus ejercicios, empeñadas en captar cada gesto, cada sonrisa de un chaval que desprende alegría.
Luego, ha ofrecido una rueda informativa multitudinaria, en la que se ha emocionado al acordarse de su familia y en la que ha reconocido que dormir anoche fue muy complicado.
Pol Arnau vive el fútbol desde la cuna. Su padre fue un portero de Primera en el Barcelona, donde jugó desde las categorías inferiores; y en el Málaga, donde se retiró en 2011. También fue director deportivo del equipo andaluz y del Oviedo, cargo que ejerció hasta mayo de 2021.
Además, su madre, María José Camacho, fue futbolista de primera división y, como él mismo recuerda sin parar, su hermano Marc juega de portero en el Mollerussa.
Él pasó por los juveniles del Oviedo y del Damm de Barcelona, donde alguien se fijó en un espigado lateral derecho y le ofreció seguir progresando en el fútbol en Logroño, a donde llegó en el verano de 2023 y, aunque sigue vinculado al filial de este equipo, ya ha vivido dos momentos de “gloria” en Las Gaunas, ya que fue el autor del gol con el que la UD Logroñés eliminó al Eibar en la primera ronda de la Copa.

“Yo puedo”
Solo diez horas después del partido de anoche le ha tocado volver a entrenar y explicar de nuevo cómo vivió lo que pasó en el estadio de Logroño.
Cuando el portero de su equipo, Kike Royo, quedó tendido en el suelo, casi inconsciente (este jueves ha sido dado de alta de un centro hospitalario, con un gran chichón en la cabeza), algunos de sus compañeros se dirigieron a su banquillo contrariados porque no se pudiera hacer un cambio más, algo que, por cierto, sí se permite en el fútbol profesional.
Arnau preguntó a su entrenador, Sergio Rodríguez, quien en ese momento parecía inclinarse por otro futbolista para el puesto.
“Le dije ‘yo puedo’ y ‘me agarré la camiseta’”, en un gesto que llevó al técnico a darle los guantes, que “me estaban algo grandes”, bromea.
“Creo que es algo que tengo de familia, de mi padre y de mi hermano”, ha explicado para detallar cómo se colocó bajo los palos, “aunque tengo que mejorar algo en las salidas para la próxima vez”,.
Tras la prórroga, en la que detuvo varios balones, llegaron los penaltis y, como un profesional en el puesto, recibió un papel que describía las formas de tirar penaltis de los jugadores del Girona.
El portero suplente del Logroñés, Daza, le insistió en por dónde lanza habitualmente Abel Ruiz: “me tiré en función de eso y salió bien”, tanto que su equipo eliminó a un rival de Champions.

No todo han sido momentos felices
Además, ha recordado cómo tuvo tiempo de hablar con el portero del Girona, Pau López, que le insistió en la norma de poner el pie en la línea antes de cada lanzamiento.
“Con él me reí porque era en una situación que no te puedes creer, ni me daba cuenta de dónde estaba, pensaba que era el patio del colegio”, ha bromeado este joven jugador, que está a días de cumplir 20 años.
También pensó, ha detallado, en su hermano Marc, al que ha visto detener varios penaltis en la Copa de Cataluña y “hacer las cosas como él me ayudó”.
“He pasado una noche de muchas emociones y muchos mensajes, pero ya estoy pensando en el partido del fin de semana”, ha afirmado, sin saber todavía si jugará en Logroño, con su equipo de Tercera, o en Subiza (Navarra), si le vuelven a reclamar para el lateral del equipo de Segunda. “Donde me manden iré”, asume.
En Logroño se siente “muy arropado”, ha asegurado, porque “desde el primer día me han tratado muy bien, la gente del club y los jugadores más veteranos”; y ha tenido palabras de agradecimiento también para el técnico Miguel Flaño, que dirigía a la UD Logroñés en Segunda RFEF hasta que fue destituido hace dos semanas.
Pero especialmente se ha acordado, visiblemente emocionado, de su familia, “en la que no todo han sido momentos felices”, especialmente por la pérdida de su padre, “con el que yo hablo todos los días” y “también lo hice ayer antes de los penaltis, miré al cielo y él me dio energía, seguro que estará orgulloso”.
El error en la tanda de penales
La historia de Pol Arnau dejó en segundo plano un grave error de los árbitros en la tanda de penaltis: no dar este tanto de Stuani. Se ve que la bola rebasa la línea de gol con claridad. Tras este marcó Yasin y clasificó a la UD Logroñés.