De ese día recuerda que “comí pupusas, pedí desayuno, tamales... De todo y me dijeron ‘pucha, sí hay límite’”. Esa es solo una de las experiencias parecidas que vivió nuestro protagonista en sus años de comedor compulsivo.
Recuerda que llegaba a comerse hasta 15 baleadas, pero que una vez en El Progreso, encontró un lugar donde las hacían más “chiquitas” y se comió 25.
En una taqueada llegó a devorar 20 tacos y cinco gringas. “Una vez creo que me tomé unos 12 litros de fresco en una fiesta”, así se alimentaba Bodden. En los asados, decía que estaba pendiente del anafre y en realidad estaba comiendo, “unas cinco libras de carne”, dijo.
Eso era cuando su apetito era normal. “Cuando andaba con mucha hambre, me iba a un restaurante y me compraba un súper paquete para mi solito, son ocho piezas de pollo, cuatro papas y cuatro biscuit, eran hartadas”.
Nos cuenta que la situación alcanzó tal condición extrema que su madre le colocó llave al refrigerador, porque su hijo arrasaba con todo. “Es que compraba dos libras de jamón y en un día ya no había nada”.
Con estas costumbres su peso llegó a 396 libras y a la inseguridad. “Tenía muchas dudas sobre mí, ahora soy una persona más segura. Te voy a confesar que me daba pena hablar de una muchacha”.
DETONANTE
Todo dio un giro. “El 31 de mayo amanecí con un dolor, mi abuela me decía que era apendicitis, el dolor fue incrementando y me fui a la clínica. Tenía calculos renales y la presión alta. Resulta que salgo a desayunar y entra un chavo joven, con sobrepeso, iba en paro cardíaco y luego escuché que él murió por su peso. Ahí me hace el click y digo, a mí me queda mucho tiempo por vivir”.
Comenzó a caminar. También pensó en cambiar sus hábitos de alimentación. “Con 20 minutos, mis rodillas me dolían”. Así fue incrementando las cargas. Llegó a correr desde la colonia Trejo hasta Santa Mónica (10 kilómetros). Cuatro meses después de iniciado el proceso comenzó con la aventura del crossfit.
Obviamente no fue tan sencillo como lo resumen estas líneas, hubo momentos en los que estuvo a punto de caer. “Fue difícil. Era adicto al refresco, hubo un tiempo que mi cuerpo temblaba, era como una droga, me dolía la cabeza, era un drogadicto”, nos contó.
Fueron muchas costumbres las que cambiaron. En el proceso tuvo el apoyo de su familia, quienes movieron sus hábitos de alimentación.
AHORA
Comenzó con 20 minutos de ejercicio y en la actualidad hace hasta cinco horas de crossfit, una disciplina sumamente exigente. “Me siento feliz, con esto la vida me cambio 180 grados, llegué a ser talla 58 y ahora estoy en 34/36, dependiendo la marca”.
Perdió tantas libras, que increíblemente tuvo que subir nuevamente. “Estuve en 180 libras y tuve que subir de peso, porque mi mamá me decía que estaba como enfermo”. Ahora piensa hasta en competencias.
“Estoy entrenando para los crossfit games en 2017, me puse esa meta, es difícil, pero estoy trabajando para eso”. Y finalizamos preguntándole ¿y ahora ya no le tienes miedo a una chica?, “ya no uuuuhh, ahora voy con todo, directo”.
Así comía. Desayuno: unas dos baleadas, luego dos sándwiches. Almuerzo: una pizza completa, con una tres litros. Cenaba en el trabajo y también arrasaba en la casa. Y a veces le daba hambre y se levantaba en la noche. Era una máquina de comer. A los 25 años, Bodden llegó a pesar hasta 396 libras.