La Selección
2010-07-28
Reinaldo Rueda ya es historia en Honduras. En los archivos quedan tres años y medio de trabajo arduo, de entrega, de éxitos, de una clasificación al Mundial y algunas fases de tristeza.
Es historia porque los tres partidos que tuvo en el Mundial de Sudáfrica no fueron los esperados ni los que llenaron las expectativas pese a que durante 28 años los intentos por clasificarse eran en vano.
Quizá este fue el detonante más claro que lo orillaron a dar un paso al costado de la Selección. No hay otra razón justa, porque desde su llegada en enero del 2007 hasta su salida, no deja más que una huella imborrable, llena de alegrías que de tristezas.
LLEGÓ A HONDURAS EN 2006
Después de tantos intentos fallidos, Rafael Ferrari tomó las riendas de una Comisión de Selecciones que se esmeró por buscar el perfil del mejor técnico para lograr el gran sueño.
Apenas unos meses después del 2007, Rueda, el hombre que por un punto no pudo lograr el Mundial de Alemania para el 2006 con Colombia, estaba comenzando con pie derecho el proceso en Honduras.
Inició a patentizar su estilo, fútbol práctico y sin mucho aspaviento en el ataque, buscó alternativas, algunas le dieron resultados agradables y otras no tanto.
Pero aún así se fue ganando el aprecio de la gente, de los jugadores, gozó del apoyo de los medios y fue capaz de generar un ambiente positivo a nivel dirigencial.
CON LA MIRADA EN SUDÁFRICA
El Mundial de Sudáfrica era la prioridad y comenzó a labrar ese camino, que no fue fácil. Pero se apoyó en figuras claves y de gran recorrido como Amado Guevara, el capitán de la Selección y así fue poniendo reglas claras para evitar lo que en el pasado era una pesadilla: supo controlar hasta cierto momento el grupo, manejó los temas siempre bajo el lema de la privacidad, algunos los tuvo que mostrar y aclarar como el caso del dopaje de Sergio Mendoza en enero del 2009.
Dejó claro que la arrogancia no estaba en sus planes y demostró que a los jugadores se les trata con profesionalismo y no con niñerías, como el caso de Rambo de León y Edgard Álvarez quienes estuvieron muchos meses fuera de la Bicolor por actos de rebeldía.
LA OTRA CARA DESPUÉS DEL MUNDIAL
Tras lograr el Mundial, la historia tiene un después, la no continuidad de Rueda, porque fueron tantas las expectativas que terminaron con un ambiente gris y poco agradable simplemente porque no se le pudo ganar al campeón del mundo, España, a Suiza y Chile que tienen más experiencia en esta justas.
Ahora, Rueda prefiere irse por la puerta de adelante, respaldado con los números que arrojan datos significantes: En tres años y medio dirigió 59 partidos, ganó 32, empató 7 y perdió 20 que se resumen en un 58 por ciento del rendimiento general, algo exitoso partiendo de que era la primera vez que se hacía cargo del proceso bajo un ambiente totalmente desconocido por él.
Hoy, en una conferencia de prensa, confirmó su salida, lo hizo con un gran pesar, con lágrimas de impotencia, porque resulta que terminó enamorado de Honduras.