Parecía una noche cualquiera en la colonial ciudad de Comayagua. Una tímida brisa baja desde el cielo en medio de la tranquilidad del vecindario, sin embargo, a lo lejos se escucha una voz que con fuerza y, sobre todo, con mucha fe dice: “Aún quebrado tienes un mensaje que dar. Hay una luz de esperanza brillando dentro”.
Aquella frase, contundente y llena de convicción, ilumina con esperanza un pequeño rincón de la antigua capital de Honduras. A medida que el equipo periodístico de DIEZ se acerca al lugar, se abre como una luz celestial una puerta, detrás de ella decenas de fieles escuchan con atención la prédica del pastor Rubén Matamoros o simplemente Rubén, como le gusta ser llamado por los más cercanos, sosteniendo una vasija que representa su testimonio de supervivencia.
Recordado por los futboleros por su paso por los dos equipos más importantes de este país, Motagua y Olimpia, Matamoros hizo un pacto con Dios poco tiempo después de colgar los botines decidiendo entregar su vida al servicio pastoral, sin embargo, nunca imagino que con el paso de los años su fe sería puesta a prueba tras sufrir uno de los dolores más grandes como esposo y padre de familia.
El 30 de marzo de 2024, Rubén y su familia fueron víctimas de un fatal accidente ocasionado por un imprudente conductor en la carretera CA-5, a la altura de Zambrano. El exfutbolista y sus hijos Jheyly y Caleb sobrevivieron a la colisión, pero su esposa Yeny Reyes y su retoño de 9 años, Josué, no tuvieron la misma suerte.
La vida para Rubén y sus hijos cambió en cuestión de segundos. Las secuelas de aquella fatídica fecha permanecen aún hoy en día, aunque eso no ha impedido que este tridente dinámico hoy viva un proceso de restauración buscando salir adelante con la bendición del Divino Creador y la guía de dos ángeles que brillan como estrellas radiantes desde el firmamento celestial.
-- ENTREVISTA EXCLUSIVA A RUBÉN MATAMOROS --
Primero que nada, muchas gracias por recibirnos aquí en Comayagua y atendernos en esta entrevista. Me da gusto verlo con la energía que siempre le ha caracterizado y emprendiendo nuevos proyectos. ¿Podría hablarnos de su presente?
La verdad es que después de lo que pasó son cosas que uno tiene que aprender a reponerse, a seguir adelante, a seguir avanzando. Me di cuenta de algo, que la vida continúa y que por muy difícil que la estemos pasando la vida continúa y tienes que levantarte, eso es algo que nos enseñó el fútbol. Cae, levántese, nadie va a venir a levantarlo. Eso es lo que nos tiene hoy en día en pie y el favor de Dios que nos ha dado fuerza cada día y nos da la oportunidad hoy de seguir emprendiendo con una academia de fútbol y una tienda de uniformes deportivos.
Lo veo con mucha energía, ¿podría decirnos qué es aquello que lo motiva a usted en el día a día para seguir adelante?
¡Ahhh! (reacciona con júbilo) Dios nos da la fuerza cada día, pero tengo dos personas al lado mío: mi hija Jheyly y mi hijo Caleb, sobrevivientes del accidente que realmente lo merecen todo. Son dos jovencitos totalmente valientes con una fe inquebrantable, de verdad que son esas dos personitas que me levantan los brazos, que en los momentos más difíciles que pasé en el momento de preguntas, en el ahogo interno, en el no saber cómo salir de ese lugar profundo, esas dos personitas estuvieron conmigo y les agradezco mucho. Esa es parte de mi motivación.
Son inseparables los tres, me imagino...
Son esas dos personas, como le digo, que aún ellos en su quebranto, aún ellos en su dolor, han aprendido a apoyar a su papá y como papá pues sabe que aunque muchas veces me tocó estar en ese cuarto encerrado llorando y tenía que salir a secarse las lágrimas y decir: "Okay, aquí no pasa nada, sigamos adelante". Después de la puerta de ese cuarto tenía que salir el papá que le decía a los hijos: "Hey, vamos, hijo, vamos, nosotros podemos, sigamos adelante".
Después de una situación así, tan triste como la que vivieron, ¿cómo un padre puede transmitirle esa energía positiva a sus hijos?
Yo creo que es algo que Dios nos da, la verdad. Pero también es algo que se practica día con día. Sé que todos los que estamos involucrados en la entrevista y sé que todos que van a ver la entrevista en su momento están involucrados en momentos difíciles, pero que desde chiquillo prácticamente la vida nos viene entrenando a cómo levantarse, cómo salir adelante, a cómo perseverar, porque creo que todos los que estamos aquí en su momento no nacimos en cuna de oro. Unos meses atrás no había un norte, estaba nublado el panorama, no había una forma de cómo volver a sonreír, incluso le puedo decir algo, ocultaba mi dolor detrás de una sonrisa.
¿Cómo se puede ocultar un dolor tan grande detrás de una sonrisa?
Eso es algo que solo los quebrados y gente que ha estado en depresión sabemos lo que es estar ahí. Ocultamos el dolor, ocultamos depresión, ocultamos un mundo de preguntas internas detrás de una sonrisa, detrás de una buena vestimenta, de cosas materiales que nos hacen sentir bien momentáneamente, pero, cuando realmente el Señor permite ver, así como Dios me ha permitido en este momento a mí ver en ciertas personas el dolor que ocultan detrás de una sonrisa, se da cuenta usted lo quebrado que realmente pasamos.
¿Qué enseñanzas le ha dejado su experiencia como pastor evangélico predicando la palabra de Dios a más personas que buscan un mensaje de esperanza?
Muchas enseñanzas y una de las enseñanzas que tuve que aprender en ese momento difícil, en la pérdida de mi hijo, es que yo clamé, yo clamé como papá, yo clamé a más no poder. De ver a mi hijo que se me está yendo de mis manos y el saber que no puedo hacer nada por él, en ese momento no podía hacer nada por él y le pedí a Dios, le clamé a Dios y le dije: "Señor, levántalo. Padre, tú eres un Dios sanador, tú eres un Dios que levanta, un Dios que restaura, yo sé que tú puedes hacerlo. Lo he visto en otra gente hacerlo".
Él solo me contestó, porque sí lo escuché, y me dijo: "Entrégamelo". Para mí esa palabra fue demasiado fuerte y empecé a clamar más y le decía: "No, Señor, tú sabes que yo lo amo. No, Señor, tú sabes sabes que yo lo necesito, déjamelo unos años más, lo voy a cuidar" y volví a escuchar la voz que me dijo: "Entrégamelo". Ahí entendí que esto era serio ya. Se me estaba yendo, mi hijo, se me estaba yendo. Le vuelvo a clamar a Dios con todo mi corazón y no volví a escuchar.
Para un hombre de fe como usted, me resulta estremecedor eso que relata de que escuchó la voz de Dios diciéndole "entrégamelo". ¿Cómo se asimila eso?
No hay palabras como para decirle lo que yo sentí en ese momento. Es que sentí realmente como que realmente Dios me estaba diciendo: "No, no hay nada que hacer por él, no hay nada que hacer por él. Es contigo que quiero trabajar". Prácticamente es como estar diciendo: "Yo a tu hijo me lo voy a traer, pero es contigo que estoy trabajando". ¿Y cómo usted presenta su corazón y cómo usted asimila esas cosas en ese momento? Si uno como padre en su dolor, en su agonía, en su desesperación, lo que uno quiere es dar la vida por sus hijos, pero que un hijo se le vaya en sus propios ojos... ¡ah no! Eso duele, duele demasiado.
¿Cómo describe usted el tiempo que ha transcurrido entre la fecha del accidente hasta hoy día?
Comienzo diciéndole los primeros tres días. ¡Señor! Pasé llorando de una manera inconsolable, o sea, no había momento donde no pasara llorando a un mar de preguntas en mi cabeza, aparte de las quebraduras físicas, de ver a mis dos hijos también quebrados, de ver a mi hijo Caleb con sus ojos, el golpe en el cerebro, fue muy fuerte. Tres días muy fuertes. Me di cuenta que estaba enojado con Dios y también me hizo entender algo, ¿cómo puedo yo enojarme con el creador? ¿Quién soy yo? Y en lo que estoy llorando le pedí a Dios y le dije: "Señor, provéeme sanidad, provéeme sustento, ayúdame", entonces escuché al Espíritu Santo que me dijo, serio: "Tú lloras por dos que los volverás a ver, pero yo estoy perdiendo miles porque no me reconocen como su Señor y Salvador". En ese mismo momento sentí el impacto en mi corazón y dije: “Dios mío, ¿cómo puedo llamarme pastor si estoy enfocado solo en mi dolor y no en el dolor que Jesús está sintiendo por los miles de miles de miles que se le están perdiendo porque no conocen a él como Señor y Salvador?".
¿Quiere decir que en ese momento empezó a sentir paz en su corazón?
No, ese fue el momento donde como que agarré valentía y dije: "No, no puedo estarme enfocando solo en mi dolor. Tengo que enfocarme en que Dios tiene un propósito". ¿Cuánto tiempo pasa para que se sane? Le puedo decir que no hay un tiempo. Yo antes decía esta frase, que Dios llena el vacío en su corazón. No es un vacío. Esto es como una mutilación, o sea, como que le amputan un pedazo del corazón, como que le cortan un pedazo de corazón y uno aprende. Los primeros meses sangra, todavía llora, usted anda distorsionando sus pensamientos. El salir de ahí es muy fuerte, porque el problema es que no solo yo estaba metido ahí, estaban mis dos hijos también.
¿Qué legado quiere dejarle a sus hijos con su ejemplo?
Me encantaría que un día si Dios me llama, espero que no sea muy temprano, que pueda dejar un legado yo a ellos y decir: "Mi papá me enseñó algo, que aún en los peores momentos la familia es primero, pero aún en los peores momentos él me enseñó a avanzar. Me enseñó a que no podía darme por vencido. Me enseñó a que tenía que seguir luchando hasta que las cosas salieran y si no se podía por lo menos lo intentamos". Que ellos queden con un legado de decir: Nunca vimos a papá que bajó los brazos. Aunque lloraba, aunque quebrado, aunque destruido lo siguió intentando". Creo que será uno de mis mejores legados para ellos dos.
¿Todavía permanecen las secuelas físicas del accidente?
Una de las cosas que me pasó a mí es que el motor se metió dentro, aquí, o sea, no sé cómo pasó, pero se llevó casi la mitad del carro prácticamente. En ese momento a mí se me quebró la cadera, se me quebró toda la cadera, la rodilla, o sea, suena como aserrín. El talón de Aquiles también fue cortado, mi nariz se quebró, tuve golpes fuertes también en la cabeza, pues el impacto fue con el timón, realmente yo pegué en el timón, esa bolsa de aire nunca se abrió.
Mi hijo Caleb, el segundo que sobrevivió el accidente, quedó con sus ojos cruzados del golpe. Fue un golpe muy fuerte en su cerebro y sus ojitos quedaron cruzados. Mi hija tuvo quebraduras, pero yo sé que a mi hija le ha costado porque ella fue la única que quedó consciente en el accidente. Ella vio todo. Ella vio a papá ensangrentado, yo no recuerdo nada de esto, esto es algo que ella me cuenta de lo que pasó. Yo estoy inconsciente. Dice ella que yo quedé arrimado en el timón, totalmente ensangrentado. Yeni estaba con muchas quebraduras y ella gritaba, dice que gritaba, pero fue la única que quedó consciente, entonces más que trauma físico. Fue un trauma muy interno porque ver eso es un impacto muy fuerte. Incluso sucede algo, cuando nos toca avanzar por esa carretera donde fue el accidente, los dos mucho antes de llegar al peaje se duermen. Yo creo que es la forma como decir: "No quiero ver lo que pasó, aquí voy avanzando".
Le hago la siguiente pregunta con mucho respeto. ¿Qué recuerdos se vienen a su mente de aquel 30 de marzo de 2024?
Ufff, bastantes recuerdos, la verdad que recuerdos difíciles. Yo nunca vi ese carro, en un segundo todo cambió. Yo no recuerdo haber visto, de ahí tengo como siete u ocho horas en mi cabeza que no recuerdo más nada. Pero lo que recuerdo son los dos momentos difíciles donde yo vuelvo en sí después del accidente y me dicen que Yeni murió y ahí vuelvo en sí, como que el shock hizo que mi conciencia volviera. De ahí tengo recuerdos vagos realmente de lo que estábamos viviendo en ese momento. ¿Qué recuerdo de ese 30 de marzo? Que nuestra vida cambió. Que en un segundo cambió y que en un segundo todo nos puede cambiar.
¿Por qué dice que usted es quien tuvo que haber muerto ese día?
Es real, porque el carro impacta directamente frente a mí. Quien tenía que morir era yo, no Yeny, mucho menos los niños, de hecho que en el carro, en los asientos de atrás, ninguno sufrió nada, absolutamente nada, porque lo que hizo que el intestino grueso de Josué, mi hijo, se reventara fue el mismo cinturón de seguridad. Todos íbamos con el cinturón de seguridad, entonces esas cosas nos hacen entender realmente que quizás Dios me dio una nueva oportunidad, por eso no quiero desperdiciarla, por eso quiero que valga la pena.
¿Qué le dice usted a las personas que estuvieron a su lado para tenderle la mano en un momento tan difícil?
Gracias a los pocos que estuvieron o han estado, gracias. Es un poco complicado decir gracias a mucha gente porque realmente no han estado, pero los poquitos que han estado de verdad, gracias. Han sido muy especiales para nosotros, pero a esa persona que me ha tocado llorar con ella ahí, o sea, me tocó pasar momentos complicados y esa persona me abrazó, me acogió, me secó las lágrimas, incluso cuando estaba enfermo fue la única persona que llegó, me atendió.
¿Cómo recuerda a su esposa Yeny?
Fue una gran pastora. Esa mujer era una mujer de Dios, una mujer de oración, una mujer de combate, una mujer que fue una muy buena madre también. Siempre hemos sido dados muy dados a la familia y la verdad que si algo viene a mi mente de Yeny, de la pastora Yeny, es que ella me enseñó a aceptar el llamado de Dios. Le agradezco mucho porque fue como esa como esa asignación que ella tenía de hacer entender que Rubén Matamoros tenía un llamado pastoral porque yo luché con eso. Yo no quería ser pastor, yo no quería.
¿Y cómo fue que ella le indicó que siguiera por ese camino?
Fue ella quien nos modeló, fue ella quien nos marcó el paso, pero también fue ella quien tuvo que pagar un precio para que yo aceptara el llamado pastoral. Le cuento así muy rápidamente, en el 2018, el 7 de octubre exactamente, estábamos en Miami y en un momento que pasamos una dificultad terrible ella se desmaya, la llevamos a la clínica, el de la clínica nos dice que ya no están atendiendo, nos la llevamos al hospital, fuimos a un hospital de Miami y estando ahí la meten al quirófano. En lo que la llevan al quirófano ella muere y cuando a mí me dan la noticia, yo salgo corriendo a un lugar para empezar a orar y comienzo a decirle a Dios: “Está bien, Señor. Está bien. Si me llamaste a ser pastor, está bien. Aquí está mi vida. Te entrego todo lo que soy, todo lo que tengo. Aquí estoy. Está bien, pero devuélvemela porque yo te voy a servir con ella". Yo hice un pacto con Dios y desde ese mismo momento entendí que Dios estaba en el asunto.
¿Siente entonces que ese era el propósito que Dios tenía para Yeny?
Era parte de ello, porque siete días antes una pastora de Estados Unidos la ministró, ora por ella y le dice: "¿Tú eres pastora". "Sí", le dice. Cuando comienza a orar por ella le dice que llegó la hora de volver a casa. Nosotros creemos que volver a casa es volver a Atlanta. Dice el Señor que llegó la hora de volver a casa y dice el Señor que es hora de adorarle cara a cara. Siete días exactos, después de esa palabra fue el accidente, entonces entendimos nosotros que era algo ya de parte de Dios. Dios llamó a Yeni, llamó a Josué, pero a nosotros nos toca pagar un precio.
¿Cómo es ese vacío en la casa sin el liderazgo de Yeny y la alegría del pequeño Josué?
Es difícil. Los primeros meses sí fue muy duro. Los siguientes días fuimos avanzando, los siguientes días fuimos intentando levantarnos el uno al otro. Hoy por hoy le puedo decir algo, hay paz en la casa, sí, hay paz, hay una nueva esperanza, ha habido un nuevo amanecer, gracias a Dios, porque la tormenta más fuerte ya pasó, pero vamos avanzando.
¿En qué momento siente que usted y sus hijos encontraron un norte?
Hasta hace poco unos meses, hasta hace unos meses atrás pudimos entender de que Dios estaba ahí ya, Dios estaba, pero surgió algo bien peculiar. ¿Sabe que una de las cosas que Dios utilizó para sanar nuestro corazón fue que el dar testimonio ayudaba a mucha gente? Ver cómo mucha gente recibía respuestas, recibía consuelo, recibía nuevas esperanzas, nuevas fuerzas, eso nos hizo sanar el corazón y decir: "¡Wow, Dios es realmente es un Dios de propósito".
¿Qué busca transmitir a los demás dando su testimonio?
Dar esperanzas, dar respuestas, porque yo las necesitaba. Cuando yo más necesitaba respuestas y cuando yo más necesitaba de alguien que nos apoyara, en su momento no estaban. Entonces digo: "Señor, si en su momento las personas que yo creía que iban a estar no estuvieron, yo quiero estar ahí para la gente que está quebrada. La gente que no sabe cómo salir de ahí. Aunque no estuvieron las personas que yo creía que iban a estar conmigo, no estuvieron para mí, pero yo quiero estar para ayudarle a otra gente.
Con esto que me dice de que hubo personas que no estuvieron con usted en ese momento, ¿es cierto que en los malos momentos es donde se conoce a los amigos?
Totalmente. En las buenas hay un montón de gente, no son amigos. En las malas ni con los dedos de la mano. Le puedo decir de los que yo creía que realmente iban a estar ahí. De los que yo creía que realmente iban a estar ahí, porque yo estuve para ellos, no estuvieron y me di cuenta que en ese momento no era por ahí. Entonces, tuve que limpiar mi corazón. Eso me hizo entender que tengo que valorar al que estuvo, a la que estuvo ahí, porque realmente sí lo necesitaba. Yo he pasado problemas financieros, pero nada como enterrar a un hijo, nada como eso y esas cosas muy poca gente lo entiende, muy pocos lo entienden que tienen que estar ahí. ¿Qué palabra le puede dar usted a un padre o una madre que perdió un hijo? ¿Qué palabra le puede dar? “Ah, siento su dolor”, mentira. Dios es un Dios de propósito, en ese momento no lo entendemos. ¿Sabe qué necesitaba yo, Sergio? Alguien que se sentara conmigo, solo para escucharme, quejarme, murmurar, llorar. En su momento ser Rubén, pues. Ese man que estaba quebrado y que le dijera: "Estoy quebrado, man, estoy reventado, estoy destruido por dentro y comenzar a llorar". ¿Qué le puede decir a esa persona? No puede venir a decirle: "Tranquilo, yo estoy contigo", es que es mentira. Pero por lo menos alguien que te escuche, alguien que esté allí, alguien que me vea siendo Rubén, el quebrado porque entendí algo, la gente se acercaba y buscaba al pastor Rubén, ese man tenía una palabra que darle, una palabra de esperanza, pero ese man se quitaba el saco y quedaba Rubén, ese man estaba destruido por dentro.
Para un hombre que estuvo en el mundo del fútbol durante varios años y en dos equipos como Motagua y Olimpia me sorprende escuchar que hubo personas que no estuvieron cuando más los necesitaba. ¿No hubo palabras de excompañeros de equipo?
En su momento hubo compañeros que estuvieron ahí, pero se necesita más, es la verdad, se necesita más. Yo agradezco a los compañeros, excompañeros que mandaban mensajes, lo agradezco, pero hay días que usted ni siquiera ver el teléfono, ni siquiera verlo. Yo hablo de esos momentos donde usted estaba quebrado, donde usted estaba entrando a la habitación y ahí llega a la casa o a un lugar y usted trata de despejarse la mente y no. Yo entendí algo, estamos tan rodeados de gente, pero a la vez tan vacíos.
¿Sintió enojo con ellos en algún momento?
La verdad que no. Es más, no sentí enojo ni con el man del accidente, no sentí enojo ni con él porque entendí que el man se equivocó. Andaba bien bebido, el man se equivocó, pero estoy en la misma condición de él, necesitando a Jesús. Tal vez yo no tenga el vicio de beber, porque nunca bebí. Tal vez no lo tenga, pero tengo áreas en las cuales necesito que Jesús me ayude. Lo tuve que soltar la verdad y gracias a Dios le puedo decir algo, hace como un mes atrás mi corazón fue probado porque estuve sentado a la par así como estamos usted y yo, estuve a la par sentado con él en una audiencia donde él se declaró culpable. Yo decía: "Señor, ¿tengo odio, qué siento?". No sentí nada, ni odio, ni rencor, ni tristeza, no sentí nada, era como una persona normal que estaba a la par mía.
Durante esa audiencia, ¿no hubo ningún intercambio de palabras o miradas? ¿Nunca le pidió disculpas por el daño que les hizo?
No, él nunca dirigió la palabra. No sé si era culpa, no sé si era pena, no sé, qué sé yo. Pero él nunca me habló y estando a la par. Incluso me pusieron en pie para ver qué palabras decía yo en medio. Nunca lo señalé, es más yo nunca tampoco lo demandé, sino que la Fiscalía por oficio estaba operando, pero realmente le puedo decir algo, me alegra cómo está mi corazón, porque sé que puedo pararme en un lugar y hablar de que sí se puede perdonar. Lo puedo decir con hechos y lo puedo decir con una realidad que estoy viviendo que sí se puede perdonar a las personas que nos hicieron daño.
¿Por qué usted lo perdona si él en ningún momento ha expresado su arrepentimiento por lo que hizo ese día?
¿Sabe algo que sucedió? Es un poco extraño porque yo esperaba que hubiera un sentir en mi corazón por darle una palabra más bien y decirle: "Tranquilo, te perdono, pero sigue buscando a Dios, no vuelvas atrás". Yo esperando como una señal que Dios me diera para darle una palabra, porque tampoco puedo arrancar y hacer las cosas a mi manera, no. Yo entendí que toda aquella persona que realmente ya tiene un arrepentimiento genuino delante de Dios, Dios se encarga de sanar y a mí me hizo sentir que aunque él hubiese estado con pena o algo así él necesita un verdadero arrepentimiento delante de Dios, no por lo que hizo, sino arrepentirse delante de la persona de Jesucristo y tratar de cambiar todas esas áreas que en su momento pues necesitamos cambiar nosotros también.
¿Él actualmente está en prisión o se encuentra libre?
Que yo sepa nunca estuvo preso. Nunca estuvo preso. Entonces, es más, sucedió algo bien extraño, porque recientemente en el accidente la persona que estaba a cargo dijo que no era un caso grave, pero dos personas fallecieron. Yo solamente dije: "¿Y si hubiese sido su esposa y si hubiese sido su hijo hubiese sido grave?". Y le estoy hablando de la autoridad en ese momento. Si no es un caso grave para él, pues qué leyes nos rigen a nosotros y qué leyes nos cubren. Ninguna ley. Entendí entonces que yo no podía ir en contra del sistema, pero sí podía cuidar mi corazón mejor, porque no iba él a tener consecuencias fuertes de decir que iba a estar preso, no, el man nunca estuvo preso, entonces no es algo que a mí me compete y tampoco gano nada con que el man esté preso.
¿A usted le transmite mayor paz en su corazón el hecho de perdonarlo en lugar de que realmente haya justicia?
Sí, totalmente. Yo siento paz, que el man no esté preso, también siento paz. En serio, dígame loco si quiere, pero prefiero ni siquiera pensar en eso. Yo creo que la vida pasa factura y la vida cuando se cobra, cobra muy fuerte. Es mejor dejar que la vida haga lo que tenga que hacer, pero yo tengo que cuidar mi corazón, esa es mi responsabilidad. La vida pasa factura.
En el hipotético caso de que el responsable del accidente quiera acercarse a su iglesia, ¿usted le daría la bienvenida?
Totalmente, totalmente. Y hoy más que nunca le puedo decir que sí, porque ya lo tuve una hora sentado prácticamente a la par mía y digo sí, claro que sí, porque si hubiera actuado de una manera sin Dios a saber qué hubiese pasado.
A propósito, ya que estamos en las vísperas del Día del Padre, ¿cómo es esta fecha o el Día de la Madre después de lo que sucedió?
Son difíciles. Son difíciles porque casualmente ayer me hacía una pregunta, yo mismo. Y si Dios me diera el privilegio de darme un deseo, de concederme un tan solo deseo, ¿qué pediría yo? ¿Sabes qué pediría a ser yo? Despedirme de mi hijo, porque ni eso pude. No pude ni siquiera verlo cara a cara y que él me viera y que él escuchara de la boca de su papá: "Hijo, te amo". O escuchar que él me dijera: "Papi, te amo". No lo escuché. Desde el momento del accidente no pude volver a hablar con él. Sería muy pero muy rico si tuviese ese deseo, sería una cosa de locos poder despedirme de mi hijo y volverlo a escuchar y que me diga: "Papi, te amo".
Su iglesia se llama "Ministerio Restauración". ¿Qué significado tiene la palabra restauración en la vida de Rubén?
La esencia de Dios en mi vida. Porque lo que he recibido hasta el día de hoy ha sido restauración. Por eso siento compasión por los que ahorita están perdidos. Por eso es que siento compasión por aquellos que están queriéndose quitar la vida. Aquellos que dicen lo perdí todo, aquellos que dicen ya no hay vuelta atrás y aquellos que dicen ya no hay esperanza, siento preocupación por ellos, porque sé lo que es el restaurado. No es tan solo un nombre, es mi esencia, es lo que Dios ha hecho en mí. “Ministerio Restauración” para mí lleva sangre, lleva sacrificio, lleva marcas.
¿Qué tan importante es la restauración para un ser humano?
Es la vida. Yo conozco a gente que tiene éxito, éxito material, éxito financiero, pero su vida interior es un desastre. Conozco de gente que realmente necesita una restauración y yo creo que todos los que aquí estamos y los que van a ver la entrevista necesitamos pasar por ese proceso de restauración en nuestra vida. Gente perdió la esperanza, gente que perdió el sueño, que nunca alcanzó el sueño, gente que perdió negocio, gente que perdió familiares, gente que todo se le vino abajo y pues seguramente volvió a levantarse.
¿Qué es lo que más disfruta al momento de predicar la palabra de Dios?
Lo que más disfruto, hoy por hoy, tengo muchos años de predicar, pero hoy por hoy disfruto ver a la gente teniendo respuestas, ver a la gente recibiendo consuelo, ver a la gente diciendo: "Dios mío, gracias, ahora lo entiendo. Oh, gracias, Señor".
¿Siente que las personas se identifican con usted cuando se dirige hacia ellos?
Me han escrito muchas personas que se han identificado, muchas personas que han dicho: "Realmente me dicen o unos me dicen Rubén, otros me dicen, "Pastor." Realmente Rubén me dice, que el verle a usted y escuchar lo que vivió, me hizo entender que son pequeñeces las que yo he estado viviendo y son pequeñeces por las que yo me he tirado al abandono y he visto gente cambiar con solamente escuchar lo que a usted le dolió". Entonces, cuando escucho eso, digo que vale la pena.
¿Legacy Matamoros, su academia de fútbol, es parte de este proceso de restauración en su vida?
Para tratar de no tener dificultad, hablamos con mis hijos y levantamos una nueva academia. Como lo hicimos la primera vez, lo podemos hacer la segunda vez, pero pensábamos en un nombre. A mi hijo nosotros le decíamos "El Guacho", "El Guachito", porque le gustaba andar con sombreritos como los argentinos y con calzonetas rotas, jeans... Yo pensaba en una academia que tuviera que ver con un nombre, "Guacho", pero no tenía sentido. Hasta que un día entiendo que lo que Yeni y Josué hicieron cuando comenzamos la primera academia en el 2015 aquí en Comayagua, lo que ellos realmente dejaron fue un legado, al inicio sonaba raro decir "vamos a jugar contra legado", pero después vino a mi mente Galaxy y digo: "Okay, jugamos contra Legacy". Un día en la noche me senté y empecé a diseñar el logo. ¿Por qué la corona? Porque Yeny es apellido Reyes, las dos estrellas son ellos dos, los colores rojo por la sangre que se derramó de ellos, el azul porque sé donde están (en el cielo), el blanco porque sé que volvieron a casa.
¿Cómo compagina su rol como padre de familia, pastor evangélico y encargado de una academia de fútbol?
Realmente que la academia me ayudó mucho incluso a hacer terapia porque renqueaba mucho después de la quebradura. Me ayudó y ahora ya puedo correr, ya me he puesto a jugar incluso. La academia me ayudó mucho, incluso a mis hijos, a hacer una terapia ocupacional como le llaman. Nos ha ayudado muchísimo, incluso es una entrada financiera para el sustento de la familia.
El ministerio lo hemos comenzado en el parqueo de la casa. No tengo un local, no tengo una iglesia, pero tengo la pasión de ayudar a la gente y si el pequeño parqueo donde estoy puede servir de ayuda para otro, de respuesta y de consuelo para otro, pues es lo que tengo, pero sé que dentro de poco Dios podrá abrir puertas en un local para tener una casa de honra para Dios y ayudarle a mucha gente.
¿Qué enseñanzas le dejó el fútbol?
Aprendí a través del fútbol a cómo levantarme cuando estoy en el suelo. Aprendí a través del fútbol a cómo seguir trabajando cuando las cosas no nos están saliendo bien hasta poder ver resultados. Muy poca gente El fútbol para mí fue una escuela en la cual Dios me metió.
¿Qué recuerdos atesora de su carrera futbolística?
Momentos que no se olvidan, el momento del debut, el primer campeonato, incluso finales perdidas, pero momentos especiales. ¿Sabe cuál me recuerdan? Mi papá siempre soñaba con ver a su hijo jugar en Liga Nacional. Él era olimpista antes porque nosotros venimos de la familia de "Chinola" Matamoros que jugó en Olimpia. Yo recuerdo cuando tenía 6 años que me llevaban al estadio a ver Olimpia cuando utilizaba Tropical aquí, toda mi familia era Olimpia, pero Dios me abre las puertas para jugar desde los 7 años con Motagua. Una de las cosas fue darle esa alegría a mi papá. Mi papá siendo un albañil durante toda su vida pucha, ¿no iba a sentir alegría por ver a uno de sus hijos en Liga Nacional y con Motagua? Entonces había algo bien peculiar que es lo que me recuerda ahorita, es que yo escuchaba el silbido de él. Yo escuchaba el silbido en el estadio, yo lo empezaba a buscar y escuchaba el silbido hasta que lo encontraba. ¿Cuál era la alegría? Que yo lo saludara aquí. Esas alegrías no tienen precio.
Ya que me dice que su familia era olimpista, que usted iba al estadio a apoyar al Olimpia, pero jugó en Motagua. ¿Con quién se disfruta más una copa? ¿Vistiendo de azul o de blanco?
¡Híjole, qué buena pregunta! La gente siempre me pregunta a mí si soy Olimpia o Motagua - "¡esa también es una buena pregunta!", interrumpe el periodista- Yo soy como la India María, ni de aquí ni de allá. Que tengo cariño por Motagua porque jugué en las ligas menores, sí, pero no es como que uno está ahí que soy esto. Uno a nivel profesional aprende a agradecer a los equipos que le permitieron a uno jugar y en este caso agradezco a Motagua porque me permitió la formación desde los 7 años y me dio el privilegio de poder jugar en Liga Nacional.
Con todo el camino que ha recorrido en su vida, ¿qué le diría el Rubén Matamoros que hoy comparte con nosotros esta entrevista al Rubén Matamoros que tuvo sus inicios en Tegucigalpa?
Rubén, la vas a pasar mal hermano. Van a haber momentos difíciles, van a haber momentos en los cuales vas a querer rendirte y tirarlo todo. Pero, Rubén, sigue adelante, hermano. Sigue adelante porque dentro de poco vas a ver de lo bueno que vas a comenzar a vivir y de las buenas personas, muy pocas, que Dios te va a poner en el camino. Así que, hermano, abre bien tus ojos, en quién confías, en quién depositas toda tu confianza, pero Rubén, nunca, pero nunca te apartes de Dios. Él es el único que va a estar contigo y que te dará las fuerzas. Sí, Rubén, vas a llorar muchas veces, pero sos un campeón, sos fuerte, tienes una fe increíble, sigue adelante, hermano, no bajes los brazos, aunque estés quebrado, sigue luchando, porque lo vas a lograr.
¿Qué siente su corazón al ver a sus hijos a los ojos, tener esa plática del día a día y ese momento a su lado?
Agradecimiento por tenerlos. Casualmente hace dos días abracé a mi hijo y le di las gracias por estar conmigo. Con solo el hecho de abrazar a mi hijo y verlo que está sano, ufff no, eso es hermoso. Tal vez perdí dos, pero tengo dos. Y no es que no amé a los dos que se fueron antes. No es que no amé a Yeni, no es que no amé a Josué, pero tengo que aprender a amar y a cuidar lo que tengo. Tengo que aprender a amar y a cuidar lo que tengo, que son ellos dos, Jheyly y Caleb.
¿Qué es servirle a Dios para usted?
Es darlo todo. Es darlo todo y aún cuando no tenemos para seguir dando lo poco que podamos tener. Es servir a la gente. Es darse a la gente.
Una frase o versículo que lo identifique en su día a día.
El Salmo 23. Jehová es tu pastor y nada te faltará.