No había tocado el balón Folarin Balogun, ‘indultado’ de la sanción, titular en Estados Unidos y protagonista en las últimas horas, cuando Charles de Keteleare adelantó a Bélgica a los ocho minutos, en su mejor partido del Mundial 2026 con diferencia para reafirmarse con una victoria por 1-4.
En una rebelión absoluta contra sus complejos, las circunstancias y la decisión de la FIFA, Bélgica dominó el marcador y el partido casi siempre. El segundo tanto también fue de De Keteleare, justo apenas dos minutos después del 1-1 de Estados Unidos a la media hora del encuentro.
Un empate fugaz que también reafirmó la reacción de Bélgica, capaz de reponerse al contratiempo con una autoridad inexistente en sus días precedentes.
El tercero fue un regalo del portero Matt Freese, aprovechado por Hans Vanaken, cuando podía surgir cualquier inquietud a Bélgica, porque Estados Unidos había crecido. Pero fue el principio del fin.
Instantes después, lesionado, se fue Christian Pulisic. Ya en el minuto 93, Lukaku anotó el 1-4. Ya lleva 93 con Bélgica. Se lo dedicó a Amadou Onana, lesionado en su rodilla derecha en el minuto 20.
Aprendida la lección del duelo de dieciseisavos, Bélgica derrochó ambición desde el primer segundo del partido. Ya era hora. Víctima de su propia especulación, también de su falta de gol, su tránsito por los cuatro partidos anteriores del Mundial había sido más que dudosa, incluso inconcebible en otro tiempo, más aún: al borde de la eliminación.
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Ni Kevin de Bruyne ni Jeremy Doku en el once. Sus dos mejores jugadores sobre el papel, fueron de un encuentro de tanta dimensión. A todo o nada. Rudi García apostó por la remontada ante Senegal. Por Lukebakio o por Raskin, crucial en el 0-1 tan rápido, tanto o más que la inoperancia defensiva estadounidense o el miedo de Sergiño Dest a la pugna.
El gol lo marcó De Keteleare, un delantero bajo la inquietud de no haber marcado ningún tanto hasta ahora en este Mundial cuando Romelu Lukaku, el máximo goleador de todos los tiempos de los ‘Diablos Rojos’, ya había hecho dos y provocado otro. La confianza de Rudi García dio más recorrido al atacante de 25 años del Atalanta, que sí hizo méritos.
La clave, en cualquier caso, fue la presión. Bélgica salió más allá de donde acostumbra, se convenció a sí misma que con partidos similares a los anteriores no iba a ningún lado y lo entendió Rudi García, quizá influenciado por opiniones tan contrastadas como Axel Witsel, sin un solo minuto en el Mundial hasta los instantes finales de este partido, pero fundamental en todo el funcionamiento.
Estados Unidos no se enteró de nada del comienzo del partido. Ni siquiera más allá. Si hay alguna explicación extradeportiva, por ser el foco de todas las miradas en las últimas horas, por la supuesta influencia y la llamada confirmada de Donald Trump a Gianni Infantino por la sanción a Balogun, por el estrés o por lo que sea ya lo dirán los protagonistas, aunque todo pareció que fue una cuestión de fútbol. Fue sobrepasado.
La pérdida de Onana, por una lesión en la rodilla derecha que al menos tiene pinta de esguince, si no es algo más, admitió un sobresalto razonable y una pregunta inmediata acerca de qué pasaría en Bélgica sin su potente físico y despliegue. No hubo efecto realmente.
La preocupación fue, sin embargo, con un gol fortuito. Malik Tillman lanzó una falta directa que se había cometido sobre el jugador de toda la polémica, Balogun. Thibaut Courtois se movió para atraparla, pero el rebote en la cabeza de Hans Vanaken, el recambio de Onana, transformó el disparo en una parábola endiablada inalcanzable para el portero.
Era el minuto 30 y 30 segundos. En el 32:29, Bélgica retomó la ventaja. Su cambio es radical. Una reacción rotunda, con un centro de Leandro Trossard, superior en cada desborde a sus marcadores, y un testarazo de Charles de Keteleare que fue con toda la convicción y la fuerza que le faltó al experimentado Tim Ream, el capitán norteamericano.
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El enfado era tremendo de Pochettino. Su derechazo, como cuando era futbolista, a las botellas de agua en el banquillo delató cómo era el encuentro para Estados Unidos. Al descanso, dejó en el banquillo a Dest para dar entrada a Reyna. La primera determinación. Antes, al borde del descanso, Balogun tuvo su única oportunidad.
El impulso de Estados Unidos a la vuelta del vestuario, nada del otro mundo en ocasiones, se quedó en nada bien pronto. El fallo de Matt Freese, cuando se adelantó a un balón en largo, controló con el pecho, no despejó, perdió el balón ante De Keteleare y entregó la pelota a Hans Vanaken, que, como un certero golpe de golf, embocó el 1-3.
Era aún el minuto 56. La sentencia de la victoria, a la que aún añadió el 1-4 Romelu Lukaku. La demostración de la reactivación belga, que ahora desafía a España.
