Noruega comenzó con autoridad su participación en el Mundial 2026 al derrotar 4-1 a Irak en el Estadio de Boston, en un partido donde la figura indiscutible fue Erling Haaland. El delantero noruego marcó un doblete y lideró a una selección que confirmó las credenciales que la señalan como una de las revelaciones del torneo.
Desde los primeros minutos, el conjunto escandinavo mostró su poder ofensivo y encontró en Haaland a su principal arma. El goleador aprovechó los espacios que dejó la defensa iraquí para anotar dos veces y encaminar una victoria que parecía cómoda, aunque su rival nunca dejó de luchar y encontró argumentos para complicar el trámite.
Irak reaccionó con valentía y logró descontar para mantenerse con vida en el encuentro. Antes del descanso estuvo muy cerca de empatar. En el tiempo añadido, Ali Al Hamadi ganó en velocidad a los defensores noruegos, pero cuando se disponía a rematar apareció un cierre providencial para enviar el balón al tiro de esquina. En la jugada siguiente, Akam Hashem sacó una espectacular media vuelta que pasó rozando el poste y silenció por un instante a los aficionados nórdicos.
La segunda mitad mantuvo la intensidad. Irak apostó por el juego aéreo y los centros al área como principal recurso ofensivo. Aymen Hussein tuvo una de las ocasiones más claras al conectar de cabeza un envío desde la banda, aunque la pelota se marchó muy cerca del segundo palo. Los asiáticos insistieron y obligaron a Noruega a mantenerse concentrada en defensa.
Con el marcador todavía abierto, ambos entrenadores movieron sus piezas. Irak dio ingreso a Zidane Iqbal y Marko Farji para potenciar el ataque, mientras que Noruega respondió con una serie de modificaciones que incluyeron a Andreas Schjelderup, Leo Ostigard, Kristian Thorstvedt y Oscar Bobb. Los cambios terminaron inclinando la balanza a favor de los europeos.
Cuando Irak buscaba desesperadamente la igualdad, apareció la sentencia. Martin Odegaard ejecutó un tiro de esquina al primer palo y, mientras toda la defensa se enfocaba en Haaland, el recién ingresado Leo Ostigard se desmarcó para conectar un sólido cabezazo que terminó en el fondo de la red. El 3-1 significó un golpe definitivo para las aspiraciones iraquíes. Aymen Hussein metió un autogol sobre el final para el 4-1 de los nórdicos.


