A los 15 años dejó Honduras con una maleta llena de incertidumbre y un sueño que parecía estar demasiado lejos: convertirse en futbolista profesional y vestir la camiseta de la Selección Nacional. En Estados Unidos encontró nuevos desafíos, enfrentó dificultades para adaptarse, vivió momentos de frustración y conoció de cerca las puertas que se cerraban en su camino. Sin embargo, nunca dejó de creer.
Hoy, después de mucho esfuerzo, sacrificios y una historia marcada por la perseverancia, Natanael Martínez vive uno de los momentos más especiales de la carrera: su primera convocatoria a la Selección Absoluta de Honduras.
Aquel niño que miraba los partidos de la H frente al televisor, con la mano en el pecho y la ilusión de algún día estar ahí, finalmente recibió el llamado que tanto soñó.
“Eran como las nueve o diez de la mañana cuando salió la lista. Yo me estaba levantando. Me desperté y miré que estaba en el grupo de los seleccionados. Ahí no lo podía creer”, contó con el pecho inflado de orgullo el oriundo de Olanchito, Yoro.
En esta entrevista con Diario DIEZ, el futbolista de Marathón abre su corazón y recuerda los momentos difíciles, el sacrificio de su familia, la decisión de su madre de llevarlo a Estados Unidos y el camino que lo condujo hasta cumplir dos de sus grandes objetivos: jugar en Primera División y convertirse en seleccionado nacional.
-LA ENTREVISTA CON NATANAEL MARTÍNEZ-
— Cuando escuchas: "Santos Natanael Martínez Agurcia es seleccionado nacional", ¿qué se siente?
Fue un momento muy bonito, una bendición de Dios. No me lo esperaba, pero sé que había trabajado duro para poder estar ahí y, gracias a Dios, se dio el llamado.
— Natanael, desde que salió tu fichaje con Marathón y comenzaste a ser conocido por los medios de comunicación en Honduras, cada vez que te tocaba hablar decías que tu objetivo era jugar en Primera División y llegar a la Selección Nacional. ¿Tan fijo estaba ese sueño?Claro que sí. Desde que tengo memoria, cada entrenamiento y cada paso que di en mi pasado siempre fueron con la convicción de llegar a ser jugador profesional. Yo me mentalizaba en que algún día lo iba a lograr y, gracias a Dios, con mucho trabajo, mucho esfuerzo y también con el apoyo de mi familia, a quienes les debo todo, se me han venido dando las cosas.
— Cuando estás en tu casa, en la soledad, ¿qué pláticas con tu almohada?
Ahorita como que estoy en una incógnita, todavía no me lo creo, pero yo sé lo que pasé. Solo Dios, mi familia y yo sabemos lo que viví para llegar hasta aquí. Todo valió la pena: cada esfuerzo y cada entrenamiento, como te dije. Gracias a Dios por esta grata oportunidad que me ha dado.
— Se te quebró un poco la voz ahorita. ¿Qué pasó en el camino?Fueron muchos momentos duros. Llegaba a equipos y se me cerraban las puertas. Como te dije, yo siempre quise ser un jugador profesional. Se me dio la oportunidad de llegar a equipos profesionales, incluso hice mis academias y luego pasé al primer equipo, pero se me cerraron las puertas, no me fue bien y en muchos momentos pensé que no se me iba a dar. Sin embargo, seguí trabajando, seguí convencido de que algún día todo eso iba a valer la pena.
— ¿A dónde ibas?, ¿a qué equipos llegabas normalmente?
Cuando llegué a Estados Unidos, jugué para la academia de North Carolina FC, un equipo que en ese entonces estaba en la segunda división, la USL Championship. Hice academia durante tres años y medio: jugué dos años en la categoría Sub-17 y un año y medio en la Sub-19. Después pasé al primer equipo con un contrato de academia; allá se le llama un contrato amateur, digámoslo así. Estuve un año en North Carolina. No llegué a debutar y estaba como frustrado porque no se me habían dado las cosas. Al principio había llegado lesionado y sentía que mis sueños se habían acabado. Después pasé esa etapa en ese equipo, cerré ese ciclo y me enfoqué. Luego vino lo de los torneos que llaman las famosas talachas, que todos conocen, y así fue como pasé por ese equipo.
— Cuando se cerraban las puertas, ¿en algún momento dijiste: “No, tiro la taquilla, mejor me voy a hacer otra cosa”?
Fíjate que, en esos momentos, cuando teníamos la reunión con el entrenador y me decía que todavía no estaba listo, pensé que tal vez hasta ahí había llegado el sueño. Pero siempre seguí convencido, como te dije, trabajando, entrenando y dando lo mejor de mí. Así fue como logré hacer realidad mi sueño.
— ¿En quién encontrabas fuerza en esos momentos complicados?
Fíjate que no era mucho de comunicarme con mi familia o con amigos sobre ese tema. Me lo guardaba yo mismo, pero siempre confié en mí y creí en mi trabajo. En cada entrenamiento y en cada esfuerzo que hice me basaba. Mi principal enfoque era trabajar, convencido de que algún día todo eso iba a valer la pena.
— Si retrocedemos cinco años y alguien te contara que todo esto estaría pasándote, ¿lo creerías?
La verdad, no lo creería. Hace cinco años me veía todavía muy lejos, pero los tiempos de Dios son perfectos y aquí estamos.
— ¿Qué fue lo primero que te pasó por la mente cuando viste tu nombre en la lista de convocados?
Mi familia, mi mamá y mi hermana. Pensé en la alegría de ellas. Mi mamá siempre me apoyó, siempre estuvo conmigo y siempre miró por mí. Yo juego para ella y para mi familia. La felicidad de ellos para mí lo es todo. Ver mi nombre en esa lista es algo que también se lo debo a ella, porque hizo todo el esfuerzo conmigo.
— Natanael, si te digo que cierres los ojos y traigas a tu mente un momento de tu infancia que hoy te haga recordar todo lo que estás viviendo, ¿cuál sería?
La verdad, son muchas cosas, porque desde niño soñaba con ser jugador profesional y vestir la camiseta de mi selección. Desde pequeño miraba todas esas figuras, veía los partidos y celebraba cada gol. Ahora formar parte de la Selección Absoluta es cumplir el sueño de aquel niño que, desde que tiene memoria, siempre quiso vestir la camisa de la H.
— ¿Cómo te diste cuenta? ¿Viste la lista o ya sabías desde antes?
Ya me habían contactado desde antes, entonces más o menos sabía que podía salir en la lista, pero todavía no estaba cien por ciento seguro de que iba a estar ahí.
— ¿Nos podrías mostrar el mensaje? Mientras lo leías, ¿qué pasaba contigo?
Se me erizaba la piel. Era una felicidad enorme, porque yo pensaba que había una gran posibilidad de estar ahí.
— Cuando se hizo pública la lista, todo el mundo comenzó a escribirte y a llamarte. ¿Cuál fue esa llamada especial?, ¿quién fue la primera persona que más te hizo sentir algo?
La llamada de mi mamá, cuando me comuniqué con ella. Sus consejos, todo lo que ella me decía siempre, valió la pena. Como siempre me lo decía: que me encomendara a Dios y que lo demás vendría por añadidura.
— ¿Qué te dijo tu mamá en esa llamada?
Me dijo que Dios era grande porque había estado orando por eso. Como ya había visto noticias sobre la posibilidad de que yo fuera a la Selección, siempre me tuvo en sus oraciones.
— ¿Qué hacías en ese momento cuando viste que la situación ya era oficial?
Fíjate que eran como las nueve o diez de la mañana cuando salió la lista. Yo me estaba levantando. Me desperté y miré que estaba en el grupo de los seleccionados. Ahí no lo podía creer.
— Pensándolo ya un poco más en frío, ¿qué se siente saber que vas a defender el escudo de tu selección y la bandera de tu país?
Mira, la verdad, en ese momento no me lo creía. Era una felicidad enorme y se me venían tantas cosas a la mente. Como te dije, todo lo que pasé y todo lo que trabajé valió la pena. La felicidad de recibir esa noticia es algo inexplicable, algo que no sé cómo explicarte en este momento.
— ¿Cuántos mensajes te llegaron?
No tengo un número. Demasiada gente. Gracias a todas esas personas que me mandaron un mensaje de apoyo. Si no se los he respondido, se los voy a responder. Mucha gente me mostró su cariño. Un saludo para cada uno de ellos, un fuerte abrazo y gracias por siempre apoyarme. Es mucha gente conocida que sabe la persona que soy y el trabajo que he pasado. Nada más que agradecer a cada uno de ellos.
— ¿Hay algún jugador de la Selección actual que mirabas como referente, como un ejemplo, y a quien te gustaría pedirle algún consejo?
De los actuales, siempre me ha gustado Kervin Arriaga. También me gustaría aprender de los demás, conocer el recorrido que tienen, su experiencia y todo lo que han vivido. Más que todo eso.
— Aquí en Marathón ya han estado jugadores como Aguilera, Arriaga, Rougier y Henry Figueroa en la Selección Nacional. ¿Les has preguntado cómo es el ambiente o les has pedido algunos consejos?
Fíjate que ellos siempre se me acercan. Se acercaron a felicitarme y a desearme buena vibra, diciéndome que trate de hacer las cosas bien. La Selección es lo máximo para un jugador, es lo máximo que puedes alcanzar en tu carrera futbolística: vestir la camiseta de tu país. Siempre me lo recalcan, que dé todo por esa camisa. Ojalá que no sea la última vez que esté en esa lista.
— ¿Cuál fue el mensaje que te marcó más después de ese momento? ¿Cuál sentiste que se quedó más en tu mente?
Fíjate que fue algo que pasó el 1 de enero de este año. Yo salí de la iglesia y anoté en mis notas que lo iba a lograr, que iba a ser jugador profesional. Recordar ese momento y ver hasta dónde he llegado es algo muy impactante para mí. Yo declaré que esto iba a pasar en mi vida y, gracias a Dios, aquí estamos.
— ¿Te parece que es un sueño lo que estás viviendo?
Sí, es un sueño. Todo lo que me está pasando es un sueño, la verdad. Solo puedo darle gracias a Dios por cada oportunidad y por cada camino que ha abierto para mí.
— No es lo mismo cantar el himno de Honduras en la escuela, en algún evento o en una final que hacerlo ahora con la camiseta de la Selección. ¿Qué pensás?
Sí, claro. Es un sueño. Como te dije, aquel niño que miraba los partidos en la televisión siempre sentía una satisfacción enorme al escuchar ese himno.
— ¿Te ponías enfrente de la televisión?
Sí, enfrente de la televisión, con la mano cruzada. Siempre que miraba a la Selección, me daba como un escalofrío, una sensación de que algún día podía estar ahí. Entonces, estoy ansioso por que llegue ese momento.
— ¿Te imaginas debutando?
Sí, estoy muy convencido de que voy a tener la oportunidad de debutar y de que voy a hacer las cosas bien. Ojalá Dios esté conmigo. Primero, quiero hacer las cosas bien y aprovechar estar ahí.
-SU VIAJE A ESTADOS UNIDOS-
— ¿A qué edad te fuiste para Estados Unidos?
Me fui a los 15 años, a cumplir los 16 allá.
— ¿Y con qué mentalidad llegaste a un país diferente a esa edad?
Mira, la verdad, no me quería ir. Yo vivía con una tía y con mi abuela aquí en Honduras. Cuando mi mamá me dijo que me quería llevar para allá, al principio no quería. Le decía que yo quería jugar fútbol y que aquí iba a tener la oportunidad. Pero ella me dijo que me fuera para allá, que también me podía ir bien, que me podían ver y que iba a jugar. Cuando llegué allá, el primer año me costó bastante acostumbrarme. El idioma, la escuela secundaria y todo eso fueron complicados. Me costó mucho adaptarme y hasta quería regresarme, pero gracias a Dios logré acostumbrarme e hice mi vida allá.
— Natanael, ¿qué hacías en Olanchito?
En Armenia, Olanchito, Yoro. La verdad, todos los días jugaba. Iba de la escuela a la casa y de la casa al campo. Cuando llegué al colegio, siempre estaba jugando. Toda mi vida he estado involucrado en el fútbol.
— ¿Nunca te tocó trabajar en el campo o ayudar a tus familiares?
Sí, también. Mi familia se dedica al ganado, entonces iba con mis tíos y con mi abuela. Los ayudaba porque a mí también me gustaba mucho estar ahí con ellos y trabajar.
— ¿Te levantabas a las cuatro de la mañana para ir a la montaña?
Sí, a las cuatro de la mañana. La verdad, a mí me gustaba. Cuando estaba en la escuela y ellos me llevaban, después, cuando tenía que regresar a la casa para ir a clases, no quería. Me ponía a llorar porque me quería quedar allá con ellos. Siempre me gustó estar ahí.
— ¿Te tocó ordeñar y todo eso?
Sí, sí, sí. Aprendí, aprendí. Sí, ya pasaron varios años, pero me imagino que todavía sé.
— Natanael, hablábamos bastante de tu mamá y de tu vida en Estados Unidos. ¿Y tu papá?
Mi papá vive en Olanchito. Antes de irme pasaba tiempo con él. Me llevaba a jugar a una liga federada de niños pequeños. Yo iba a jugar ahí y estuve aproximadamente un año antes de irme para Estados Unidos.
— ¿Y dejar a tu papá fue complicado? ¿Él podía viajar?
Sí, fue complicado, pero él podía viajar. Iba a Estados Unidos y también me visitaba allá.
— ¿Qué fue lo más duro del camino? Porque se habla mucho de que ese camino hacia Estados Unidos es bastante complicado.
Fíjate que, gracias a Dios, tuve un buen viaje. Todo fue normal. Era más que todo algo mental: pensar que estaba dejando mi casa y a mi familia, aunque podía estar con mi mamá. Eso era lo más complicado, pero gracias a Dios todo salió bien.
— ¿No tuviste miedo?
No, nada de miedo. Íbamos tranquilos.
— ¿No te tocó subirte a ‘La Bestia’?
No, no, nada de eso.
— ¿Estando en Estados Unidos tuviste miedo alguna vez de que te deportaran o algo por el estilo?
Fíjate que cuando llegué a Estados Unidos estaba en un proceso para obtener mi residencia. En 2016, cuando uno entraba a Estados Unidos, automáticamente podía iniciar el proceso para obtener sus documentos. En este caso, yo apliqué para mi Green Card, para mi residencia. Ese era el proceso en el que estaba. Tenía abogado y todo, entonces confiaba más en eso y no tenía temor de ser deportado o algo por el estilo.
— ¿Qué piensas de este fenómeno de las deportaciones masivas y de los tratos que reciben las personas?
No, la verdad, es muy triste. Me tocó verlo porque pasaba ahí en mi ciudad. De repente iban por las personas. Es una impotencia muy grande que le pase esto a tanta gente honrada y trabajadora. Es una lástima, la verdad.
— ¿Y trabajar te tocó en Estados Unidos?
Fíjate que cuando estaba en la academia, durante las vacaciones, me iba a trabajar con mis amigos. Trabajaba unas cuantas semanas, a veces un mes, y después regresaba para la temporada. Hacía trabajos de electricidad y construcción.
— ¿Quién te enseñó?
Ahí, con mis amigos. Ellos me llevaban y me ponían a hacer algunas cosas. Me enseñaban cositas para que pudiera pasar el tiempo.
— ¿Para tus gastos?
Sí, para tener mis dólares.
— Si tuvieras que volver a pasar por esa experiencia, ¿te volverías a ir para Estados Unidos?
Sí, sin pensarlo. Ahora, después de haber vivido todo lo que viví, sin pensarlo. La mejor decisión de mi mamá, porque en ese momento fue ella quien tomó la decisión, no fui yo.
— ¿Te buscaron otros equipos además de Marathón?
Fíjate que antes de tener comunicación con Marathón sí tuve ofertas de otros equipos. No aquí en Honduras, sino allá en Estados Unidos.
— Fuera de cámara me contaron una historia. Mario Berríos ya te conocía y te había estudiado. Dicen que estaba en un juego de leyendas y le preguntó a Amado Guevara, el Lobo, qué tal te mirabas. Él le habría dicho que no era lo mismo jugar aquí en Estados Unidos que jugar profesionalmente en Honduras. Pero después, a los días, te llamaron porque te querían llevar a Motagua. ¿Sabías eso?
Sí, más que todo, escuché algo así, pero no le presté mucha atención porque sentía que era algo que no iba a pasar. Nadie formalmente se acercó a mí. Como estaba hablando directamente con Mario Berríos, dejé eso a un lado y no le puse mucha importancia. Pero sí llegué a escuchar algo así.
— ¿Qué equipos te buscaban?
Equipos de la USL en Estados Unidos.
— ¿Eso fue cuando ya tenías la Green Card?
Sí, cuando ya me había llegado la Green Card. Me había llegado una semana antes de que me llamara Mario Berríos, cuando él se dio cuenta de que yo ya tenía la residencia.
— Hoy eres el único representante del equipo verdolaga en la Bicolor. ¿Cuánta responsabilidad sentís que recae sobre vos?
Sí, cuando llegué acá, en ese momento me acerqué a hablar con Aguilera, que había sido el último convocado. Fíjate que estoy tranquilo, solo espero hacer las cosas bien y representar a mi equipo de la mejor manera.
— ¿Abrir puertas?
Abrir puertas, sí, porque hay grandes jugadores y muchos que también podrían estar ahí fácilmente. Esta vez me tocó a mí y solo espero hacer las cosas bien.
— ¿Cuánto has sentito (sentido) la transición entre jugar allá en Estados Unidos los fines de semana, en los torneos de las talachas, y pasar ahora a jugar profesionalmente? —
Fíjate que he tenido la dicha de adaptarme rápido al equipo y empezar a jugar. La verdad, me acostumbré y me adapté rápido porque cuando llegué acá comenzamos la pretemporada y al día siguiente ya estaba entrenando con el equipo. Fue rápida la adaptación. Teníamos dos torneos, como decís, empezamos a jugar y así fuimos avanzando poco a poco.
— ¿Y qué extrañas de todo lo que dejaste allá?
Más que todo, a mi familia. Mi familia es lo que más extraño.
— ¿La presión entre jugar en Marathón y jugar a nivel profesional qué tal?
No, la verdad, es una presión muy grande. Hay una diferencia abismal, muy grande, pero a la vez es linda, porque representás un escudo tan grande como el de Marathón y también a esa linda afición que tiene el equipo.
— Cuando te criticaban sin siquiera conocerte, ¿qué decías?
La verdad, no les ponía atención a los malos comentarios. Yo solo me dedicaba a trabajar y a hacer las cosas bien. No prestaba atención a lo que la gente dice, porque eso no suma absolutamente nada. Como te digo, solamente estaba enfocado en tratar de hacer las cosas bien y trabajar para el equipo. Ojalá algún día podamos ser campeones con este equipo.