Liga Hondubet

'Puedo lavar, planchar y cocinar'

Fabio Ulloa nos abre las puertas en 'Con Sello Femenino' y nos cuenta su historia. El defensa apenas tenía 13 años cuando murió su padre, eso cambiaría su vida...

2010-07-28

Por lo que hizo en la cancha, Fabio Ulloa es uno de los grandes ídolos del olimpismo. Sin embargo, llega a la entrevista sin poses ni ínfulas de grandeza. A sus casi 34 años es un hombre más sereno. Equilibrado. Al parecer, queda muy poco de aquel muchacho rebelde que integró una generación blanca que arrasó en las canchas hondureñas.

¿Cómo fue crecer en Tela?
Tuve una vida normal, una casa humilde. Contamos con el apoyo de mis padres. Lastimosamente cuando yo tenía 13 años él falleció.

Lo siento... ¿De qué fue?
Muerte natural, el corazón. Me afectó mucho, pues yo estaba en pleno crecimiento, casi entrando en la adolescencia. Y sí, sí, lo sentí mucho, me costó superar ese trauma, ese dolor de haber perdido a mi padre. Pero son cosas que pasan en la vida y uno tiene que saber vivir con ellas.

Venís de una familia grande, ¿eran muy unidos?

Sí. Todo era normal cuando estaba mi papá. Cuando mi papá muere la familia se desintegró un poco. Fue doloroso, nos costó hacer que la familia se uniera. Yo he crecido con eso. Me afectó mucho en mi vida personal porque siento que crecí con ese sentimiento, con esa agresión, culpando... No sé..


¿A la vida?

Sí, por haberme quitado al ser que más quería.


¿Y en qué etapa entró el fútbol?
El fútbol desde que era muy pequeño. A los 6 años mi papá me regaló mi primera pelota. Yo dormía con ella, despertaba abrazado con la pelota. Yo pienso que hay muy buenos jugadores, pero para ser futbolista uno tiene que sentirlo, tiene que amar el deporte. He tenido compañeros que son buenos, pero les da igual si juegan o no. Y para llegar a triunfar uno tiene que sentir pasión por el deporte.

¿Tenés estudios superiores?
No, y eso es algo que mi mamá siempre me reprocha. Yo le decía que no tenía tiempo, pero ella siempre me dice que en la vida hay tiempo mientras nos sepamos organizar. Al final fue por dejado, por no mostrar interés. Salía de entrenamiento, de concentraciones largas, el tiempo era corto, había mucho cansancio, en fin se me complicaba todo. Mi mamá y mis hermanos me reprocharon, y al final, a la larga, el perjudicado es uno. Y yo lamento no haber estado en la universidad.

¿Un día normal de Fabio en Tela?
Cuando estaba en la primaria, estudiaba en la mañana de 7 a 11 y en la tarde de 1 a 5. Cuando empecé el colegio sólo era en la mañana. De ahí venía del colegio, comía, ni hacia las tareas y me iba a entrenar a la 1:30 con las reservas del Olimpia. Al regresar hacía las tareas, mandados, quehaceres de la casa, lavar los platos, barrer el patio. Mi mamá tenía todo organizado.

¿No te quejabas?
Yo era el más haragán, el que más se quejaba, siempre renegaba. Ahora puedo lavar, planchar, cocinar. Puedo vivir solo perfectamente. Uno se queja, pero al final son enseñanzas que nos sirven.

¿Tu merienda favorita?
Arroz con leche.

¿Cómo llegó al profesionalismo?
A los 13 años. Mi papá acababa de morir en noviembre. A mediados de enero llegó la Sub-17 a Tela. El entrenador del Olimpita me fue a buscar a la casa porque ellos querían ver talentos del equipo y esperaban que yo jugara. Yo no quería, no quería nada, estaba muy triste, mi papa tenía dos meses de haber muerto.

¡Pucha, me imagino! ¿Y entonces?
Mi hermano Mauricio me buscó; él fue como mi papá, mi amigo, mi hermano… Fue todo para mí en ese momento. Me dijo que agarrara los tacos y que lo acompañara. Yo no quería ir, renegué, pero me dio la orden. Mauricio miraba que yo estaba muy triste y buscaba que me distrajera para salir del dolor. Fui, jugué y me quedé. Después hice todos los procesos: dos Sub-17, dos Sub-19, dos 20, una 21, una 23 y un proceso mayor.

¿Y a Olimpia?
Llegué cuando iba a cumplir 16.

¡Qué chiquito!
Sí, fue en el 94. Debuté a los 17. Me acuerdo muy bien.

¿Siempre quisiste jugar en Olimpia?
Cuando yo era joven quería ir al Real España porque era una institución sólida y la más grande del país. Yo era hasta anti Olimpia.

¡Jurámelo! Qué divertido.
Sí, te voy a contar una anécdota. Yo estaba concentrado y en la noche miraba los partidos de España socando, deseando que ganara, pero cuando jugábamos Olimpia versus Real España eran los mejores partidos que yo jugaba.

¿Pero después te enamoraste de Olimpia?
-Fabio suelta una sonrisita: “Sí, claro, yo jugué 11 años con el León. El cariño cambió por completo y ahora soy Olimpia”.

¿Por qué te salís de Olimpia?
Fue en 2005. Tuvimos problemas con el entrenador de ese momento (era Chelato). Y mejor tomé la decisión de irme para bien de todos.

¿Y te fuiste a...?
Al Águila de El Salvador. Fueron los mejores años para mí, los que mejor disfruté, los que más viví y más pasión sentí. Hay un dicho: “Nadie es profeta en su tierra” y a mí me quedó muy claro.

¿Estuviste cuatro años ahí?

Sí, de 2005 a 2009, ganamos un título. Con el Olimpia fueron ocho. Y ningún campeonato lo disfruté tanto como el que gane con Águila.


¿Tanto así?
Sí... Imagínate una final en el Cuscatlán, mitad y mitad con la hinchada de cada equipo, es a un solo partido. Y ganar y después una caravana desde San Salvador a San Miguel, que normalmente son dos horas de viaje, pero ese día nos tardamos casi seis horas de viaje. Fue algo impresionante.

¿Por qué regresas entonces?
Llegó un entrenador peruano y como que no quiere a los hondureños. Y tenía como celos profesionales. Imaginate que cuando llegó, habló con cada uno de los jugadores del equipo y yo era el capitán y no habló conmigo. Cuando empezó la segunda vuelta me expulsaron y él sólo esperaba que pasara algo para sacarme. Y lo hizo. Dijo que era para renovar el equipo y que pondría gente joven. Yo le dije que estaba bien, que no había problema, que si era su decisión yo la aceptaba, pero que fuéramos honestos, que por rendimiento no había sido. Así que agarre mis cosas y me vine.

¿Y los directivos?
Hablé con ellos y le dije que estaba muy resentido porque no me habían apoyado como yo esperaba luego de todo lo que le había dado en cuatro años al equipo. Hasta el día de hoy recibo correos de San Miguel en los que me piden que vuelva al Águila, ya sea como jugador o entrenador.

¿Dejaste huella entonces?
Sí. Hay cinco capitanes en la historia del Águila que han marcado la institución y yo estoy en esos cinco. Me siento orgulloso porque Primitivo es uno de ellos, así que somos dos hondureños.

¿Te ves como entrenador?
Es el sueño que tengo. En El Salvador saqué unos cursos. He estado hablando con Denilson Costa, que se retiró, y es el asistente del Necaxa. He pedido consejos y me dijo qué debo hacer.

Volvamos a Olimpia. Ocho copas, ¿cuál es la que más recordás?
La primera. Fue mi primer campeonato. Fue en el torneo 1995, Flavio Ortega era el entrenador. Recuerdo que jugué todo el campeonato, tenía 17 años. Y antes de los dos partidos de la final, estando en Tela, me llamó el entrenador, me dijo que el presidente y el gerente le habían dicho que yo era muy joven para jugar una final, especialmente contra el España. Le pedían que pusiera alguien con más experiencia. Flavio me tocó el hombro y me dijo que apostaba por mí y que yo jugaría los dos partidos de la final. Eso me llenó de confianza, sentí compromiso y traté de hacer un gran papel para él, para mí y el club.

¿Y en la final?...
Cuando llegamos al Morazán para el primer partido estábamos en el camerino y yo sentía que el corazón se me iba a salir. Ganamos 3 a 0 allá y empatamos 0 a 0 en Tegucigalpa y quedamos campeones.

Contame de Elena. ¿Cómo la enamoraste?
La conocí cuando era gerente de mercadeo de Banpaís en el 2004 y ella pidió a unos jugadores de Olimpia para realizar un anuncio y la conocí. Ese día no le hablé porque soy un poco tímido, pero después conseguí su teléfono, le empecé a hablar y la invitaba a cenar y empezamos a tener una relación.

¿Han tenido altas y bajas?
Hemos tenido muchos problemas, la distancia nos ha afectado. Desde que estamos juntos nos hemos separado bastante, sólo hemos vivido juntos tres meses y luego me marcho y eso dificulta todo.

Hablame de tu hijo.
Es la persona que yo más amo, es mi vida, por lo que vivo. Tengo la fe en Dios en que todo el panorama con mi esposa y mi familia mejore para estar siempre con él.

¿Le gusta jugar fútbol?
Es más de juegos electrónicos, no veo que sea para el fútbol. A Sebastián le das una pelota, juega dos minutos y luego se va a jugar con su Wii.

¿Cómo fue el día que nació Sebastián?
Fue un día alegre y complicado, nació un 24 de junio y estuvimos alegres porque nació mi hijo y preocupados porque Elena se puso grave, fue un parto complicado, pero gracias a Dios se recuperó.

LOS TOQUES

Un deporte que no sea fútbol: Volibol de playa

De no ser futbolista que serías: Ingeniero automotriz

Un deportista: Paolo Maldini

Ídolo de infancia: Mi papá

Mejor estadio que has conocido: El Maracaná en Brasil

Tu mejor amigo en el camerino: Wilmer Velásquez

Estadio donde te gustaría jugar: El Santiago Bernabéu

Cómo te gustaría celebrar: Yo siempre salgo corriendo a la banca

Lugar favorito para desconectarte en el estadio: En las duchas

Número favorito: 17

Una debilidad: No soy muy bueno con la pierna izquierda

Es perjudicial el sexo antes de un partido: Es cuestión de costumbre; a mí sí me perjudica

El mejor amigo que te dio el fútbol: Son muchos y no quiero dar nombres

Mejor narrador y comentarista: Mauricio Kawas

Peor recuerdo: Cuando me expulsaron en el Mundial Sub 20

Mejor partido: Cuando gané la final con el Águila porque estaba lesionado y aún así fui uno de los mejores del partido

Jugador que más te hace reír: Wilmer Velásquez

Mejor DT: Pancho Sa, Flavio Ortega, Chelato, Mauro Reyes

Rival más duro: Motagua y Olimpia

Derrota más triste: Cuando pierdo con Motagua
Gol histórico tuyo: El que le metí a España casi de medio campo al Chocolate.